viernes, 5 de octubre de 2018

Capítulo 8 – Vínculos: Confrontación, parte 2

**Los hechos y o personajes aquí relatados son de ficción, cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia**

…Estaba nervioso, indeciso, tenía miedo de entrar al aula. Por más que tenía varias semanas allí, nunca me relacioné con ninguno de mis compañeros, ni siquiera lo había intentado, no me sentía parte del grupo, me consideraba un bicho raro, pero, todo cambió cuando, el día de ayer, gracias a la ayuda de Ariel, finalmente pude liberar mi mente y espíritu del recuerdo de Matías, una pesada carga para un niño de tan solo 13 años. Ya estaba dentro del colegio por lo que no podía salir de la institución, pero podía esconderme, refugiarme en el último cubículo del baño, como alguna vez lo había hecho, no tenía valor para entrar a clases, ver todas esas caras nuevas, caras que ni siquiera me había dignado a mirar. Cuando doy media vuelta para ir a esconderme en el baño, alguien me frena del brazo, era Ariel, sentía su cálida y suaves manos en mí. Solo hizo falta una mirada para que él supiera o intuyera lo que estaba pasando, lo que pensaba, entonces, me tomó de la mano y con una sonrisa en el rostro me dijo “ven, entremos juntos, te presentaré a la manada” mientras nos adentrábamos en el umbral... mi nervios y temores se esfumaron en ese instante… 

…Corría por el sendero de un bosque cercano, tu ibas adelante, con la espalda desnuda, tenías un físico bien desarrollado para tus 14 años, yo en cambio, con mi sobrepeso no podía seguirte el ritmo, me agitaba muy rápido, caí al suelo con los brazos extendidos, exhausto, miraba el cielo y parte de la capa de los arboles linderos tratando de recuperar el aliento. Enseguida te tumbaste al lado mío, posicionando tu cabeza sobre mi brazo, nos miramos, y, comenzamos a reír a carcajadas… me fascinaba pasar tiempo contigo, me sentía maravillosamente feliz a tu lado… 

…Los días de calor, como es costumbre, luego de terminar con nuestra actividad física (correr, trotar, estiramientos, flexiones, abdominales, etc.) en un pequeño monte (bosque) cercano a las afueras de nuestro barrio, siempre nos refrescarnos en un lago de difícil acceso, el cual Ariel había descubierto hace años y no dudó en compartir ese lugar secreto conmigo. Allí, en ese hermoso y cristalino lago me enseñó a nadar, hoy es nuestro lugar favorito y cada verano nos zambullimos en sus aguas para matar el calor o por gusto. Un día, cuando tenía 15 años, hacía mucho calor por lo que tras terminamos los ejercicios nos metimos inmediatamente al agua (siempre con short o boxer para taparnos nuestra zona genital) siempre jugábamos, esta vez no era diferente, nos tirábamos agua, nos empujábamos, competíamos a ver quién tenía más fuerza y resistencia sumergiendo la cabeza del otro unos instantes bajo el agua, los roces piel con piel eran inevitables, aun así, nunca se me cruzó por la cabeza nada extraño o sexual para con él, éramos muy buenos amigos. Ese día, debido a una conjunción de factores (el calor extremo, el entrenamiento, no había dormido bien ni me estaba alimentando correctamente en los últimos días, mi cuerpo tenía un agotamiento/cansancio acumulado) hicieron que en medio de nuestros juegos y en medio del agua yo me desvaneciera sin previo aviso, no sé cómo, pero Ariel logró sacarme del agua, había tragado mucha agua, por lo que en la orilla del lago comenzó a hacerme RCP (reanimación cardiopulmonar, o, reanimación cardiorrespiratoria) dándome respiración boca a boca, logrando así reanimarme, salvarme la vida, una vez más... Al ser él hijo de médicos (una enfermera y un cirujano) sabia de ciertas técnicas y maniobras médicas en caso de necesidad...  

- ¿Dónde estoy? (me preguntaba sin poder ver nada, cuestionándome por qué venían esas imágenes a mi mente, recuerdos, y sobre todo, por qué al abrir mis ojos, únicamente veía tonos fríos de blancos, prácticamente no distinguía nada a mi alrededor).

…Me mirabas con tus penetrantes ojos miel, fogosos, lujuriosos, sonriéndome efusivamente, el ambiente estaba cargado de tensión sexual, entonces le comiste la boca apasionadamente a esa chica, me habías contado que ella era un fuego en la cama, pura pasión, sexo salvaje, seguías besándola y agarrándola, todo bajo mi atenta mirada, obviamente a mis 16 años toda esa situación me ponía caliente, ver como la abrazabas, como tus manos recorrían su cuerpo, como deslizabas sensualmente tus manos por su espalda, caderas, posicionándose en sus nalgas, apretándolas con intensidad e ímpetu, agarrándola del cabello mientras se fundían en un largo y apasionado beso. La “novia” de Ariel había traído una amiga la cual estaba bailando conmigo, pegados, abrazados, la idea de Ariel era que yo pudiera debutar (perder mi virginidad) pero la amiga no me gustaba, no obstante, al ver lo apasionados y calientes que estaban mi amigo y su novia yo también me sentía excitado. Entonces, soltaste sus labios y posaste tu mirada sobre mi nuevamente sin soltar a tu chica, solo éramos nosotros 4 en tu casa, me soltaste una sonrisa pícara, de deseo, tus ojos brillaban como árbol de navidad, la lujuria se escapaba por tus poros, seguiste sonriéndome de una manera única, perversa, incluso por un segundo llegué a creer que de alguna forma tratabas de seducirme, sin embargo estabas incitándome, incitándome a que avance con la amiga. Sin dejar de mirarme te mordiste el labio inferior mientras apretabas las nalgas de tu chica, luego, la agarraste con ambas manos de la cabeza y pasaste tu lengua por su mejilla, de abajo hacia arriba para luego volver a sonreírme, me estabas provocando, yo estaba cada vez más excitado. Acto seguido te dirigiste al cuarto de tus padres con ella, no sin antes hacerme unos guiños y señas indicándome que podía usar su habitación, en específico, su cama… jamás olvidaré esas miradas y sonrisas, expresabas perversión, desea, pasión, todo me parecía muy excitante, elevando así mi temperatura corporal… 

…Estabas dormido, tendido boca arriba sobre una cama que no era tuya ni mía, vestías únicamente un bóxer rojo ajustado el cual dejaba en evidencia tu abultado/marcado miembro y tu tan afamado cuerpo perfecto, las chicas parecían enloquecer ante tus encantos. Por momentos el claro de luna ingresaba por la ventana del 7mo piso, tus padres amablemente se habían ofrecido a llevarme con ustedes a vacacionar a Buenos Aires, la luz de luna se posaba sobre tu perfectamente trabajado, húmedo y transpirado cuerpo dejando a relucir cada detalle del mismo, cada musculo, cada abdominal incluso se apreciaba perfectamente una pequeña y fina mata de pelos que descendía desde tu ombligo hasta perderse dentro de tu llamativo bóxer colorado. Yo estaba sentado en la cama contigua a la tuya, contemplándote en silencio, el ambiente estaba cargado de alcohol, habíamos bebido mucho esa noche, pese a que todo me daba vueltas aún seguía ahí, resistiendo los efectos del alcohol. Entonces me acerqué lentamente a ti, había perdido la desinhibición, entonces apoyé levemente mi mano sobre tu pecho, sintiendo así tu calor, la textura de tu piel, el palpitar de corazón, no conforme con eso, comencé a recorrer tu torso desnudo con la yema de mis dedos, sintiendo cada detalle, cada surco, estaba desatado. Subí a tu rostro, toqué tus labios, desde aquel día que Ariel salvó mi vida haciéndome respiración boca a boca comencé a darme cuenta que quizá el vínculo que me unía a él iba más allá de la amistad, sin embargo, me reprimía y reprendía por tener aquellos pensamientos. Seguía viendo tus labios con deseo, no podía contenerme, resistirme, puse mi mano sobre tu abdomen, sentía tus bellos (pelos), te acaricié suavemente mientras bajaba lentamente a tu zona genital a la vez que acercaba mis labios a los tuyos cerrando por inercia mis ojos dejándome llevar por la situación. Estaba en un estado de éxtasis, mientras más me acercaba, mas sentía tu aliento entrando por mi boca, aliento etílico, y, en el momento que posé mis labios sobre los tuyos, al mismo tiempo posé mi mano sobre el bulto de tu bóxer, sobre tu miembro dormido y más cálido que el resto de tu cuerpo, pero, justo en ese momento te moviste, entonces me aleje y te solté abriendo los ojos, me asusté, tenías los ojos abiertos, inexpresivos, con la mirada perdida, me alejé más, te diste vuelta poniéndote de costado dándome la espalda y seguiste durmiendo… No podía dormir del miedo que me hayas descubierto, pero la calentura pudo más e internándome en el baño me hice una gran y jugosa paja (masturbación)…

- ¿Por qué siguen apareciendo estos recuerdos en mi cabeza? (me pregunto nuevamente, al menos mi visión parece estar aclarando lentamente, comienzo a distinguir sombras).
- &%$# ... Santiago… &%$#…
- ¿Qué…? ¿Quién me llama? ¿Qué dices? No logro comprenderte ¿de quién es esa voz? No consigo reconocerte (me decía a mí mismo)
- &%$# Santiago…
- ah… ¿eres tu Ariel? ¿O acaso es solo otro recuerdo más? (me cuestionaba mientras lograba distinguir parte del cielo y parte de una silueta humana en ese fondo blanco que cada vez adquiría más color).

