lunes, 11 de junio de 2018

Capítulo 4 - Trauma: La sombra del pasado, parte 1

Capítulo 4 - Trauma: La sombra del pasado, parte 1 


**Los hechos y o personajes aquí relatados son de ficción, cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia** 


Estaba en una especie de trance, caminando lentamente (deseaba escapar lo más lejos posible, corriendo, pero no podía, sentía que las piernas me pesaban, temblaban, apenas conseguía caminar) por las cálidas y casi desiertas calles del barrio, algunos niños jugaban en algunas cuadras, posiblemente todos estarían viendo el súper clásico que aún no llegaba a su fin. Estaba anocheciendo, los mosquitos estaban apareciendo y "picando" a todo ser vivo que no esté resguardado o con algún tipo de protección, yo era presa fácil, mi torso superior, así como mis brazos y piernas estaban descubiertas, por ende estos insectos hacían de mi cuerpo un festín, no tenía reacción, no sentía nada, ninguna molestia, ningún picazón, ningún dolor físico, sin embargo, por dentro, el dolor quebraba mi alma, todo mi ser sufría en silencio, quería gritar, pero tampoco podía, hacía años que no me había sentía así, no desde que Matías me dejó, era imposible no recordarlo, las sensaciones que provocó su partida eran similares a las que sentía en este momento. 
Sentía que hice añicos (destrozar) varios años de amistad y compañerismo, era un completo idiota, ni siquiera podía comprender lo que había pasado, lo que había hecho, eso… ¿por qué? ¿Hay algo mal en mí?, pensé.

Fueron las 7 cuadras más agónicas (aflicción extrema) de mi vida, recordando todos esos años junto a mi amigo Ariel, las circunstancias que llevaron a conocernos, nuestros inicios, nuestros grandes momentos, nuestros juegos, las travesuras, nuestras pasiones, todo lo que habíamos vivido juntos, todo, mientras mis ojos no podían contener las lágrimas de tristeza.

  Matías y yo nos llevábamos con dos años de diferencia, éramos hermanos, inseparables, como uña y mugre, siempre pegados, juntos, nos llevábamos muy bien, solo éramos él y yo, jugábamos todo el tiempo, nos entendíamos tan bien que no hacían falta palabras, un gesto, una mirada y ya sabíamos lo que el otro quería. Yo, al ser el mayor siempre estaba pendiente de él, cuidándolo, viendo que nada le falte. Al despertar cada mañana, lo primero que hacía era mirar hacia la cama contigua, veía en silencio como dormía mi hermanito, me encantaba verlo así, parecía un ángel, y adoraba sus posturas al dormir, era muy estriónico, y tras algunos minutos ya no podía resistir más, entonces rápidamente iba y me tiraba en su cama, arriba suyo, despertándolo por sorpresa, y poco a poco Matías se iba despertando, iniciando nuestros juegos ya desde temprano… A veces, cuando Matías se despertaba de madrugada, él pasaba a mi cama, conmigo, yo al darme cuenta de su presencia lo abrazaba, me fascinaba que se metiera en mi cama a mitad de la noche, era tan cálido, y así seguíamos durmiendo, completando las horas de sueño que faltaban. 

En julio del 2004 (hace 6 años) cuando yo tan solo tenía 12 años, Matías fallece en un trágico accidente, sumiéndome en una profunda crisis con ciclos de internaciones médicas producto del trauma vivido. Casi un año después de este suceso, ya casi no tenía ningún episodio crítico, sin embargo, aún seguía inmerso en una depresión de la cual no podía salir, no podía superar, ni aceptar que mi hermanito ya no se encontraba entre nosotros, me sentía culpable, culpa que me atormentaba día y noche.



La psicóloga, tras varios meses de terapia familiar recomendó mudarnos, cambiar de aires, esto ayudaría y aceleraría mi proceso de aceptación y recuperación de la tragedia, y además, la posterior sanación del trauma. Como opción, esta parecía la mejor, era una decisión difícil, mis padres ya no tenían alternativas, puesto que ninguna de las terapias ni medicamentos mejoraban mi situación, incluso parecía que lo empeoraban, y como efecto secundario apareció la ansiedad, el cual canalizaba comiendo. Al tiempo tenía más de 25 kilogramos por encima de mi peso normal/ideal (41 kg) aumentando semana tras semana.
Soñaba con Matías casi todas las noche, me despertaba gritando y llorando angustiado. Durante el día también veía a mi hermano en todas partes, ya no sabía que era real y que no, me estaba volviendo loco, cada día era más retraído y reservado (introvertido), me aislaba de todos, mi único refugio era Manchas, un perro (cruza/mezcla con raza Beagle) que le había regalado su madrina a Matías en su niñez y él lo nombró Manchas. Dado mi sobrepeso, mi reciente carácter introvertido y mi constante inexpresividad, comencé a sufrir bullying en mi escuela (acoso físico y/o psicológico), la vida me parecía cruel e injusta, ya solo llenaba mis días con comida. 

A raíz de experimentar la muerte en primera persona, desarrollé una obsesión, fobia hacia la muerte o estados relacionados, no podía ver sangre, gente inconsciente, desvanecida o muerta porque me angustiaba de sobre manera, me paralizaba y/o entraba en un estado de paranoia irracional aislándome de todos, evitando cualquier contacto humano.

Finalmente y como consecuencia directa del abrupto fallecimiento de Matías nos mudamos en Abril del 2005 a El Trébol, Santa Fe, Argentina, instalándonos en esa nueva provincia (estado/departamento) sin saber que nos depararía el futuro. Mis padres hacían malabares sorteando las dificultades, sobre todo las primordiales: a) mi estado psicológico, físico y la adaptación a mi nuevo hogar (barrio, escuela, amigos), b) situación económicos (mi padre no tenía trabajo, tenían algunos ahorros más lo que le quedó de la venta de nuestra anterior vivienda y la compra de esta nueva casa, pero sin un trabajo fijo y estable no duraríamos mucho), entre otras.

