martes, 10 de julio de 2018

Capítulo 6 - Cruzando miradas

**Los hechos y o personajes aquí relatados son de ficción, cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia**


Al entrar a casa voy directa y rápidamente al baño, mi madre estaba preparando la cena con la ayuda de Karina (mi hermanita de 6 años), quien al escuchar y verme pasar salió rápidamente a mi encuentro pero yo me metí rápido al cuarto de baño y puse traba (cerré con llave) a la puerta antes que ella pudiera alcanzarme. Karina se quejó que no me pudo ver y abrazar, enseguida llegó mi madre y golpeando la puerta 2 veces dijo.


- Santi hijo ¿Está todo bien?
- sí, sólo quería tomar una ducha antes de ir a la cama (le dije desde adentro mientras dejaba correr el agua de la ducha).
- ¿tan temprano? ¿No piensas cenar? (pregunta ella sorprendida) hice berenjenas al horno con queso ¿seguro estas bien?
- ¡no, gracias ma! solo estoy algo cansado y no veo la hora de meterme a la cama (expuse yo).


Finalmente mi madre no dijo nada más y se llevó a Karina con ella, quizá sospechaba que algo no andaba bien, por eso vino a verificar la situación, ella sabe que a veces es mejor dejarme solo, necesito tiempo y espacio. El agua de la ducha aparte de limpiar mis heridas producto de la caída hacían además que éstas me ardan un poco al contacto. 

Ya en mi habitación, me pongo una remera suelta que uso de pijamas y un bóxer y me meto a la cama. La ducha hizo que me relajara un poco, mi cuerpo estaba distendido, podía sentir una especie de leve palpitar en mi rodilla lastimada, no dolía ni molestaba, simplemente era una sensación, como si estuviera latiendo. Cierro los ojos y recuerdo la situación vivida con Ariel, de cómo lo agarraba y lo atraía hacia mí, de cómo muertas frentes estaban unidas, de cómo nuestro labios estaban tan cerca y aun así no se pudieron fundir, mientras deslizaba mi mano por debajo de mi remera tocando mi zona abdominal. Entonces al percatarme de ello dejo de acariciarme, abro los ojos y en voz alta murmuro.


- ¿pero qué estás haciendo Santiago? (me digo a mi mismo agarrándome la cabeza).

Estuve en silencio mirando el techo con las manos debajo de mi cabeza, rememorando, pensando, cuestionándome si era gay, si lo que había hecho me convertía en homosexual. No hallaba respuestas a ninguna de mis interrogantes, era inútil seguir pensando en ellas y sin darme cuenta poco a poco me fui quedando dormido.

Algunos días después asisto a un partido de nuestro club (Club de los Andes) pero voy como un espectador más (en las gradas), estaba interesado en ver cómo le iba a mi equipo, pero lo que en verdad quería era ver a Ariel, por lo menos desde lejos, quería saber cómo estaba ya que desde aquel día no he vuelto a saber de él. Mi madre me había comentado hace dos días que Ariel se había cortado las manos pero que no era nada grave, que estaba bien. También me preguntó si estaba al corriente de eso y si pasaba algo entre nosotros, que no dudara en contarle cualquier cosa, ella siempre me apoyará sin importar nada, que cuando necesite ella siempre estará ahí, se lo agradecí mucho pero no le dije nada, seguramente ella percibía que algo me preocupaba. 

El sonido del silbato daba inicio al juego, el Club de los Andes versus (contra) el Club Merlo, era un partido amistoso, sin embargo ninguno de los dos clubes quería perder, era un duelo de barrios. Todos parecían tener un buen desempeño futbolístico, mis compañeros de equipo se desenvolvían como de costumbre, era un encuentro agradable de ver. En un momento Rubén (un compañero del club y a la vez amigo de Ariel y mío) quien se desenvolvía de defensor me ve en las gradas y levanta su mano (puño cerrado y pulgar arriba) saludándome, yo le devuelvo el saludo y en ese momento me di cuenta que Ariel también me había visto, él me miraba fijamente, yo le devolví la mirada y por más que aquello duró tan solo un segundo, pude notar en ellos ira, resentimiento, desprecio.
Entonces Ariel dejó de mirarme y siguió corriendo, buscando la pelota, sin embargo, algo en él cambió, toda su destreza, dominio y habilidad con la pelota había desaparecido, su título e insignia de capitán del equipo parecía quedarle sumamente grande, estaba disperso, a la vez que irritado y molesto por desempeñarse tan mal, probablemente verme allí le afectó, lo descolocó tanto física como mentalmente. 