…Ariel y yo éramos inseparables, nos lo contábamos todo, no llevábamos y nos entendíamos muy bien en cualquier ámbito, no hacían falta palabras, un simple gesto o mirada era suficiente… no obstante, desde hace algún tiempo no podía evitar mirarlo de forma diferente, él iluminaba mis días con su presencia, por momentos tenía un increíble deseo de ser más que solo su amigo, pero, cada que esos sentimientos aparecían en mí, los reprimía, ponía todo mi empeño en eso, los enterraba en lo más profundo de mi ser, no me podía estar pasando eso, ni siquiera podía concebirlo en mi mente, esos eran pensamientos impuros, indecoroso ¿Ariel y yo? No, nunca. De alguna forma lo conseguía, lograba acallar esa voz, ese calor, ese sentimiento interno que me hacía querer saltar, abrazar y algo más con mi amigo. Creía que lo tenía controlado, pero no era así, no podía, ni quería estar lejos suyo, engañaba a mi mente diciéndome que él era mi amigo, mi gran y mejor amigo, ahogué mis deseos e impulsos, incluso logré eliminar ciertos sucesos “aberrantes” de mi mente, de mis recuerdos, tales como aquella vez que estando de vacaciones, intente y logré besar a Ariel por un segundo mientras estábamos ebrios, pero recientemente este acontecimiento volvió a reaparecer en mi memoria…

- reacciona de una vez maldita seas… por qué... (Decía Ariel con lágrimas en los ojos mientras se tomaba de la cabeza).

Me dolía la cabeza, todo daba vueltas y vueltas, al menos ya podía ver con claridad, y oír, aun así, seguía sin comprender por qué Ariel se veía tan ¿desgarrado, desesperado?

- ¿Dónde estoy? ¿Por qué estoy tirado en el piso y que hace Ariel encima mío? ¿Qué está pasando? (seguía preguntándome en mi cabeza, luego logré empezar a pronunciar palabra con dificultad y la voz seca) ¿Por qué…? (tosí dos veces) ¿Por qué, que Ari…? (pero interrumpí mis palabras ya que nuevas imágenes venían a mi mente).

Una sucesión de fragmentos acelerados inundaban mi memoria, sucesiones rápidas de imágenes una atrás de otras, todas tenían en común a Ariel sonriéndome, desde el más antiguo (el día que nos hicimos amigo sonriéndome por primera vez) hasta el más reciente (aquella vez que se había tirado encima mío en el sofá de su casa, ambos sin remera, piel con piel, y levantando su cabeza de mi pecho me sonríe).
…Lo masturbaba cada vez más fuerte y rápido, mientras que con la otra mano le acariciaba y masajeaba su nuca, oreja, cabeza y cabello, él no dejaba de gemir y tener espasmos en todo el cuerpo…. Entonces Ariel deja escapar un poderoso gemido, su miembro comienza a palpitar expulsando una gran cantidad de semen que chorreaba de mi mano a la vez que me mordía el hombro con el fin de acallar sus gemidos y orgasmo, cosa que me excitó de sobremanera provocándome un orgasmo espontaneo con eyaculación sin siquiera estimularme la zona genital… tras esto, Ariel me echó de su casa como a una rata inmunda luego de haber saciado mis impulsos/deseos imponiéndome por la fuerza…

…Me mirabas feo, con odio, bronca, entonces haciendo unos movimientos rápidos, queriendo huir de vos por accidente termino chocándome con la última persona que quería cruzar, contigo Ariel… seguías mirándome mal, entonces pronunciaste “esto no está funcionando Santiago”… en ese momento sentí que algo en mí se rompió, sentí casi como si el mundo se me viniera encima, me sentía casi igual como cuando a mis 12 años comencé a subir a toda prisa a mi árbol favorito tratando de llegar a donde se encontraba mi hermano Matías, colgado de una rama, tratando de sostenerse con su mano y pidiendo a gritos que lo ayudara porque no podía sostenerse mucho más tiempo. No sé cómo, pero en dos segundos ya estaba ahí, al lado tuyo, y al extender mi mano para sujetarte vos cediste, apenas logré tocar la punta de tus dedos mientras ibas cayendo con lágrimas en los ojos y gritando mi nombre a la vez que yo gritaba “NOOOO… ¡MATIAAAAAS!”…

…Entonces Ariel me sujeta del hombro y con su mano derecha me encaja un puñetazo en la cara aventándome al piso… levantando su pierna derecha me da una patada en la cintura/cadera… me contraataca con un contundente y certero uppercut en mi barbilla haciéndome volar por los aires desplomándome inconsciente en el piso…

…La imagen mía y de Ariel entrando a clases de la mano luego de que nos hiciéramos amigo se congeló, y, estallo en mil pedazos como si de un vidrio se tratase…



Todos esos recuerdo, todas esas imágenes, Matías, Ariel, era demasiado, como si hubiera visto pasar toda mi vida en un instante, provocando que algo en mi interior se destapara, saliera a la luz, explotara, una ira incontrolable, impotencia, todas mis frustraciones, pensamientos negativos, todo lo que había reprimido, todo el dolor que guardaba en lo más profundo de mi alma, de mi ser, todo, se desató en un estado de ira, euforia y descontrol extremo, cambiando así la esclerótica de mis ojos a un tono rojizo seguido de una hinchazón de mis venas y arterias del cuello y brazos haciéndose más visibles, sobresaliendo, así como también un aumento brusco en mi ritmo cardiaco, estallando así, en cólera. 

Agarré bruscamente a Ariel por el cuello, con fuerza, apretándolo con mi mano, te hacía daño, eso era evidente, tratabas de liberarte pero era imposible, hacías muecas de dolor y sonidos con la garganta resistiéndote, por desesperación comenzaste a lanzar golpes a mi rostro con la esperanza de soltarte, pero era inútil, parecía poseído, te miraba fijamente con mis fríos ojos rojos sin siquiera inmutarme, como si un nuevo ser ocupara mi cuerpo, no sentía absolutamente nada, en eso, percibo una roca (piedra) bajo mi mano libre, lo agarro con fuerza y te golpeo con ella en la sien tirándote a un costado, liberándote de mí agarre. 

Me levanto lentamente del suelo con seguridad, vos seguías tendido en el piso, tosiendo, con la mitad del rostro cubierto de sangre, cubriendo con tu mano el lugar donde te había dado con la piedra, verte sangrar me incitaba a seguir golpeándote, entonces, a dos metros tuyo veo una roca de un tamaño superior al de un balón de futbol, me dirijo a ella, lo levanto por encima de mi cabeza, doy tres pasos hacia vos y con mi pie vuelvo a tirarte al piso, estabas tratando de levantarte, pongo mi pie con fuerza y firmeza sobre tu pecho impidiendo moverte, te miro desde arriba casi sin bajar/inclinar la cabeza, con superioridad, vos, el chico popular, seguro y sexy del barrio habías sido superado, el temor en tu rostro era evidente, levantabas tus manos manchadas de sangre augurando lo peor, te miro con desprecio un segundo con la roca aun encima mío y… mirándote a los ojos exclamo “¡he ganado!” lanzándote la roca al rostro.


¿Continuará…?
¿Capítulo 9…? ¿Maté a uno de los protagonistas…?


lunes, 23 de julio de 2018

Capítulo 7 – Lucha: Confrontación, parte 1

**Los hechos y o personajes aquí relatados son de ficción, cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia**

En ese instante un escalofrió recorrió mi cuerpo, los pelos se erizaron, el tiempo parecía correr lentamente, veía como tras el choque con Ariel, éste fruncía el ceño y a la vez, su bolso caía lentamente al suelo. Él no hizo nada para evitarlo, simplemente posaba fijamente sus ojos en mí, y con cada microsegundo (milésima de segundo) que pasaba lo notaba más fastidioso, mas enojado. Por vergüenza terminé bajando la cabeza ya que no podía sostener el contacto visual, y al mirar a su mano derecha pude ver los cortes y cicatrices que éste tenía. Por más que mi madre ya me había comentado sobre su “accidente” con un espejo, no creí que hubiese dejado tales marcas (secuelas), la culpa afloraba en mí. Entonces percibo que Ariel se agacha levemente para recoger su bolso del suelo y al levantarlo dice: 
 

- esto no está funcionando Santiago (dice él irritado)

Acto seguido, Ariel da un paso al costado para continuar con su camino y en el proceso de salida choca (empuja) parte de mi cuerpo con su hombro y brazo abriéndose camino, desapareciendo tras el umbral. Lo único que pude hacer fue quedarme mirando hacia la puerta, hacia el pasillo, entonces Rubén me abraza por el hombro con una de sus manos y con la otra me da 2 o 3 palmadas en el pecho mientras se encogía de hombros.