En ese entonces mi hermana Karina tenía 1 año de edad, por lo que mi madre estaba más abocada (pendiente) a ella y en la mudanza, o así lo vivía yo, lo experimentaba de esa forma. Esto me hacía sentir marginado, no deseado, no querido, culpable por no haber podido cuidar bien de Matías. Mis padres, en especial mi madre había hablado conmigo de todas las maneras posibles, apoyándome, dándome ánimos, cariños, pero todo era en vano, para mí todo era una farsa, como podrían perdonarme luego de haber matado… Ya no me importaba nada, había perdido a mi único amigo, no tenía interés en hacer otros, mientras menos interacción social tuviera mejor, comenzaba a llevar una vida monótona y aburrida. A los días de mudarnos comencé la escuela secundaria.

Ese primer día de escuela, mientras la maestra de turno junto con la directora del establecimiento me presentaban ante los alumnos del salón diciéndoles que me dieran una cálida bienvenida, yo todo el tiempo estuve con la cabeza mirando al piso, y cuando levante la vista no pude evitar fijarme en uno de los chicos del salón, cruzamos miradas, un escalofrío recorrió mi cuerpo, sentía como mi pulso se incrementaba, mi corazón bombeaba intensamente, parecía salirse de mi pecho. Este compañero tenía algo que me hacía recuerdo a mi difunto hermano, el parecido físico no era tanto, era algo más allá de eso, algo trascendental, al mirarlo a los ojos y ver su mirada penetrante y a la vez cálida me recordó a Matías, vi en él su esencia, su luz, el mismo corazón y alma libre y puro. Su nombre era Ariel, 14 años, carismático, alegre, amigable, súper extrovertido, amante del deporte, con una gran y cálida sonrisa y un aura especial, todos querían ser su amigo, irradiaba y contagiaba felicidad a todo el que lo rodeaba. Yo un poco confundido por esta situación me aislé en el fondo del salón evitando cualquier acercamiento o interacción con mis nuevos compañeros, en especial con Ariel, ya que este por alguna razón me intimidaba, hasta me provocaba temor.

Con el correr de los días era inevitable, y a su vez más frecuente el hecho de levantar la cabeza y mirar a Ariel, incluso en muchas oportunidades éste se daba vuelta hacia atrás en el momento indicado para poder verme, cruzando miradas, como si supiera el momento preciso en el cual lo estoy observando, incluso me ha regalado varias veces una sonrisa mientras conectábamos visualmente, pero yo todas las veces bajaba la cabeza ignorándolo. Inconscientemente comencé a prestarle más atención, a su personalidad, como se desenvolvía con los demás, su carisma, por primera vez luego de mucho tiempo quería sociabilizar con alguien, con él, hablarle, sin embargo guardé distancia y callé.

Días más tarde, por cosas del azar o del destino, como si una fuerza tratara de unirnos, me toco hacer grupo de estudio con Ariel. Para dicha tarea era necesario que nos juntáramos después de las horas de clases, por lo que Ariel comenzó a ir a mi casa y con ello poco a poco se fue adentrando en mi vida, mi familia, conociendo un poco más de mí y de mi pasado.
Sentía cierta afinidad hacia Ariel, sin embargo aún no podía abrirme a éste, me resguardaba en mi coraza, interactuando con él lo menos posible, incluso de a momentos me costaba mirarlo, tenerlo cerca, había culpa en mi corazón. Ariel me tenía paciencia, mucha, parecía querer ayudarme (sobre todo luego de adentrarse un poco más en mi historia), hasta que un día, ya no supo más que hacer o como tratarme… 

- ¡No puedo más! (soltó Ariel con un suspiro de resignación) por más que lo intente nunca podré…

Ariel suspira nuevamente cortando su discurso mientras intenta conectar su mirada con la mía, pero es inútil, entonces da un golpe de puño sobre la mesa haciendo saltar levemente los libros y cuadernos, y a su vez me hace vibrar e inmediatamente me contraigo de hombros y bajo la mirada, mientras Ariel levantando la voz dice.

- ¡MÍRAME! (me grita Ariel, luego continua con su tono normal de voz) por favor…

En ese instante Ariel pone su mano sobre la mía, la cual se encontraba sobre la mesa y la aprieta levemente. Yo en vez de verlo a la cara miro nuestras manos.

- Sabes Santi, por alguna razón desde que te vi me caíste bien, había algo especial en vos, algo que ahora se está apagando, quería ser tu amigo pero no me dejas serlo… siento que te quiero, que te conozco de antes y no sé por qué, incluso creo que te soñé antes de conocerte… verte mal, me hace mal…

Enconches suelta mi mano y se levanta de la mesa guardando con sus cosas en la mochila sin muchas ganas y con tristeza mientras me observaba tratando de encontrar una reacción en mí, sin embargo yo seguía inmóvil.

- Me gusta estar contigo, pero me gustaría que estemos bien (decía Ariel mientras guardaba su ultimo cuaderno) pero si no luchas, si no pones un poco de esfuerzo y voluntad nunca podrás superar nada, ya no sé qué hacer, dime como ayudarte (mientras por sus mejillas rodaban unas gotas).

Hubo unos segundos de silencio, éste era tal que se podía oír claramente el movimiento de las manecillas (agujas) del reloj que estaba a unos metros sobre la pared, entonces Ariel prosiguió.

- Adiós Santiago… (Dice Ariel resignado cerrando el cierre de su mochila) ya no volveré.

Me sentía extraño, mi cuerpo comenzó a temblar, como si este estuviera tratando de decirme algo, cerré fuerte los puños y los ojos tratando de contener así los temblores, pero era inútil, estos no dejaban de sucumbir todo mi ser, entonces aflojo los puños y los ojos abriéndolos lentamente mientras levantaba la cabeza viendo primero mis manos, luego la mesa, la mochila y la parte inferior del cuerpo de Ariel subiendo lentamente hasta llegar a su rostro… me levanto del asiento bruscamente mirándolo atónito, no podía entender lo que mis ojos veían, de repente mis ojos expulsaron lagrimas ¿lágrimas de tristeza? o … 


- ¡Matías!... (exclamo desconcertado).


Continuará…
(Capítulo 5 - Amigo: La sombra del pasado, parte 2)

lunes, 21 de mayo de 2018

Capítulo 3 – Instintos carnales: Aquel día, parte 3

Capítulo 3 – Instintos carnales: Aquel día, parte 3

**Los hechos y o personajes aquí relatados son de ficción, cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia**


- ¡Santi!... ¿estás bien? (escucho que me pregunta Ariel)

Asentí con la cabeza algo desorientado.
- Te decía que ya comenzó el partido, ¿estás bien?, ¿me escuchaste? (me decía mi amigo algo preocupado).
- Sentí un tirón en la rodilla (dije rápidamente) no quería levantarme de golpe pero ya estoy bien (le inventé con una sonrisa en la cara mientras me levantaba y le extendía mi mano para ayudarlo a levantarse)

Ariel me agarró de la muñeca y se levantó directo al sofá, mirando el televisor agarró dos latas de cerveza de la mesa y me alcanza una de las latas diciéndome.

- Toma (poniéndola en mi mano) guarda el resto en el congelador (dice sin despegar los ojos del televisor).

Fui a guardar las cuatros cervezas restantes, me saque la remera porque Ariel con su traspiración me la había mojado, la colgué en el respaldo de una silla y luego me senté en el sofá a su lado, él estaba inmerso en la pantalla, apenas me miró cuando pase entre medio de él y el televisor. Comencé a mirar el partido, pero en realidad no estaba viendo nada, pensaba "que me está pasando, otra vez este sentimiento" miré nuevamente a Ariel "que significa esto" pensé, de pronto siento algo en la pierna, él me agarraba y apretaba la pierna conforme la jugada se desarrollaba.

- vamos si si, dale que estas sólo (decía Ariel eufórico al televisor).

En eso creo sentir una descarga eléctrica dentro de mí, en mi centro y se extiende cubriéndome todo el cuerpo, él me tenía agarrado con firmeza, parecía no sentir lo mismo que yo sentía, mi cabeza nuevamente empieza a dar vueltas, sentía que todo a mi alrededor giraba fuera de control, mi respiración se aceleraba a cada instante, mi pulso subía salvajemente, de nuevo ese calor que me impide razonar con claridad. De pronto escucho un "gol" de parte de Ariel, me suelta la pierna y se levanta para festejar, me mira como diciéndome “dale levantate, festejemos”, inconscientemente me levante, nos abrazamos y comenzamos a saltar de euforia.


En medio de nuestro festejo (saltos) lo tomé por la cabeza (de la nuca) e hice chocar entre si nuestras frentes mientras seguíamos saltando y gritando desaforadamente "GOOOOOOLLL", mi otra mano lo tenía en su espalda baja, agarrándolo, aprisionándolo contra mí, Ariel me rodeaba con sus brazos y con sus manos me sujetaban por la espalda, entonces también con una de sus manos me agarra de la cabeza. No se cómo ni por qué, esa situación reavivo mi deseo, sin pensarlo y en un movimiento rápido retiro mi mano de su cintura y me aferro (le agarro) a su miembro por sobre su pantalón, mi amigo automáticamente da un pequeño salto para atrás deteniendo los saltos de festejo, libera sus manos de mí, desesperado me agarra de la muñeca con fuerza tratando de separar mi mano de su miembro con firmeza y suavidad. Con su otra mano trata de separarnos empujándome del pecho, pero es inútil, lo tenía bien agarrado de la cabeza y del miembro.


Al tenerlo agarrado de la cabeza, lo tenía cara a cara, viéndolo a los ojos (ojos que denotaban confusión). Sus labios estaban tan cerca de los míos, en un impulso, aplicando un poco más de fuerza en su cabeza, lo besé. Apenas pude apoyar mis labios contra los suyos porque al instante Ariel con su mano me agarra de la barbilla (mentón) y cachetes empujando y logrando separar nuestros labios. Aun así, lo tenía muy cerca, no lo soltaba ni de la cabeza ni de su miembro, estaba realmente fuera de mí.


Lo estaba "atacando" por ambos frentes (pene y boca), su rostro y mirada ahora reflejaban enojo, temor, pero eso no me importó, yo seguía intentando besarle mientras él se resistía; Lo que oía realmente me impedía pensar con claridad, oía los quejidos y gemidos de mi amigo producto de la fuerza que estaba haciendo evitando que lo bese, también podía sentir su respiración agitada. Note que mi mano con la cual le agarraba el miembro estaba libre, aproveché y metí mano dentro de su short agarrándole su miembro, por primera vez tocaba un pene, estaba flácido, sin embargo eso se sentía muy bien. Rápidamente Ariel vuelve a agarrarme de la muñeca intentando liberar su pene de mi mano; Volvimos a chocar frente con frente, lo tenía agarrado de su nuca aún, pero ya no le ejercía mucha fuerza ahí, más bien ahora mi atención estaba en la otra mano, en la que tenía el pene de mi amigo, empecé a comprimir y aflojar mi puño, con esta maniobra parecía que su pene comenzaba a cobrar vida, con cada movimiento crecía y crecía más, sentía con mis manos su calor, su dureza, sus venas marcando todo ese pedazo de carne, la sensación era indescriptible, mi amigo aun intentaba liberarse de mí.