- quizá necesita tiempo, y espacio (me dice Rubén mientras yo lo miraba).
- quizá… (Respondo pensativo).
- ¡animo! (exclama él) bueno, me voy a la ducha… ¡no te pierdas! Pasá más seguido (decía Rubén mientras lo perdía de vista) ¡nos vemos amigo!

Algunos más vinieron a saludarme (los que acababan de salir de las duchas). A los pocos minutos salí del vestuario y encaré la salida del fondo, me sentía algo triste, no quería cruzarme con nadie, menos con Mónica, no en este estado. Entonces recordé parte de lo que le había dicho a Ariel 5 años atrás “¡no quiero seguir así! quiero ser fuerte, no quiero seguir cargando con este dolor en el pecho, ya no quiero llorar” por lo que levante la frente en alto, respiré profundo y seguí caminando como si nada, recordando lo que me había planteado la otra noche “nunca más”, nunca más deprimirme ni entristecerme por nada ni por nadie… nunca más.

- no puedo cambiar el pasado, debo resignarme y seguir adelante (digo en voz alta mientras sonrío y continuo caminando).

Estaba caminando distraído navegando en Facebook desde el celular cuando a dos cuadras del club me intercepta Vanesa (novia de Ariel).


- ¡Santiago…! (exclama ella contenta posicionándose delante de mi impidiendo mi avance) ¿cómo estás? Hace rato no te veía (prosiguió Vanesa).
- hola Vanesa, bien, acá andando ¿vos? ¿Qué haces por acá?
- yo bien también, quedamos con Ariel en encontrarnos en esta esquina.
- ah estupendo… bueno me marcho entonces, no desearía estropear tu cita (le digo a Vanesa con recelo soltando una pequeña risa).
- no para nada Santi ¿cómo se te ocurre? (dice ella soltando una carcajada) los amigos de Ari también son mis amigos (continuó ella) oye Santi… he notado a Ariel algo extraño ¿sabes si le está pasando algo?
- ¿cómo extraño? (le pregunto queriendo saber más).
- si, como más frio, distante, está pero no está ¿me entiendes lo que te digo? (pregunta Vanesa) pensaba que al ser su amigo quizás sabrías algo.
- no lo sé Vanesa (le respondo mirando al piso) igualmente yo no podría decirte nada por más que…
- yo sé que eres su amigo, que tienen sus códigos, que jamás lo delatarías, pero... (me interrumpe Vanesa) él nunca me dice nada, yo realmente lo amo muchísimo y temo que él no sienta lo mismo.
- y eso deberías decírselo a él, pero… te puedo decir que vos no tenes nada que ver con su cambio repentino de actitud.
- muchas gracias (me dice ella abrasándome) gracias me sacaste la duda… ¡Ariel! (dice ella exaltada soltándome rápidamente). 


Ninguno de los dos se percató que Ariel venia acercándose lentamente a mis espaldas hasta que ya estaba muy cerca, y justo nos vio abrazados, justo él que es tan celoso ¿Por qué las cosas se estaban dando de esa manera? ¿Por qué siempre terminaba en el momento y lugar equivocados? 

Entonces Vanesa rápidamente corre unos tres pasos hasta los brazos de Ariel, ella lo abraza un poco expectante, con dudas, pero él la abraza también dando la señal de que todo está bien, aun si, él no me quitaba la vista de encima ni por un segundo. 

- te estaba esperando y justo me encontré con Santiago de casualidad y me contaba algo muy lindo por eso lo estaba… (Decía Vanesa justificándose con Ariel pero éste no la dejo terminar de hablar).
- ¡shhh…! No digas nada (le dijo Ariel a Vanesa pero él seguía mirándome fijamente mientras apartaba a Vanesa poniéndola a un lado) ¿Qué te pasa guacho? ¿Me estas siguiendo? Déjame en paz… (Ahora me lo decía a mí levantando la vos).

Sus dichos empezaron a molestarme y empecé a mirarlo con bronca, sin embargo decidí no responder para no aumentar la cólera del momento ni caer en su provocación. Vanesa solo miraba sin entender nada, entonces Ariel da un paso hacia mí y continúa.

- ¡HABLA CAGON…! (me grita Ariel) decime que te pasa ¿qué queres? ¿QUÉ…? ¡NO…! no me digas que ahora también te la queres levantar a ella…
- ¡Ariel basta! (salta Vanesa interviniendo) no digas estupideces, como vas a pensar eso de tu amigo… y aún menos de mí, nunca te di motivos.
- vos cállate que no es contigo (le dice Ariel a Vanesa).


Me empezó a dar mucho coraje, rabia, tenía los puños cerrados de bronca, apenas podía controlarme, deseaba partirle la cara de un puñetazo (golpe), sin embargo sabía que el que estaba en falta era yo, que yo era culpable, que prácticamente lo había violado unos días atrás, aun así, no aguantaría mucho más su mal humor y altanería.

- eres un idiota (le digo a Ariel y en mi cabeza pensaba "no, el idiota soy yo..." entonces resignado doy media vuelta dándole la espalda y comienzo a alejarme de él).
- ¡A MI NO ME DES LA ESPALDA HIJO DE PUTA! (grita Ariel acercándose rápidamente a mi)

En ese instante se me acerca, me toma del hombro con su mano izquierda haciéndome girar e inmediatamente con su mano derecha me encaja un puñetazo en la cara el cual me avienta al piso violentamente. Su golpe me había tomado por sorpresa, tanto que por un segundo no me di cuenta que es lo que había pasado, sin embargo, por inercia lleve mi mano a donde había recibido el golpe, entonces al verlo a Ariel ahí, con su puño cerrado y su brazo extendido lo comprendí, el mundo es cruel, solo los más fuertes sobreviven, aquellos que luchan, aquellos se enfrentan sus problemas son los que ganan, son ellos los que escriben sus historias, sus hazañas; cuando las palabras no sirven, los puños son los que terminan definiendo el rumbo de la historia, a veces es necesario dejar las batallas de mente y ensuciarse las manos, dejar nuestra humanidad atrás e imponerse sobre el resto.
 

Sentía impotencia por la situación que estaba viviendo, por no poder solucionar este "inconveniente" con mi amigo, por ser tan débil, un cobarde, alguien que siempre necesitaba la ayuda de otros, no me había dado cuenta pero Ariel siempre estaba ahí, una y otra vez, siempre había sido así. Estaba tirado en el piso, entonces me di cuenta que siempre fui débil, que desde el principio Ariel me ayudo a superar mi trauma, a quererme y cuidarme, a estar en buena forma, a tener nuevos amigos, me enseñó a nadar y a jugar al futbol, incluso me había ayudado a debutar (a tener mi primera relación sexual), y sobre todo, me enseñó el valor de la amistad… entonces la ira inundó mi ser, un irrefrenable deseo de luchar surgía en mí, el deseo de ganar algo por mi cuenta me nublaba el juicio, no quería ser más aquel hombre débil, inseguro, mis puños se cerraron con fuerza en el suelo, mis sentidos se centraron únicamente en Ariel, mi cuerpo recibió una descarga de adrenalina, mi corazón latía sumamente rápido, entonces, de un salto me incorporo con el brazo extendido y los puños cerrados arremeto contra un desprevenido Ariel, logrando así devolviéndole el golpe que éste me había dado en la mejilla unos instantes atrás.

- ¡maldito infeliz! (le decía mientras me lanzaba por él golpeándolo en la cara).

Le acababa de dar un certero puñetazo (golpe) en la mejilla impulsando la fuerza de mi cuerpo contra el rostro de Ariel, esta maniobra casi lo hace caer al suelo, tuvo que dar tres o cuatros pasos veloces para atrás con la parte superior del cuerpo un poco inclinada tratando de mantener el equilibrio sin caer al suelo. Esto despertó una sensación de bienestar en mí, satisfacción, me sentía capaz de lograr cualquier cosa que me propusiera. Ariel se reincorpora irguiéndose nuevamente mientras limpiaba con su dedo pulgar la poca sangre que le salía de la comisura de sus labios.

- al menos sabes dar un buen golpe (decía Ariel mientras veía los restos de sangre de su dedo) ¡marica! (prosiguió sarcásticamente mientras adoptaba una postura de combate, en “guardia” con un marcado entusiasmo en el rostro). 


Todas las veces que habíamos jugado con Ariel a algún deporte de fuerza, de contacto o de lucha (juegos de dominación, típicos juegos de adolescentes) siempre ganaba él. Aparte de ser un año mayor, él poseía más fuerza, velocidad y destreza, siempre me ponía contra las cuerdas y me obligaba a rendirme. Tras mi rendición, siempre concluíamos haciéndonos cosquillas mutuamente hasta llorar de risa, literalmente hasta no poder más. Sin embargo, la situación actual era distinta, podía ver en sus ojos llamas, euforia, una particular sensación de satisfacción, ya no se trata de un simple juego de niños, esta vez es en serio, la lucha definitiva, esto podría cambiarlo todo.

- ¡cerrá el orto infeliz! (dije con ímpetu a la vez que también me ponía en “guardia
”) esto solo se resolverá de una manera. 
- ¡oh… si… si así lo quieres! (respondió él con una leve sonrisa).
- ¡DETENGANSE POR FAVOR…! (grita Vanesa desesperada).

Ninguno hizo caso a las supl
icas de Vanesa, entonces Ariel se acercó velozmente y lanzó algunos golpes al aire, yo me hacía para atrás moviéndome de un lado al otro, esquivando sus puñetazos, yo lance otros, los cuales él también esquivaba o bloqueaba con sus brazos. Ariel se acercaba, atacaba y luego retrocedía un paso, bloqueé uno de sus golpes, estaba extasiado, podía resistir y ver a través de sus movimientos, entonces, inmediatamente después de bloquea su puñetazo derecho, Ariel me golpea del otro lado con su puño izquierdo, no fue un golpe muy potente pero me hizo cuestionar de la solidez de mi defensa y la estrategia que estaba utilizando mi amigo.

En efecto, Ariel estaba probándome, analizando mis reacciones, viendo el alcance de sus golpes y mis reflejos. Entonces, en un momento dado él levanta su pierna derecha y me da una patada a la altura de mi cintura, el cual logré bloquear y retener, sin embargo esto era solo una distracción, y a continuación me ensarta un fuerte golpe en el rostro el cual apenas logré ver y me dejaría sangrando las encías. No obstante, en el último segundo logré aferrarme a su pierna, el cual había bloqueado un instante atrás y con esto pude desequilibrarlo tirándolo al piso, yo también caí. 

Él se incorporó rápidamente, yo tardé un poco más, su golpe me había dejado un poco mareado, sin embargo Ariel esperó a que me pusiera
de pie mientras abría y cerraba la mano con el cual me había golpeado.

- eres un tonto si crees que podrás vencerme (decía Ariel burlándose de mi mientras yo terminaba de erguirme) nunca lo has hecho... y nunca lo harás.
- aun no cantaría victoria (le digo mientras trato de centrarme, pienso que "si deseo ganar debo pasar al ataque, atacar en el momento justo, debo demostrarle que ya no soy aquel chico indefenso", entonces vuelvo a ponerme en posición de combate).
- ja… ¿crees que podrás conmigo? (dice Ariel, a la vez que también se pone en “guardia”, entonces prosigue) dime Santiago... hay algo que me he cuestionado ya hace algún tiempo, tenía mis dudas pero... ahora es evidente que a vos también te gustan…
- ¡CIERRA LA BOCA HIJO DE PUTA! (le grito interrumpiéndolo y lanzándome contra él). 



Me abalancé contra él con furia, con bronca, golpeándolo en la cara, fue un puñetazo limpio, directo y efectivo pese a que había actuado precipitadamente, sin pensarlo, dejándome llevar por las palabras de Ariel, por sus provocaciones e insinuaciones, en mi cabeza pensaba “¿Por qué dice esas cosas? Yo no soy gay, no puedo serlo, fue solo un hecho aislado, la mayoría de los heterosexuales en algún momento de sus vidas experimentan algo similar con algún amigo, no por eso tengo que ser gay” pensaba tratando de justificarme. No obstante, Ariel había previsto que si jugaba bien sus cartas y que si lograba que me precipitase en atacar descuidaría mi defensa y esto le daría cierta ventaja sobre mí. Él siempre había sido el más táctico del grupo, se le daba bien leer a las personas, sus acciones y reacciones. Al atacarlo movido por la desesperación, por el calor del momento, sin darme cuenta terminé descuidando mi defensa, entonces Ariel, quien se había dejado golpear a propósito (adrede) y, aún con mi puño en su cara, resistiendo, aguantando, éste se las ingenió logrando contraatacar eficazmente con un contundente y certero puñetazo en mi barbilla. 

Su último golpe había sido más que efectivo, logró su cometido, noquearme. Mi cuerpo se desplomó contra el suelo, había caído de costado, perdí el conocimiento unos pocos segundos. Al despertar no tenía el control de mi cuerpo, mis músculos se distendieron, relajaron, no tenía control sobre ellos, ni siquiera tuve noción del golpe, no sabía lo que estaba pasando, simplemente estaba tirado en el piso mirando al cielo con los brazos extendidos, recuperando la conciencia lentamente, en eso siento y veo que Ariel se sube encima mío, se coloca en cuclillas sobre mi abdomen, éste decía algo pero no podía oírlo, entenderlo, mi cabeza me daba vueltas, entonces, Ariel me da un cachetazo reactivando con esto mis memorias recientes y algunos recuerdos pasados aleatorios, entonces otro cachetazo me trae de nuevo a la realidad, recuperando completamente la conciencia y escuchando parte de lo que Ariel decía.

- … reacciona de una vez maldita seas… por qué... (decía Ariel con lágrimas en los ojos mientras se tomaba de la cabeza).


Continuará…
(Capítulo 8 – Vínculos: Confrontación, parte 2
(Índice de capítulos)

martes, 10 de julio de 2018

Capítulo 6 - Cruzando miradas

**Los hechos y o personajes aquí relatados son de ficción, cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia**


Al entrar a casa voy directa y rápidamente al baño, mi madre estaba preparando la cena con la ayuda de Karina (mi hermanita de 6 años), quien al escuchar y verme pasar salió rápidamente a mi encuentro pero yo me metí rápido al cuarto de baño y puse traba (cerré con llave) a la puerta antes que ella pudiera alcanzarme. Karina se quejó que no me pudo ver y abrazar, enseguida llegó mi madre y golpeando la puerta 2 veces dijo.


- Santi hijo ¿Está todo bien?
- sí, sólo quería tomar una ducha antes de ir a la cama (le dije desde adentro mientras dejaba correr el agua de la ducha).
- ¿tan temprano? ¿No piensas cenar? (pregunta ella sorprendida) hice berenjenas al horno con queso ¿seguro estas bien?
- ¡no, gracias ma! solo estoy algo cansado y no veo la hora de meterme a la cama (expuse yo).


Finalmente mi madre no dijo nada más y se llevó a Karina con ella, quizá sospechaba que algo no andaba bien, por eso vino a verificar la situación, ella sabe que a veces es mejor dejarme solo, necesito tiempo y espacio. El agua de la ducha aparte de limpiar mis heridas producto de la caída hacían además que éstas me ardan un poco al contacto. 

Ya en mi habitación, me pongo una remera suelta que uso de pijamas y un bóxer y me meto a la cama. La ducha hizo que me relajara un poco, mi cuerpo estaba distendido, podía sentir una especie de leve palpitar en mi rodilla lastimada, no dolía ni molestaba, simplemente era una sensación, como si estuviera latiendo. Cierro los ojos y recuerdo la situación vivida con Ariel, de cómo lo agarraba y lo atraía hacia mí, de cómo muertas frentes estaban unidas, de cómo nuestro labios estaban tan cerca y aun así no se pudieron fundir, mientras deslizaba mi mano por debajo de mi remera tocando mi zona abdominal. Entonces al percatarme de ello dejo de acariciarme, abro los ojos y en voz alta murmuro.


- ¿pero qué estás haciendo Santiago? (me digo a mi mismo agarrándome la cabeza).

Estuve en silencio mirando el techo con las manos debajo de mi cabeza, rememorando, pensando, cuestionándome si era gay, si lo que había hecho me convertía en homosexual. No hallaba respuestas a ninguna de mis interrogantes, era inútil seguir pensando en ellas y sin darme cuenta poco a poco me fui quedando dormido.

Algunos días después asisto a un partido de nuestro club (Club de los Andes) pero voy como un espectador más (en las gradas), estaba interesado en ver cómo le iba a mi equipo, pero lo que en verdad quería era ver a Ariel, por lo menos desde lejos, quería saber cómo estaba ya que desde aquel día no he vuelto a saber de él. Mi madre me había comentado hace dos días que Ariel se había cortado las manos pero que no era nada grave, que estaba bien. También me preguntó si estaba al corriente de eso y si pasaba algo entre nosotros, que no dudara en contarle cualquier cosa, ella siempre me apoyará sin importar nada, que cuando necesite ella siempre estará ahí, se lo agradecí mucho pero no le dije nada, seguramente ella percibía que algo me preocupaba. 

El sonido del silbato daba inicio al juego, el Club de los Andes versus (contra) el Club Merlo, era un partido amistoso, sin embargo ninguno de los dos clubes quería perder, era un duelo de barrios. Todos parecían tener un buen desempeño futbolístico, mis compañeros de equipo se desenvolvían como de costumbre, era un encuentro agradable de ver. En un momento Rubén (un compañero del club y a la vez amigo de Ariel y mío) quien se desenvolvía de defensor me ve en las gradas y levanta su mano (puño cerrado y pulgar arriba) saludándome, yo le devuelvo el saludo y en ese momento me di cuenta que Ariel también me había visto, él me miraba fijamente, yo le devolví la mirada y por más que aquello duró tan solo un segundo, pude notar en ellos ira, resentimiento, desprecio.
Entonces Ariel dejó de mirarme y siguió corriendo, buscando la pelota, sin embargo, algo en él cambió, toda su destreza, dominio y habilidad con la pelota había desaparecido, su título e insignia de capitán del equipo parecía quedarle sumamente grande, estaba disperso, a la vez que irritado y molesto por desempeñarse tan mal, probablemente verme allí le afectó, lo descolocó tanto física como mentalmente. 