Ariel no se rendía, quería liberarse, su miembro ya estaba completamente duro en mi mano y sin soltar su pene comencé a subir y bajar mi mano (movimientos de masturbación) con un poco de dificultad, enseguida noto que deja de hacer presión en mi mano, lo cual indicaba que o bien se rindió (dejará de resistirse y terminar con esto lo antes posible) o bien se entregó al placer (placer que está recibiendo por mi mano). No importaba cual era la razón, yo aproveché y empecé a masturbar libremente a mi amigo, podía sentir como su agitación y respiración se aceleraban aún más, pude oír los primeros gemidos de placer, me estaba excitando mucho con toda esta situación, deseaba masturbarme y besarlo apasionadamente. Estaba claro que Ariel ya no podría resistirse a nada, entonces con la mano que aún lo tenía sujeto de la cabeza lo guíe hacia mí, hacia mi boca, todo mientras seguía masturbándolo intensamente; Sin embargo, Ariel desvió la trayectoria de sus labios, no quiso besarme, terminó apoyando su cabeza en mi hombro, lo dejé ahí, total tenía otra cosa entre manos.


Lo masturbaba cada vez más fuerte y rápido, mientras que con la otra mano le acariciaba y masajeaba su nuca, cabeza y cabello, también le lamía y mordía la oreja, él no dejaba de gemir y tener espasmos en todo el cuerpo. Con la mano que segundos antes impedía que lo masturbe se agarra de mi antebrazo, ya que el placer era tanto que le costaba mantenerse en pie. Yo seguí cascándole (masturbar) el pene de mi amigo, sentía que su orgasmo estaba cada vez más cerca, a cada segundo me abrazaba con más intensidad, sus espasmos y contracciones musculares eran cada vez más intensas, al igual que sus gemidos. Entonces Ariel deja escapar un poderoso gemido el cual ahoga en mi hombro mientras me aprieta con fuerza el brazo donde se sostenía, siento como empieza a palpitar su pene y rápidamente una gran cantidad de semen sale de su miembro, en ese preciso momento me muerde el hombro con el fin de acallar su orgasmo, su placer, su poderoso gemido, gruñido.


Toda esa combinación de estímulos, sus espasmos, su agitación y respiración por mi cuello, sus fuertes abrazos, su gran gemido de placer, el semen caliente que se escurría entre mis dedos, la mordida que me dio en el hombro, todas esas cosas hicieron que al mismo tiempo que él tenía su orgasmo yo también tuviera uno dentro de mi pantalón, en el bóxer, sin siquiera tocarme o estimularme, fue un orgasmo con eyaculación espontanea, un placer indescriptible, único, nunca antes sentido, el cual hizo vibrar todo mi cuerpo llenándome de felicidad, un momento único, como si el tiempo y el espacio se hubieran detenido por un momento.

Lentamente fui bajando el ritmo de mis movimientos de muñeca sobre su miembro hasta detenerme por completo, estábamos extasiados. Ariel permaneció en mi hombro unos instantes, mientras recuperaba el aliento y calmaba su agitación producto del orgasmo. Me suelta del brazo, guarda su miembro (ya había bajado su erección) dentro del short quitando mi mano de ella y se incorpora levantando su cabeza.


Por un segundo no supe dónde estaba ni que había pasado, la cabeza me daba vueltas, estaba perdido, como si estuviera saliendo de un trance, todo era confuso… Finalmente logre enfocar... Miré el rostro de Ariel, tenía una expresión que jamás la había visto, tenía los ojos llorosos, su mirada reflejaba una mezcla de tristeza y decepción, estaba un poco agitado, sentía mi mano húmedo y pegajoso “que es esto” pensé mientras movía los dedos sin dejar de mirar el perturbado rostro de mi amigo “¿por qué estas así?” pensé para mis adentros nuevamente, lo último que recordaba era que estaba en el baño y luego fui a esperarlo al sofá.

- ¿Qué te…? (me detuve de pronto abriendo muy grande los ojos)

Sentí como si me hubiera caído a un rio helado y el mundo se me venía encima, caí en la realidad, en lo que había pasado, lo que había hecho, no sabía cómo ni por qué había hecho eso... miré a Ariel con vergüenza, con miedo, mientras de mis ojos escurría una lagrima, no sabía qué hacer ni que decir, estaba bloqueado, la situación me había superado. Ariel parecía confundido y un poco alterado, da unos pasos hacia atrás mirándome fijamente, se da vuelta y camina lentamente hasta la puerta de su habitación, se detiene apoyando una mano en el marco, yo intentaba decir algo, pero no podía modular palabra alguna, aun no podía creer lo ocurrido, entonces levanté mi mano y veo que efectivamente esta mojada, aún tenía restos del semen de mi amigo, me asusté... Ariel siempre fue el típico macho alfa, fuerte, de carácter imponente, querido y respetado por todos, las mujeres lo amaban, los hombres lo admiraban, el estereotipo de macho perfecto. De pronto escucho.

- vete... (Dijo Ariel casi sin voz ni fuerzas)

- Ariel por favor… (Tras unos segundos de silencio y un poco alterado dije) no sé lo que...
- que te vayas, que no entiendes maldita seas (me interrumpe levantando la voz y golpeando con su puño el marco de la puerta, se da la vuelta mirándome a los ojos con bronca).

Se me escapó otra lágrima, agaché la cabeza, no podía mirarlo a los ojos, me inundó la tristeza, no me salía palabra alguna, estuve así mirando el piso apenas unos segundos, pero se sintieron eternos.

- ¡yaaaa! (grita Ariel desesperado) ¡fuera!, ¡lárgate de mi casa antes de que te rompa la cara! (vuelve a gritar muy irritado)

Ni siquiera terminó de decirme eso que ya lo veía venir a golpearme, pero no, me tomó del brazo y me llevó bruscamente a la puerta de entrada/salida, la abrió de golpe y con fuerza me arrojó afuera. Fue tanta la bronca con la que me lanzó que por poco caigo sobre las plantas de su madre, entonces escuché cerrarse la puerta bruscamente detrás de mí. Me acerqué a la puerta, puse mi mano derecha sobre ella, luego la cabeza (la frente) y con lágrimas cayendo de mis ojos dije en voz baja "lo siento mucho".


Permanecí allí unos momentos hasta que escuché un grito enfurecido de Ariel en conjunto con cristales rompiéndose (quebrándose), quise golpear la puerta y preguntar si todo andaba bien, pero no me animé, era claro que nada estaba bien, sentía que más allá de lo material que pudo haber roto Ariel, yo había roto algo mucho más importante, su amistad, su confianza, todo... todo por culpa mía, ¿Por un momento de calentura? una vez más, acababa de asesinar a otro hermano, me sentía fatal.