No me había percatado de la presencia de Mónica (hermana de Rubén) en uno de los extremos de las gradas, posiblemente ella me estaba observando desde hace rato y yo no me percaté de ello. Sentía que no podía seguir allí, observando la frustración y desesperación de Ariel, de alguna forma su malestar también llegaba hasta mí, concluí que el haber asistido al juego había sido un error, no debí haberlo visto y mucho menos él a mí, entonces me levante de las gradas y al dirigirme hacia la salida me intercepta Mónica agarrándome del brazo a lo que me doy vuelta para ver quién es. 

- Sa… Santiago… ¿ya te vas? (pregunta ella tímidamente sacando su mano de mi brazo). 
- ¡Mónica! (respondo sorprendido) ¿Cómo estás? hace mucho que no te veía.
- bien gracias (responde ella mirando a otras direcciones evitando mirarme la cara) te vi y… te vi y quise preguntarte como estabas de tu rodilla (soltó ella velozmente luego de haber tomado una bocanada de aire).
- ah estoy bien, pronto podré volver al equipo (le respondo sonriendo, al parecer Mónica sentía vergüenza, entonces continué) discúlpame Moni pero me estaba yendo.
- Ah bueno (dijo poniéndose algo triste) em... me preguntaba si... (decía ella a la vez que con su dedo jugaba con un mechón de su cabello) ¿querrías ir a tomar algo conmigo a algún lugar?... es que tengo la garganta un poco seca ¿quieres? (preguntó ella ruborizándose y agachando la cabeza). 


En ese momento recordé las palabras de Ariel “creo que Mónica, la hermana de Rubén está muerta con vos, tenes que avanzar ahí” entonces, instintivamente la agarro suavemente de su delicado mentón y le hago levantar la cabeza haciendo que me mire con sus cálidos, acuosos y profundos ojos azules (no me había percatado de ello hasta ahora) contrastando perfectamente bien con su tono de piel blanquecina. 

- ¡claro!, me encantaría acompañarte (dije naturalmente con una voz seductora)… ¿vamos? (le pregunté mientras le soltaba del mentón y le tendía mi mano). 

Mi actuar fue de lo más natural, instintivamente, no lo planeé. Ella se sonrojó aún más y luego de un segundo agarra mi mano tierna y suavemente. Entonces fuimos con Mónica tomados de la mano hasta un puesto de venta ambulante, al llegar allí ella me suelta la mano pudorosamente, quizá le dio vergüenza que nos vean así. Compramos dos jugos de naranja exprimidos, los cuales obviamente pagué yo y nos sentamos a conversar tendida y plácidamente como dos viejos amigos en un banco (asiento) libre al costado de la cancha sin prestar demasiada atención al juego o a los típicos sonidos producidos por este lugar.


Realmente disfruté mucho de su compañía, fue muy agradable conversar con ella, no paraba de reír con ella, de su simpatía, de su espontaneidad y de sus elocuencias. Ciertamente en todo ese rato con Mónica logre olvidar por completo a Ariel, incluso dejé de percibir el mundo que nos rodeaba, ella ocupaba toda mi atención, con su luz hizo que la culpa, la tristeza y el malestar que Ariel había producido en mi corazón desaparecieran. 

Ninguno de los dos se había percatado que la disputa (el juego) ya había terminado, aun con un gran caudal de personas que pasaban alrededor nuestro, no nos dimos cuenta, hasta que siento como una mano presiona mi hombro. 

- ¿Qué hacen ustedes dos acá? (dice Rubén muy serio y enojado). 

Entonces veo como la cara de Mónica se vuelve blanco del susto y la vergüenza, entonces yo me levanto seriamente me pongo frente a él y le digo. 

- solo conversábamos ¿acaso está prohibido hablar con tu hermana?
- cuidado con el tono que estas usando (dice Rubén advirtiéndome). 


Nos miramos fijamente levantando nuestras cabeza y sacando pecho como si fuéramos gallos (ave domestica) a punto de empezar una riña (pelea/duelo), y… a los segundos nos empezamos a reír y saludar con Rubén, solo estábamos actuando, fingiendo, Mónica nos miraba sin entender nada porque ella creyó realmente que estábamos a punto de pelear. 

- ¿Cómo estas amigo? (le digo mientras estrechaba su mano y chocábamos hombros) ¿seguís en la obra con tu padre? Alto brazo estas sacando (le dije apretándole su bíceps).
- dios… son unos idiotas (dijo Mónica suspirando aliviada) ¡hombres…! (rezongó). 


Yo la miré, le sonreí y me encogí de hombros como si le estuviera diciendo “paciencia, es lo que hay, es lo que somos, muy básicos”. 

- si estoy a full laburando con mi viejo, le doy una mano y de paso hago un poco de plata (dice Rubén rápidamente sin darle mucha importancia al comentario de Mónica) Che Santi… ¿cuándo te reincorporas al equipo? (me pregunta él). 
- aun no lo sé, supongo que pronto.
- Esperemos… porque tu amigo parece que te extraña (decía Rubén sarcásticamente refiriéndose a Ariel) está jugando cada vez peor, hoy no pudo concretar ni un solo pase y el entrenador lo sacó y lo mando a las duchas en el segundo tiempo.
- ¡no! ¿En serio lo sacó? ¿Al capitán? (le pregunto sorprendido y pensativo, nuevamente pensé que Ariel estaba así por mi culpa, “debo irme” concluí en mi mente).
- ¡si…! (dice Rubén y luego continua reflexivo) No debe de estar pasando un buen momento familiar, ¿has escuchado lo que dicen las malas lenguas acerca de su padre? debe ser terrible tener…
- ¡espera! (lo freno) no digas más, no hay que andar repitiendo esas cosas, nosotros menos que menos, somos su amigo, nos necesita, necesita todo nue… nuestro apoyo (le digo un poco dubitativo en la ultima parte).
- tienes razón (me dice Rubén tocándome el brazo) uh… estoy hecho un asco (prosigue él sacudiendo un poco su remera, su hedor, sudor y transpiración eran más que evidentes) me voy a las duchas, vamos (me dice Rubén) vamos al vestuario seguro los muchachos también querrán verte, hace semanas que no venís por estos lares/lugares. 


Estaba dudando, lo más probable es que también me encuentre con Ariel en el vestuario, no quería causar más inconvenientes, aumentarle el disgusto. Rubén le daba indicaciones a Mónica para que le espere en “x” lugar. Entonces Mónica se despide de mi extendiendo su mano un poco inhibida por la presencia de su hermano, fue una despedida algo extraña y forzada ya ninguno de los dos queríamos separarnos. 


Rápidamente llegamos al vestuario, no quería forzar un encuentro cara a cara con Ariel, sin embargo lo primero que hice al entrar fue mirar hacia su casillero, mi corazón latía muy rápido, lo veo, estaba allí, sentado sobre la banca únicamente con una bermuda de jean, poniéndose las medias. E inmediatamente ocurrió lo que me temía, al mirarlo Ariel también me miró, de nuevo hicimos contacto visual, entonces él hizo un leve ruido similar a un suspiro a la vez que negaba con la cabeza y volvió a mirar nuevamente a sus pies terminando de calzarse. 

Ese gesto, esa reacción lo dijo todo, no hizo falta nada más, quería desaparecer, salir corriendo una vez más, pero varios de mis compañeros de equipo vinieron a saludarme y hablarme haciendo una ronda alrededor mío mientras Ariel, quien se mostraba frio, distante e indiferente guardaba sus pertenencias en un bolso. Yo traté de no sucumbir ante Ariel o ante mis compañeros y sostuve mi “alegría falsa”. Entonces escucho a Rubén decir: 

- ¡eh amigo, cambia esa cara! No murió nadie, fue solo un juego, no te calentes, el próximo ganaremos (le decía Rubén a Ariel lanzándole sus medias sucias). 
- sí, tranquilo, un mal día lo puede tener cualquiera (dijo uno de los defensores).
- sí, no te calentes (gritó otro de los compañeros). 

- gracias compañeros (dijo Ariel mientras secaba sus ojos humedecidos) para el próximo no los decepcionaré, lo prometo (continuó a la vez que agarraba su mochila y se dirigía hacia la salida). 


La primer tanda de compañeros ya había salido de las duchas, por lo cual, los que me estaban rodeando se encaminaron hacia el cuarto de baños, entonces intenté salir rápidamente antes de que otros compañeros vengan a saludarme y al dar un paso hacia atrás y al dar la vuelta velozmente, terminé inevitablemente chocando de frente con Ariel, quien justo pasaba detrás mío intentando marcharse. Al chocar con Ariel éste por un segundo cierra los ojos, presiona sus diente y labios como si se estuviera lamentando y/o conteniendo. Él me mira fastidioso, yo no supe que hacer o decir, estábamos enfrentados, cara a cara, frente a frente, cualquier cosa podría ocurrir.


Continuará…
(Capítulo 7 – Lucha)

(Índice de capítulos)

miércoles, 27 de junio de 2018

Capítulo 5 - Amigo: La sombra del pasado, parte 2

Capítulo 5 - Amigo: La sombra del pasado, parte 2

**Los hechos y o personajes aquí relatados son de ficción, cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia**


Hace casi un mes que Ariel venía a nuestra casa para realizar el trabajo practico (maqueta del sistema solar más un informe de esta) el cual debía ser presentado la próxima semana. Ariel pese a ser popular dentro del colegio y destacar en deportes también es muy aplicado en el estudio. En ocasiones la madre de Ariel (ella es enfermera y desempeña su función en un hospital público de la zona) venía con él y se quedaba con mi madre en la cocina interactuando, conversando, a la vez que tomaban algún café, té o mates (infusión a base de yerba mate, consumida tradicionalmente en varios países de América del sur) mientras nosotros hacíamos nuestro proyecto en la sala de estudio.

Veía la humedad que había dejado su lagrima en su mejilla… estábamos solos allí… de pie… inmóviles… el tiempo parecía haberse detenido… la nostalgia se reflejaba en tus ojos… mis ojos no pudieron contener las lágrimas, sentía que todo me daba vueltas… mi cuerpo no dejaba de temblar, temblaba de emoción y a la vez miedo… vos en cambio, estabas radiante, se te veía feliz, en paz… tu rostro dibujaba una perfecta y entrañable sonrisa…


- ¡NOOO…! (grito enérgico y me llevo las manos a la cara, tapándome los ojos y continuo) ¡no eres real…!
- Santiago… (Dice él).

Entonces siento posar sobre mis hombros tus cálidas manos, en ese instante el temblor de mi cuerpo desaparece repentinamente, el mundo dejo de dar vueltas alrededor mío, algo en mi interior cambió, la paz inundó mi ser. Él con sus manos despeja mi rostro con ternura y acaba tomándome ambas manos, entonces lentamente abro los ojos contemplándolo plenamente.

Lo tenía justo en frente, él me miraba con una tenue sonrisa, Matías, mi hermano, era él, su apariencia, su voz, su aura, su esencia, pero… ¿era él realmente? ¿O una vez más mi mente me estaba jugando un truco? Podía sentir la calidez de sus manos a través de las mías, sentía su olor, su respiración, mi alegría era tanta que no dude en abrazarlo, al fin podía abrazarlo nuevamente, sin dejar de abrazarlo baje mi cabeza a la altura de su pecho esperando sentir algo, pude oír y sentir el palpitar de su corazón, entonces lloré desconsolado. Luego de un rato y tras calmarme un poco Matías me dice.

- ¿Ya estas más calmado? Hermano (decía Matías sin dejar de abrazarme).
- Hermanito, no sabes lo mucho que te extrañé, cuantas veces te soñé, cuanto deseé volver a verte, abrazarte y nunca más dejarte ir (le decía mientras lo abrazaba muy fuerte).
- Santi… (Decía él mientras acariciaba suavemente mi cabello) lo sé, se perfectamente lo que sientes, lo que sufres por esas heridas en tu interior, la culpa te está consumiendo (me agarra de los antebrazos y me separa con agilidad y suavidad puesto que no quería soltarlo, me mira y me sonríe como muchas veces lo había hecho en vida) debes superar mi partida, cambiar de actitud y sé feliz.
- No, no quiero, no puedo, no puedo vivir sin vos, me haces mucha falta (le digo y le vuelvo a abrazar lo más fuerte que puedo).
- Santi (decía Matías mientras se liberaba de mi abrazo con relativa facilidad) ¡escúchame hermano! (poniéndose serio) no puedes seguir así, castigándote, tenes que seguir adelante, aferrarte a los vivos, debes dejarme ir y… (Extiende su mano derecha y la coloca sobre mi pecho, sobre mi corazón) debes perdonarte, volver a llenar ese vacío que dejé en tu corazón.
- ¡NO!, no puedo, no me lo perdonaré nunca, yo te maté, por mi culpa estas muerto, no debí llamarte marica ni incitarte a subir al árbol por la pelota… lo siento ¡perdóname! (le digo dejándome caer al piso de rodillas y rompiendo a llorar, entonces continuo) ¡debí haber subido yo, el que debía de haber…!
- Detente (me interrumpe Matías poniéndose de arrodilla conmigo y tapando mi boca con una de sus manos) ¿aún no lo entiendes? Sos y serás siempre mi hermano, no importa lo que pase o que tan lejos estemos, siempre te llevo aquí (agarra mi mano y lo lleva a su pecho con determinación y firmeza) en mi corazón, además el perdón es amor, vos te mereces amar y ser amado, libérate del dolor, sos una gran persona, un buen hijo, buen amigo, y sobre todo un buen hermano, mereces ser feliz… yo no tengo nada que perdonarte Santi, te amo muchísimo hermano, si tuviera que volver a dar la vida por vos lo volvería a hacer con gusto.
- pero no es justo ¿por qué tuvo que ser así? ¿Por qué vos? (pregunte obstinado).
- son los designios de la vida, no es culpa tuya, un día estamos y al otro no, por eso debes ser feliz hoy, haz las paces contigo mismo, apóyate en las personas que te rodean para seguir adelante, recuerda que el perdón es amor, eres digno de él, mereces ese perdón, la libertad que anhela tu corazón está en el perdón y la aceptación.

Yo simplemente contemplaba a Matías, no entendía por completo mucho de lo que este me decía, sin embargo era feliz de nuevo vibraba de emoción, fuese o no real, yo estaba realmente feliz, feliz de verlo, de sentirlo, de abrazarlo, estar con él como cuando éramos más niños, le sonreí, se sentía tan bien hacerlo.

Matías ahora también me contemplaba en silencio, me acaricia la mejilla un instante, luego me aprieta esta zona con su dedo pulgar e índice, así como generalmente se lo hacía yo a él, empezamos a reírnos de la nada uno atrás del otro, seguimos con ese jueguito unas veces más, nos volvemos a abrazar por unos instantes y entonces interrumpe diciendo.

- ¿sabes que te quiero mucho, verdad? Agradezco haber tenido un hermano extraordinario como vos, vivimos grandes momentos juntos, tuve una vida magnifica… (Decía Matías mientras yo dejaba de abrazarlo y lo miraba algo triste, pues intuía algo) entonces… esta es nuestra despedida Santi, aquella que en vida no pudimos tener.
- ¿Qué? No, no me dejes, no otra vez… por favor, te lo ruego… no lo soportaré una segunda vez.
- No estás solo, estoy siempre presente, en una flor, en el aire que respiras, en todas partes, también entre tus familiares y amigos, en cada una de las personas que te quieren, ahí estaré yo (me decía Matías mientras me agarraba de la cabeza y me da un beso en la frente y continua) te quiero hermano… adiós Santiago, ya no volveré.
- ¡NOO HERMANO ESPE...!

Grité desconsolado, sin embargo me detuve, empecé a notar como Matías comenzaba a desintegrarse desde el lado izquierdo en forma de vapor con un leve tono blanquecino y al cabo de unos sendos se había desvanecido por completo en mis brazos, una lagrima cayo de mi mejilla al piso, justo en ese instante vuelvo a la realidad en un pestañeo. Ahí estaba Ariel de pie guardando un cuaderno en la mochila, entonces dice.

- Adiós Santiago… (Dice Ariel resignado cerrando el cierre de su mochila) ya no volveré.

Al oír eso de parte de Ariel me levanto rápidamente de la silla sorprendido, esa fueron las últimas palabras de Matías, exactamente esas, entonces recuerdo algo que me había dicho antes Ariel “siento que te quiero, que te conozco de antes y no sé por qué…” y seguidamente viene a mi mente las palabras de Matías “…entre tus familiares y amigos, en cada una de las personas que te quieren, ahí estaré yo…” confundido lo único que hago es gritar con todas mis fuerzas.

- ¡AHHHHHH…! (mientras me agarro de los cabellos) ¡NOOOOO…! (grito nuevamente y luego doy un golpe de puño a la mesa)

Me quedo apoyando y sosteniendo mi cuerpo con mis puños sobre la mesa mientras se normaliza mi respiración. Ariel quedo atónito, con la mano en el picaporte y la puerta semi-abierta, entonces yo levanto la cabeza, lo miro y le digo.

- no te vaya… por favor… ayúdame… no me dejes (mi cuerpo empieza a temblar y a llorar, las lágrimas caen sobre las hojas de mi cuaderno manchándolas) por favor… (le supliqué).



En ese momento Ariel se deshace rápidamente de la mochila que tenia en su espalda dejándola caer al suelo, rápidamente se acerca hacia mí y me abraza fuerte. En esos momentos ingresaron mi madre y la madre de Ariel a la sala de estudios, mis gritos las hicieron venir a ver rápidamente y al ver la situación y oír parte de mis suplicas, la madre de Ariel detiene a mi madre del brazo antes de que ella pueda llegar a mí, la hace retroceder mientras con la cabeza le hace un ademán (gesto) de “no” y luego en voz baja le dice “espera, observa” (posiblemente, ella por su trabajo está acostumbrada a lidiar y tratar con los traumas y/o perdidas de sus pacientes y familiares) mi madre hace caso tapándose la boca con ambas manos llorando en silencio viendo la situación.