Tras varios minutos de permanecer allí, llorando en silencio y sin nada más que poder hacer, emprendí el regreso a casa, triste, sin remera y con una marca en mi hombro que no desaparecería nunca.



Continuará...


(Capítulo 4 – La sombra del pasado)

miércoles, 2 de mayo de 2018

Capítulo 2 – Deseo: Aquel día, parte 2

Capítulo 2 – Deseo: Aquel día, parte 2


**Los hechos y o personajes aquí relatados son de ficción, cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia**


Conocí a Ariel luego de mudarme a este barrio con toda mi familia tras una pérdida familiar (lo cual me traía mal), ingresé a 1er año de secundaria casi un mes después del inicio del ciclo lectivo. Rápidamente Ariel se acercó a mí y me insertó en su grupo de amigos (él 14 y yo 13 años) desde ese momento mi corta vida empezó a cambiar, nos hicimos amigos, mejores amigos, inseparables, hemos hecho muchas locuras juntos, nos contábamos todo, compartíamos todo, existía una gran confianza entre nosotros, éramos como hermanos (él supo llenar el vacío que había en mi interior luego del fallecimiento de mi hermano menor, convirtiéndose así, en mi hermano de corazón). Afortunadamente nuestras familias también se hicieron amigas, lo cual favoreció el contacto permanente entre nosotros.

Teníamos todo listo para que comience el partido, las papas en la mesa ratona, las latas en el congelador para que estén bien frías, en el televisor estaban presentando a los equipos y nosotros especulábamos los posibles resultados del súper-clásico que veríamos en unos minutos.



El partido ya había comenzado, tenía sus momentos de tensión, el juego era muy parejo, la victoria podría ser para cualquiera (consumíamos las papas y la cerveza por ansiedad), cada tanto Ariel se fijaba y respondía los mensajes que le llegaban a su celular. A mitad del primer tiempo le hacen un gol a nuestro equipo, puteamos decepcionados. Casi al final del primer tiempo (tiempo extra) logramos empatar, contentos nosotros gritábamos de alegría, nos abrazamos y empezamos a saltar estando abrazados, por la euforia del momento no quería soltarlo, deseaba seguir sintiendo la exquisita fragancia de su perfume. Terminó el festejo, nos soltamos, me quede mirándolo por un segundo, me sentía feliz, pleno (“que es esto, será por el perfume” pensé), negué con la cabeza y volví a mirar el juego, agarré la lata de cerveza descubriendo con sorpresa que estaba vacía, mire más atento a la mesa y vi que las 6 latas estaban todas vacías mientras en el televisor sonaba el silbato del fin del primer término.

- Terminó (le decía a Ariel mientras movía para un lado y para el otro la vacía lata) ¿qué otra cosa tenes para tomar? (le pregunté).
- Ahora me fijo (respondió mientas iba a la cocina y desde ahí lo oigo gritar) Santi, no hay nada frío, tampoco quedó hielo para preparar algo. Vamos a comprar (me dice Ariel volviendo a la sala de estar muy animado) hacemos un pique (correr/carreras) y en 5 estamos de regreso ¿dale? (poniendo su mejor sonrisa).
- Aún no puedo correr ¿recuerdas? la lesión en la rodilla (respondiéndome mi propia pregunta).
- En el último control me dijeron caminar sí, correr aún no.
- Bueno, voy a comprar ¿queres algo en particular Santi? (me pregunta Ariel mientras agarraba su billetera y se dirigía a la puerta)
- Deja boludo, quédate, ponemos una botella de agua en el refrigerador y listo (le digo resignado, sin embargo él no hizo caso y abrió la puerta) deja Ariel (le grite pero éste ya se había ido, lo vi corriendo a toda prisa a través de la ventana).

Me fui al baño a lavarme la cara, tenía los cachetes algo colorados ¿por las cervezas que tomé? Me quedé ahí unos segundos, apoyando las manos en el lavamanos y mirando mi reflejo en el espejo, "es la cerveza" le dije al tipo del espejo recordando la situación de hace un momento donde por un instante mire a Ariel tiernamente; Me lave nuevamente la cara y fui a recostarme al sofá, miraba el techo en silencio, esperando, deseando que regrese Ariel ya que me sentía solo sin él.

Escuché un ruido y automáticamente abrí los ojos exaltado (me había quedado dormido) en eso lo veo a Ariel, en el aire, volando, flotando por encima de mi… entonces lo veo caer, no tuve tiempo a reaccionar, Ariel cae con todo su cuerpo arriba mío.

- ¡Oh…! ¿Qué haces? salí (le digo tratando de sacarlo inútilmente de encima mío).
- Ah... qué alivio… (Dice mi amigo suspirando) déjame descansar un poco, me agoté yendo y viniendo corriendo.
- Bueno, pero sal de arriba mío… aparte estas todo transpirado, todo mojado (le dije mientras le daba palmaditas con mis manos en su espalda pegajosa producto de la transpiración).
- Pero estoy tan cómodo (rezongó).

 Ariel tenía la cabeza y cachete apoyados sobre mi pecho y parte de mi cuello, no respondí nada, simplemente lo deje estar, descansar, no me molestaba, volví a sentir su perfume, y esta vez aparte de su perfume sentí otro olor, pero no era a transpiración, era otra cosa, sin embargo me agradaba, entonces apoyé tímidamente mis manos en su espalda desnuda, mojada (no sé cuándo se sacó la remera, probablemente ya volvió sin ella del almacén), con su piel caliente, hirviendo por el ejercicio. En cuestión de segundos ese calor pasó a mi cuerpo, realmente me estaba gustando tenerlo ahí, sentirlo muy cerca, sin pensarlo levante una mano y le acaricié su cabeza, su cabello unos instantes mientras él seguía descansando, recostado encima mío, entonces levanta la cabeza y mirándome a la cara me pregunta.