Mi madre le había contado a Ariel y su madre que estaba deprimido por la muerte de Matías, y que el trabajo práctico en conjunto (la maqueta y el informe) debían hacerse únicamente en nuestra casa por ese motivo. También le dijo a Ariel que me tenga un poco de paciencia, puesto que lidiar conmigo podría no ser sencillo. Ellos entendieron y aceptaron, hasta ofrecieron su ayuda para lo que necesitáramos.

- tranquilo, aquí estoy (me decía Ariel mientras me acariciaba en la espalda y la cabeza).
- ¡no quiero seguir así…! (le decía a Ariel sin dejar de llorar ni temblar) Ariel… (Le digo mientras lo miro a la cara) quiero ser fuerte, no quiero seguir cargando con este dolor en el pecho, ya no quiero llorar… ayúdame… ¿quieres ser mi amigo?
- Claro que si Santi, siempre te vi como un amigo (me dice Ariel y pone su frente con la mía) incluso podrías convertirte en un hermano para mí.
- no estás solo hijo, yo siempre estaremos para vos, pase lo que pase (acotó mi madre). 


Yo les sonrío, cierro mis ojos sobre los hombros de Ariel y suspiro aliviado, un gran peso se liberaba de mi espalda, finalmente aceptaba las cosas como eran, liberándome de las cadenas que me ataban al pasado, mi cuerpo no dejaba de temblar, entonces siento otro abrazo, era mi madre, estaba abrazándonos (a Ariel y a mi) con lágrimas en los ojos a la vez que me besaba por toda la cara.

- ya ma… (Le decía a mi madre en un estado de relajación pura, ya casi no temblaba, sin embargo la cabeza empezaba a darme vueltas) estoy bien, deja de darme tantos besos.

No sé cómo ni cuándo Ariel se liberó de los abrazos, pero yo me sentía cada vez más exhausto, con sueño, el cambio me había provocado una gran fatiga.

- te amo tanto hijo (decía ella emocionada)
- Me siento cansado (dije) tengo… mucho… sueño… (Apenas logre terminar la frase, mis parpados me pesaban, me estaba quedando dormido).
- Santi… Santi… (decía mi madre mientras yo perdía el conocimiento).

Dos horas después despierto en mi cama, me incorporo, estoy algo confundido, tenía un leve dolor de cabeza, me cuestiono si todo fue real, entonces entra Karina (mi hermanita) corriendo torpe y lentamente a mi habitación, ella corrió a mis brazos, yo la abrace y levante a mi cama, mi actitud había cambiado, no sentía la necesidad de ser frio o distante. Desde la puerta escucho a mi madre preguntar

- ¿Cómo te sientes hijo?
- bien, creo… ¿Qué pasó? (pregunté)
- te desmayaste, tu cuerpo no aguantó el estrés y la carga emocional que liberaste hoy, pero no te preocupes, la madre de Ariel dijo que eso era normal.



Yo simplemente le sonrió, en eso escuchamos que llegaba mi padre del nuevo trabajo, mi madre fue a recibirlo y Karina se quedó conmigo, jugando con algunos de mis peluches. Al mirar hacia la mesita de luz (mesa de noche) veo sobre ella un papel, comienzo a leerlo y se forma una sonrisa en mi rostro, luego lo doblo al medio, me levanto, voy hacia mi pequeña biblioteca (librero) saco el libro favorito de Matías (“El principito”, autor: Antoine de Saint-Exupéry) y entre medio de sus páginas guardo esa nota, coloco el libro nuevamente en su lugar y vuelvo a la cama para jugar con mi pequeña hermana.

Mis piernas me pesaban, avanzaba muy lentamente, los mosquitos me sobrevolaban, zumbaban en mis oídos, no podía más, estaba agitado, me costaba respirar con normalidad, me detengo, me agacho sosteniéndome de mis rodillas tratando de recuperar el aliento. Era una noche tranquila, despejada, entonces comenzó a oírse algunos estruendos, bombas, petardos, el cielo estrellado se iluminaba con los fuegos artificiales a la vez que se oían los festejos de grandes y chicos provenientes de sus hogares, el súper clásico (partido de futbol) había terminado ¿quién habrá sido el ganador? Cierro mis ojos tratando de no pensar en nada, mi mente rápidamente comienza a quedar en blanco, todos esos ensordecedores sonidos se van apagando y en la blancura de mi mente se va formando algo, una figura, humana, Matías, después de varios años volvía a aparecer su figura, estaba sonriéndome. Entonces abro los ojos de golpe, inhalo y exhalo profundamente un par de veces tratando de normalizar mi respiración, doy unos golpes a mis piernas por encima de las rodillas a ver si éstas reaccionan, me coloco en posición como si fuera a empezar una carrera... miro el horizonte con una actitud desafiante, respiro profundo una vez más.

- nunca más... (Quedándome en esa posición por unos instantes, expectante, listo para correr)

Se oye un gran estallido, aquello era la señal, entonces salí a toda prisa, comencé a correr, lo hacía lento, mis piernas seguían entumecidas, mi cuerpo se sentía pesado, entonces tropiezo y caigo de lleno al suelo resbalándome unos metros sobre la calle de tierra raspándome algunas partes del cuerpo.

- ¡MIERDA…! (grito desde el suelo) no volveré a caer… (Decía mientras me levantaba del suelo).

Vuelvo a colocarme en posición, tenía restos de arena pegados al cuerpo, los mosquitos volvían a alimentarse de mí, de nuevo me puse en marcha y con un gran grito de “¡AHHHH...!” comienzo a ganar velocidad, cada vez iba más rápido. La presión y velocidad hacia que tanto los mosquitos como la arena que traía en el torso desnudo hicieron que se quedaran atrás, En ese momento lo único que quería era correr, no me importaba nada, ni siquiera la negativa del médico para realizar aquella práctica, mi rodilla parecía responder favorablemente, corrí y corrí hasta perderme en el horizonte, me sentía libre...



Continuará…

(Capítulo 6 – Cruzando miradas)
(Índice de capítulos)

lunes, 11 de junio de 2018

Capítulo 4 - Trauma: La sombra del pasado, parte 1

Capítulo 4 - Trauma: La sombra del pasado, parte 1 


**Los hechos y o personajes aquí relatados son de ficción, cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia** 


Estaba en una especie de trance, caminando lentamente (deseaba escapar lo más lejos posible, corriendo, pero no podía, sentía que las piernas me pesaban, temblaban, apenas conseguía caminar) por las cálidas y casi desiertas calles del barrio, algunos niños jugaban en algunas cuadras, posiblemente todos estarían viendo el súper clásico que aún no llegaba a su fin. Estaba anocheciendo, los mosquitos estaban apareciendo y "picando" a todo ser vivo que no esté resguardado o con algún tipo de protección, yo era presa fácil, mi torso superior, así como mis brazos y piernas estaban descubiertas, por ende estos insectos hacían de mi cuerpo un festín, no tenía reacción, no sentía nada, ninguna molestia, ningún picazón, ningún dolor físico, sin embargo, por dentro, el dolor quebraba mi alma, todo mi ser sufría en silencio, quería gritar, pero tampoco podía, hacía años que no me había sentía así, no desde que Matías me dejó, era imposible no recordarlo, las sensaciones que provocó su partida eran similares a las que sentía en este momento. 
Sentía que hice añicos (destrozar) varios años de amistad y compañerismo, era un completo idiota, ni siquiera podía comprender lo que había pasado, lo que había hecho, eso… ¿por qué? ¿Hay algo mal en mí?, pensé.

Fueron las 7 cuadras más agónicas (aflicción extrema) de mi vida, recordando todos esos años junto a mi amigo Ariel, las circunstancias que llevaron a conocernos, nuestros inicios, nuestros grandes momentos, nuestros juegos, las travesuras, nuestras pasiones, todo lo que habíamos vivido juntos, todo, mientras mis ojos no podían contener las lágrimas de tristeza.

  Matías y yo nos llevábamos con dos años de diferencia, éramos hermanos, inseparables, como uña y mugre, siempre pegados, juntos, nos llevábamos muy bien, solo éramos él y yo, jugábamos todo el tiempo, nos entendíamos tan bien que no hacían falta palabras, un gesto, una mirada y ya sabíamos lo que el otro quería. Yo, al ser el mayor siempre estaba pendiente de él, cuidándolo, viendo que nada le falte. Al despertar cada mañana, lo primero que hacía era mirar hacia la cama contigua, veía en silencio como dormía mi hermanito, me encantaba verlo así, parecía un ángel, y adoraba sus posturas al dormir, era muy estriónico, y tras algunos minutos ya no podía resistir más, entonces rápidamente iba y me tiraba en su cama, arriba suyo, despertándolo por sorpresa, y poco a poco Matías se iba despertando, iniciando nuestros juegos ya desde temprano… A veces, cuando Matías se despertaba de madrugada, él pasaba a mi cama, conmigo, yo al darme cuenta de su presencia lo abrazaba, me fascinaba que se metiera en mi cama a mitad de la noche, era tan cálido, y así seguíamos durmiendo, completando las horas de sueño que faltaban. 