- ¿Qué vas a hacer ahora?
- ¿Qué? (le respondo desprevenido, desconcertado y deje de acariciar su cabello).
- Si, ahora que terminamos la secundaria ¿qué vas a hacer de tu vida?
- Ah (aliviado le respondo) no lo sé aun, veré si consigo algún laburo (trabajo) por vacaciones… en lo que decido que hago con mi vida… ¿vos? (le pregunto con una ligera falta de aire debido a su peso).
- Vos sabes que mi deseo siempre fue salir de este barrio (me comenta mirando a un costado), ir a Buenos Aires y probar en algún club, siento que si me quedo no seré nadie, este lugar comienza a quedarme chica, a asfixiarme lentamente ¿vámonos juntos? (me pregunta mirándome con unos ojos brillantes, llenos de ilusión).
- Te queda chico porque (no sé por qué decidí obviar su pregunta de irnos juntos) ya estuviste con todas las chicas del barrio… necesitas expandir tu territorio… y no sé cómo Vanesa te aguanta… sos muy pesado macho… bajate (le dije con un poco de dificultad).
- Nadie puede resistirse a mi (dice Ariel muy presumido) ni a mi sensual movimiento de caderas (me cuenta en tono de chiste/broma), y Vanesa no es la excepción, a ella le encanta como le hago el amor (me dice mientras comienza con unos movimientos circulares de caderas y pelvis cobre mis muslos emulando una cogida). 


Estuvo así unos segundos, “cogiéndome”, simulando que me cogía, mientras que con su cabeza (barba –no muy tupido- afeitada hace uno o dos días y sus labios) me hacía cosquillas en mi cuello, al principio lo tomé con gracia, humor, pues estaba claro que para ambos era sólo un juego (dada la confianza y sentimientos de hermandad que teníamos) sin embargo el día de hoy estaba realmente desorientado, no podía controlar mi cuerpo e impulsos, entonces comencé a sentir algo en el pecho, una especie de cosquilleo, raro, ya que nunca antes había sentido eso, y además a cada segundo parecía extenderse por todo mi estómago. Las cosquillas que recibía en el cuello se convirtieron en sensación de placer, el rose de sus labios, barba y su respiración hacían que me estremezca y excite a la vez, no quería que se detuviera. Jamás había sentido esto con Ariel, y no era la primera vez que "jugábamos" así (siempre nos abrazamos, nos tocamos o acariciar los brazos o la cabeza, o nos dábamos un golpecito en las nalgas) aunque si era la primera vez que lo hacíamos tan intensamente. 

- Basta, me haces cosquillas (exclame excitado y algo asustado pues sentía que me pene estaba empezando a crecer, ponerse duro)
- Cosquillas (dijo Ariel agitado levantando la cabeza de mi cuello con una sonrisa pícara)

Comenzó a hacerme cosquillas con sus manos por mi abdomen y cintura, yo entre risas le suplicaba "no, para por favor..." pero no se detenía, además tenía miedo que se topara por accidente con mi erección, así que me movía tratando de sacarlo, pero no podía. Entonces recordé, Ariel es más cosquilludo (sentía más costillas) que yo, así que aproveche, y pese a que su torso seguía mojado pude hacerle cosquillas fácilmente, ambos nos reíamos sin parar, hasta el hartazgo, y en un movimiento ambos caímos al piso.

Él de espaldas al piso, con las rodillas algo flexionadas y con sus manos agarrándose de mi cintura. Yo caí encima de él, en cuclillas, con mis nalgas sobre su pelvis, con el torso levantado apoyando una de mis manos sobre su pecho desnudo y lampiño, mire el rostro de Ariel preguntándome si estaba bien (sonó fuerte el impacto de su espalda contra el piso), entonces baje la mirada a mi mano, en su pecho, sentí el fuerte y rápido palpitar de su corazón, el cual se extendía a mi mano, mi mano conducía ese palpitar a través del brazo hasta llegar a mi cabeza, a mi cerebro… en ese instante mi cabeza, mi mente, mis recuerdos me transportaron a esa noche, esa noche hace un año, esa noche en la que estábamos de vacaciones Ariel y yo, esa noche... al venir a mi ese recuerdo que había olvidado, sentí un calor intenso, como si una llamarada de fuego surgía en mi interior y se expandía hacia el exterior, pero era cálido, reconfortante, me hacía desear abrazarlo, besarlo, amarlo, veía como una gota de sudor brillante recorría sus aun colorados cachetes, me perdí en sus cálidos ojos color miel, mire sus labios con deseo, quería besarlo, quería sentir el sabor de sus dulces labios, veía como estos se movían sensualmente, entonces...
 


Continuará...

(Capítulo 3 – Instintos carnales: Aquel día, parte 3)

viernes, 20 de abril de 2018

Capítulo 1 – Preludio: Aquel día, parte 1


Por fin dejo de resistirse... continué masturbándolo cada vez más fuerte y rápido, mientras que con la otra mano le acariciaba y masajeaba su nuca y cabeza, él no dejaba de gemir y tener espasmos en todo el cuerpo. Seguí cascándole el pene, sentía que su orgasmo estaba cada vez más cerca, sus espasmos y contracciones musculares eran cada vez más intensas, al igual que sus gemidos, entonces oigo un profundo gemido…


Capítulo 1 – Preludio: Aquel día, parte 1



**Los hechos y o personajes aquí relatados son de ficción, cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia** 


Finalmente y tras varios segundos (en los cuales aproveché a tocar timbre seguidamente, uno tras otro) abriste la puerta con tu sonrisa y simpatía característica (Ariel: 19 años, 180 cm de alto, cabello corto negro, ojos intensos color miel, labios rojos perfectamente delineados, con una sonrisa y personalidad deslumbrante) tenías puesto una musculosa blanca y un short deportivo, los cuales dejaban ver tu contextura física trabajada (sin exagerar) brazos fuertes, marcados, pectorales y abdominales definidos, piernas trabajadas y definidas producto de los entrenamientos de fútbol, nos saludamos (chocando puños, seguido de un apretón de manos y sin soltarnos chocamos nuestros hombros derechos) y me dice.

- Aguanta boludo, esta mi hermano (mientras se cagaba de risa).
- Pero boludo, vos me dijiste que ibas a estar solo en casa (le expuse apenado).
- No pasa nada Santi (me dice dándome una palmadita en la espalda mientras pasaba y me sentaba en el sofá) está todo bien con Alan, me dijo que hoy entraba tarde al trabajo, aparte no pensaba que fueras a hacer esa tontería, madura ya (me dice Ariel entre risas).
- ¡Cállate estúpido...! (le digo mientras me levanto y le doy un golpe en el brazo) vos sos el que necesita madurar, si hasta hace poco andabas haciendo el ”ring raje” (tocar el timbre de algún vecino y salir corriendo) y todos corríamos por tu causa (reía mientras comentaba y recordaba esa situación).

En ese momento sale de su cuarto (habitación) Alan solo con un pantalón de vestir y zapatos (Alan: 23 años, 182 cm de alto, rubiecito tirando a castaño, ojos color miel, mirada suave, barba de unos días recortada prolijamente, carismático pero algo serio, lindo y atractivo, buen ejemplar de macho, de similar contextura física que Ariel -su hermano menor- pero más grande de cuerpo y con más músculos producto del gimnasio).

- ¡Qué haces Santi! (me saluda con un fuerte apretón de manos) hace rato no te veía por acá, ¿van a ver el partido?
- Esa es la idea (le respondo amablemente).
- Vamos a comprar algo para tomar antes que empiece el clásico (me dice mi amigo Ariel)
- Mogólico (le dice Alan a su hermano menor), lleva tu llave, yo me voy en 5, y no rompan nada.
- Tomatela… dale, no te quiero ver cuando vuelva (responde Ariel en tono de broma a su hermano mayor)

Fuimos caminamos (tres cuadras) hasta el negocio, hablando de los entrenamientos en el club local (es capitán del equipo y delantero, su gran ambición es ir a probarse en algún club de la primera división), también hablamos de su más reciente novia (Vanesa, 19 años, 160 cm de estatura, bien proporcionada, buenas piernas, buena cola, tetas paraditas y firmes, rostro angelical, ojos color verdes, piel trigueña, cabello castaño con algunas mechas rubias, muy linda y muy buena chica, de buena familia), la cual está más buena que comer pollo con la mano (al ser Ariel un tipo fachero -hermoso, de buen porte-, simpático y súper amigable, las mujeres se vuelven locas por él, las ofertas y propuestas le llueven y siempre termina contándome sus conquistas amorosas), me confiesa que está tratando de ser fiel a Vanesa, pero se le hacía difícil dada su popularidad con las chicas (se le tiraban encima literalmente) y él es débil ante ellas.

Compramos uno paquetes de papas fritas y un pack de seis latas de cerveza (no acostumbramos a tomar alcohol dado nuestros compromisos para con el club, pero cada tanto -ocasiones especiales- tomamos algunas) ya de regreso me pregunta.

- Che, ¿Qué sabes de Clara (mi última novia)? ¿La volviste a ver luego que cortaran?
- Sí, nos vemos cada tanto, pero sólo para coger, después cada uno a su casa (le respondo).

Clara (una chica muy linda, 19 años, de carácter fuerte, que vivió y paso por muchas cosas en su niñez y adolescencia, un poco loca a veces, e incluso durante nuestro noviazgo descubrí que fumaba mariguana, y se le estaba yendo de las manos, intenté ayudarla, pero ya era inútil) había sido mi novia por seis meses, pero di por terminada la relación hace dos meses, después de varias idas y vueltas, era una relación toxica, inestable, pero teníamos muy buena cama (sexo).

- Cuídate amigo, que no te salga con un martes 13 (algo inesperado, sorpresivo)
- No pasa nada, me cuido, aun así disfruto de mi soltería, tengo mis polvos (sexo) por aquí y por allá (le decía a Ariel mientras giraba la cabeza para el otro lado simulando ver un coche estacionado, pero en realidad no quería que me vea la casa, soy muy malo mintiendo, y la realidad es que únicamente me movía -cogía- a clara)
- Con quien puedas, querrás decir (dice Ariel mientras se ríe) te voy a presentar una amiga de Vanesa (empujándome con su hombro) es más, creo que Mónica, la hermana de Rubén está muerta con vos, tenes que avanzar ahí.
- No amigo, es una nena aun. Un par de veces la sorprendí mirándome cuando jugaba, cuando podía jugar (mientras me daba un ligero golpe en mi rodilla derecha, rodilla lesionada) no debe ni tener 15 años, es una nena (respondo serio yo)
- No boludo, ni que fueras un viejo verde, si tenemos casi la misma edad, vos... 18 y ella 17, esta re bien.
- ¿17? Fua, yo aun la sigo viendo como una nena.
- Hace poco Rubén me contó que ella cumplió 17 y estaba un poco triste porque no pudieron hacerle nada (festejarle).
- Una pena (le respondo agachando la cabeza) es una buena chica, sus padres son muy humildes.

Los dos permanecimos en silencio un rato, lo que quedó del camino notaba a Ariel preocupado, pensativo, como si algo quisiera decirme y no se animaba. Entonces lo tomé del brazo, me puse frente a él y lo encaré.

- ¿Te pasa algo? ¿queres decirme algo? (le pregunto) Te noto extraño… es acaso por lo de padre?
- No quiero hablar de él (me responde serio y retoma la caminata, avanza unos metros por delante mío, se detiene, y me dice lo siguiente) sabes que te considero un gran amigo, no, para mi sos como mi hermano menor, te quiero mucho, no tengo secretos contigo, pero hay algo que necesito decirte.