En julio del 2004 (hace 6 años) cuando yo tan solo tenía 12 años, Matías fallece en un trágico accidente, sumiéndome en una profunda crisis con ciclos de internaciones médicas producto del trauma vivido. Casi un año después de este suceso, ya casi no tenía ningún episodio crítico, sin embargo, aún seguía inmerso en una depresión de la cual no podía salir, no podía superar, ni aceptar que mi hermanito ya no se encontraba entre nosotros, me sentía culpable, culpa que me atormentaba día y noche.



La psicóloga, tras varios meses de terapia familiar recomendó mudarnos, cambiar de aires, esto ayudaría y aceleraría mi proceso de aceptación y recuperación de la tragedia, y además, la posterior sanación del trauma. Como opción, esta parecía la mejor, era una decisión difícil, mis padres ya no tenían alternativas, puesto que ninguna de las terapias ni medicamentos mejoraban mi situación, incluso parecía que lo empeoraban, y como efecto secundario apareció la ansiedad, el cual canalizaba comiendo. Al tiempo tenía más de 25 kilogramos por encima de mi peso normal/ideal (41 kg) aumentando semana tras semana.
Soñaba con Matías casi todas las noche, me despertaba gritando y llorando angustiado. Durante el día también veía a mi hermano en todas partes, ya no sabía que era real y que no, me estaba volviendo loco, cada día era más retraído y reservado (introvertido), me aislaba de todos, mi único refugio era Manchas, un perro (cruza/mezcla con raza Beagle) que le había regalado su madrina a Matías en su niñez y él lo nombró Manchas. Dado mi sobrepeso, mi reciente carácter introvertido y mi constante inexpresividad, comencé a sufrir bullying en mi escuela (acoso físico y/o psicológico), la vida me parecía cruel e injusta, ya solo llenaba mis días con comida. 

A raíz de experimentar la muerte en primera persona, desarrollé una obsesión, fobia hacia la muerte o estados relacionados, no podía ver sangre, gente inconsciente, desvanecida o muerta porque me angustiaba de sobre manera, me paralizaba y/o entraba en un estado de paranoia irracional aislándome de todos, evitando cualquier contacto humano.

Finalmente y como consecuencia directa del abrupto fallecimiento de Matías nos mudamos en Abril del 2005 a El Trébol, Santa Fe, Argentina, instalándonos en esa nueva provincia (estado/departamento) sin saber que nos depararía el futuro. Mis padres hacían malabares sorteando las dificultades, sobre todo las primordiales: a) mi estado psicológico, físico y la adaptación a mi nuevo hogar (barrio, escuela, amigos), b) situación económicos (mi padre no tenía trabajo, tenían algunos ahorros más lo que le quedó de la venta de nuestra anterior vivienda y la compra de esta nueva casa, pero sin un trabajo fijo y estable no duraríamos mucho), entre otras.

En ese entonces mi hermana Karina tenía 1 año de edad, por lo que mi madre estaba más abocada (pendiente) a ella y en la mudanza, o así lo vivía yo, lo experimentaba de esa forma. Esto me hacía sentir marginado, no deseado, no querido, culpable por no haber podido cuidar bien de Matías. Mis padres, en especial mi madre había hablado conmigo de todas las maneras posibles, apoyándome, dándome ánimos, cariños, pero todo era en vano, para mí todo era una farsa, como podrían perdonarme luego de haber matado… Ya no me importaba nada, había perdido a mi único amigo, no tenía interés en hacer otros, mientras menos interacción social tuviera mejor, comenzaba a llevar una vida monótona y aburrida. A los días de mudarnos comencé la escuela secundaria.

Ese primer día de escuela, mientras la maestra de turno junto con la directora del establecimiento me presentaban ante los alumnos del salón diciéndoles que me dieran una cálida bienvenida, yo todo el tiempo estuve con la cabeza mirando al piso, y cuando levante la vista no pude evitar fijarme en uno de los chicos del salón, cruzamos miradas, un escalofrío recorrió mi cuerpo, sentía como mi pulso se incrementaba, mi corazón bombeaba intensamente, parecía salirse de mi pecho. Este compañero tenía algo que me hacía recuerdo a mi difunto hermano, el parecido físico no era tanto, era algo más allá de eso, algo trascendental, al mirarlo a los ojos y ver su mirada penetrante y a la vez cálida me recordó a Matías, vi en él su esencia, su luz, el mismo corazón y alma libre y puro. Su nombre era Ariel, 14 años, carismático, alegre, amigable, súper extrovertido, amante del deporte, con una gran y cálida sonrisa y un aura especial, todos querían ser su amigo, irradiaba y contagiaba felicidad a todo el que lo rodeaba. Yo un poco confundido por esta situación me aislé en el fondo del salón evitando cualquier acercamiento o interacción con mis nuevos compañeros, en especial con Ariel, ya que este por alguna razón me intimidaba, hasta me provocaba temor.

Con el correr de los días era inevitable, y a su vez más frecuente el hecho de levantar la cabeza y mirar a Ariel, incluso en muchas oportunidades éste se daba vuelta hacia atrás en el momento indicado para poder verme, cruzando miradas, como si supiera el momento preciso en el cual lo estoy observando, incluso me ha regalado varias veces una sonrisa mientras conectábamos visualmente, pero yo todas las veces bajaba la cabeza ignorándolo. Inconscientemente comencé a prestarle más atención, a su personalidad, como se desenvolvía con los demás, su carisma, por primera vez luego de mucho tiempo quería sociabilizar con alguien, con él, hablarle, sin embargo guardé distancia y callé.

Días más tarde, por cosas del azar o del destino, como si una fuerza tratara de unirnos, me toco hacer grupo de estudio con Ariel. Para dicha tarea era necesario que nos juntáramos después de las horas de clases, por lo que Ariel comenzó a ir a mi casa y con ello poco a poco se fue adentrando en mi vida, mi familia, conociendo un poco más de mí y de mi pasado.
Sentía cierta afinidad hacia Ariel, sin embargo aún no podía abrirme a éste, me resguardaba en mi coraza, interactuando con él lo menos posible, incluso de a momentos me costaba mirarlo, tenerlo cerca, había culpa en mi corazón. Ariel me tenía paciencia, mucha, parecía querer ayudarme (sobre todo luego de adentrarse un poco más en mi historia), hasta que un día, ya no supo más que hacer o como tratarme… 

- ¡No puedo más! (soltó Ariel con un suspiro de resignación) por más que lo intente nunca podré…

Ariel suspira nuevamente cortando su discurso mientras intenta conectar su mirada con la mía, pero es inútil, entonces da un golpe de puño sobre la mesa haciendo saltar levemente los libros y cuadernos, y a su vez me hace vibrar e inmediatamente me contraigo de hombros y bajo la mirada, mientras Ariel levantando la voz dice.

- ¡MÍRAME! (me grita Ariel, luego continua con su tono normal de voz) por favor…

En ese instante Ariel pone su mano sobre la mía, la cual se encontraba sobre la mesa y la aprieta levemente. Yo en vez de verlo a la cara miro nuestras manos.

- Sabes Santi, por alguna razón desde que te vi me caíste bien, había algo especial en vos, algo que ahora se está apagando, quería ser tu amigo pero no me dejas serlo… siento que te quiero, que te conozco de antes y no sé por qué, incluso creo que te soñé antes de conocerte… verte mal, me hace mal…

Enconches suelta mi mano y se levanta de la mesa guardando con sus cosas en la mochila sin muchas ganas y con tristeza mientras me observaba tratando de encontrar una reacción en mí, sin embargo yo seguía inmóvil.

- Me gusta estar contigo, pero me gustaría que estemos bien (decía Ariel mientras guardaba su ultimo cuaderno) pero si no luchas, si no pones un poco de esfuerzo y voluntad nunca podrás superar nada, ya no sé qué hacer, dime como ayudarte (mientras por sus mejillas rodaban unas gotas).

Hubo unos segundos de silencio, éste era tal que se podía oír claramente el movimiento de las manecillas (agujas) del reloj que estaba a unos metros sobre la pared, entonces Ariel prosiguió.

- Adiós Santiago… (Dice Ariel resignado cerrando el cierre de su mochila) ya no volveré.

Me sentía extraño, mi cuerpo comenzó a temblar, como si este estuviera tratando de decirme algo, cerré fuerte los puños y los ojos tratando de contener así los temblores, pero era inútil, estos no dejaban de sucumbir todo mi ser, entonces aflojo los puños y los ojos abriéndolos lentamente mientras levantaba la cabeza viendo primero mis manos, luego la mesa, la mochila y la parte inferior del cuerpo de Ariel subiendo lentamente hasta llegar a su rostro… me levanto del asiento bruscamente mirándolo atónito, no podía entender lo que mis ojos veían, de repente mis ojos expulsaron lagrimas ¿lágrimas de tristeza? o … 


- ¡Matías!... (exclamo desconcertado).


Continuará…
(Capítulo 5 - Amigo: La sombra del pasado, parte 2)