Me quedé petrificado, duro, por primera vez Ariel se abría a mí y exponía sus sentimientos (siempre fue un tipo fuerte, rudo) sentía como mi corazón latía más fuerte y rápido, entonces tras una pausa, Ariel se da vuelta para mirarme, nos miramos a los ojos.

- es sobre Clara (soltó mi amigo) tengo que advertirte, ella está saliendo con un tipo del Bajo

El Bajo es un lugar al sur de la ciudad, el cual limita con nuestro barrio, esa zona es considerada muy peligrosa, ahí se ocultan y hacen sus negocios toda clase de criminales, narcos, mafiosos y más, aunque también hay gente buena, humilde y trabajadora que vive allí por necesidad.

- No te preocupes Ariel (le digo esbozando una sonrisa) ya lo sé, ella me lo contó hace poco mientras estábamos cogiendo. Me dijo que no sabe por qué esta con él (porque le debe dar su ración diaria de droga, pensé), pero me busca a mi luego para coger porque dice que el sexo conmigo es muy bueno como para dej...

Ariel da dos pasos hacia mí y me interrumpe agarradome con una mano de los cachetes y me dice casi desesperado

- ¿Sos estúpido o que Santi? este tipo es peligroso (me suelta de los cachetes y pone su mano sobre mi hombro) me dijeron que anda en cosas raras, con drogas, con la mafia y no sé qué más.
- Ariel...

Hago una pausa, ambos estamos mirándonos a la cara, a los ojos, a escasos centímetros de distancia, él seguía con su mano apoyado en mi hombro, entonces extendí mi brazo, lleve mi mano a su suave y cálida mejilla, lo acaricié dos o tres veces, en eso sentí una especie de chispa en mis dedos, Ariel sorprendido abre muy grande sus ojos, entonces, en un movimiento rápido transformé esas caricias en dos palmadita a su cachete (mejilla), simbolizando que tenía toda la situación bajo control y continuó con mi discurso.

- No pasa nada, en serio, esta todo arreglado, nadie sabe y nadie tiene que enterarse ¿entiendes? (le decía mientras nos soltábamos mutuamente)
- Boludo, en serio cuidate, no arriesgues así tu vida, con esa gente no se jode. Y ahora quien cuidará de vos ahora que me... (Ariel guardo silencio, yo lo miré desconcertado, él miro su reloj y prosiguió) uh, ya está por comenzar la transmisión, apuremos el paso.

Empezamos a ir más rápido, aun nos faltaban 2 cuadras.



Continuará... 

martes, 17 de abril de 2018

Índice de capítulos

Seguí los capítulos de la novela "Despertar" protagonizada por Santiago

Actualmente estoy escribiendo un relato (novela) el cual quisiera compartir con ustedes. Son una serie de capítulos las cuales iré publicando a medida que los tenga listo.

Trata de como un joven heterosexual (Santiago) que con el pasar del tiempo va desarrollando un particular afecto (sentimiento) hacia su mejor amigo (Ariel) también heterosexual, llegando a un punto crítico donde ya nada volverá a ser igual. Capítulo tras capítulo iremos conociendo y profundizando en Santiago, de cómo sus acciones y decisiones repercuten en él y su entorno.

"Despertar", una historia de pasión, deseo e impulsos que pondrá a sus protagonistas de cabeza.

Despertar
Índice:

domingo, 10 de diciembre de 2017

(00) RE-Inicio

Han pasado más de 3 años.

A mis casi 28 años aún no sé quién soy, entonces, ¿se puede vivir plenamente sin saber eso, sin tener una identidad?

¿Quién soy? Soy el hijo de…, el padre de…, el vecino de…, el que vive en…, el que trabaja en/de…, el que hace/hizo tal/cual cosa…, alto, bajo, flaco, gordo, blanco, negro, feo, lindo, cuadrado, redondo, bueno, malo, tangible, intangible, ¿soy único? ¿Especial? o ¿uno más del montón?

No todo esta defino por blanco-negro, este-u-otro, la verdad somos una conjunción de infinitas cosas (tanto físicas, como lógicas del ser, como personalidad, valores, deseos, etc.) que nos definen como personas únicas.

Sin embargo, no me considero, ni único, ni especial, ni del montón. Me siento algo así como un iceberg (masa de hielo flotante desprendido de un  glaciar) que va flotando a la deriva en el inmenso mar, sólo, donde solo conozco de mí mismo el 10% (superficie visible del iceberg) y me desconozco, o quizá oculto de mí mismo los otros 90% (parte sumergida, no visible del iceberg) derritiéndose hasta desaparecer sin que nadie lo note.

No obstante, tengo esposa  e hijos que son mi vida, por ellos es que sigo, como un zombie, pero sigo, especialmente por mis dos hermosos hijos, que son mi luz, ellos me motivan a seguir.

Lo hago por ellos. 

martes, 11 de septiembre de 2012

1er post (Presentación)


Buenas gente... 

Este primer post es a modo de presentación, en el contare mis historias, mis vivencias, deseos, etc.

¿Por que un blog? 

Porque creo que es una de las mejores maneras de darse a conocer al mundo y a todos aquellos que quieran leerme ó conocerme un poco mas. Además, me he decidido por un blog porque através de el puedo mantener un cierto anonimato e interactuar virtualmente con los lectores por medio de los comentarios.

¿Quien soy?

soy un chico de 21 años (casi 22) que vive con sus padres y hermanos en buenos aires, soy bastante tímido (para lo cual este blog me viene como anillo al dedo, ya que las cosas que no puedo compartir cara a cara con alguien entre otras cosas las compartiré con ustedes), me considero una buena persona, amable, serio, tranquilo. 

A pesar de mis casi 22 años NO me considero con la madurez necesaria que posee alguien de esa edad. 

Como cierre y broche final, y como de seguro ya se habrán dado cuenta por la descripción del blog de que SOY GAY (y aun no he salido del closet por completo). Sin duda esto es lo que más me incentiva a escribir en este blog, ya que la mayor parte de los "eventos" o cosas que me suceden se relaciona en mayor o menor grado con mi sexualidad.