No me había percatado de la presencia de Mónica (hermana de Rubén) en uno de los extremos de las gradas, posiblemente ella me estaba observando desde hace rato y yo no me percaté de ello. Sentía que no podía seguir allí, observando la frustración y desesperación de Ariel, de alguna forma su malestar también llegaba hasta mí, concluí que el haber asistido al juego había sido un error, no debí haberlo visto y mucho menos él a mí, entonces me levante de las gradas y al dirigirme hacia la salida me intercepta Mónica agarrándome del brazo a lo que me doy vuelta para ver quién es. 

- Sa… Santiago… ¿ya te vas? (pregunta ella tímidamente sacando su mano de mi brazo). 
- ¡Mónica! (respondo sorprendido) ¿Cómo estás? hace mucho que no te veía.
- bien gracias (responde ella mirando a otras direcciones evitando mirarme la cara) te vi y… te vi y quise preguntarte como estabas de tu rodilla (soltó ella velozmente luego de haber tomado una bocanada de aire).
- ah estoy bien, pronto podré volver al equipo (le respondo sonriendo, al parecer Mónica sentía vergüenza, entonces continué) discúlpame Moni pero me estaba yendo.
- Ah bueno (dijo poniéndose algo triste) em... me preguntaba si... (decía ella a la vez que con su dedo jugaba con un mechón de su cabello) ¿querrías ir a tomar algo conmigo a algún lugar?... es que tengo la garganta un poco seca ¿quieres? (preguntó ella ruborizándose y agachando la cabeza). 


En ese momento recordé las palabras de Ariel “creo que Mónica, la hermana de Rubén está muerta con vos, tenes que avanzar ahí” entonces, instintivamente la agarro suavemente de su delicado mentón y le hago levantar la cabeza haciendo que me mire con sus cálidos, acuosos y profundos ojos azules (no me había percatado de ello hasta ahora) contrastando perfectamente bien con su tono de piel blanquecina. 

- ¡claro!, me encantaría acompañarte (dije naturalmente con una voz seductora)… ¿vamos? (le pregunté mientras le soltaba del mentón y le tendía mi mano). 

Mi actuar fue de lo más natural, instintivamente, no lo planeé. Ella se sonrojó aún más y luego de un segundo agarra mi mano tierna y suavemente. Entonces fuimos con Mónica tomados de la mano hasta un puesto de venta ambulante, al llegar allí ella me suelta la mano pudorosamente, quizá le dio vergüenza que nos vean así. Compramos dos jugos de naranja exprimidos, los cuales obviamente pagué yo y nos sentamos a conversar tendida y plácidamente como dos viejos amigos en un banco (asiento) libre al costado de la cancha sin prestar demasiada atención al juego o a los típicos sonidos producidos por este lugar.


Realmente disfruté mucho de su compañía, fue muy agradable conversar con ella, no paraba de reír con ella, de su simpatía, de su espontaneidad y de sus elocuencias. Ciertamente en todo ese rato con Mónica logre olvidar por completo a Ariel, incluso dejé de percibir el mundo que nos rodeaba, ella ocupaba toda mi atención, con su luz hizo que la culpa, la tristeza y el malestar que Ariel había producido en mi corazón desaparecieran. 

Ninguno de los dos se había percatado que la disputa (el juego) ya había terminado, aun con un gran caudal de personas que pasaban alrededor nuestro, no nos dimos cuenta, hasta que siento como una mano presiona mi hombro. 

- ¿Qué hacen ustedes dos acá? (dice Rubén muy serio y enojado). 

Entonces veo como la cara de Mónica se vuelve blanco del susto y la vergüenza, entonces yo me levanto seriamente me pongo frente a él y le digo. 

- solo conversábamos ¿acaso está prohibido hablar con tu hermana?
- cuidado con el tono que estas usando (dice Rubén advirtiéndome). 


Nos miramos fijamente levantando nuestras cabeza y sacando pecho como si fuéramos gallos (ave domestica) a punto de empezar una riña (pelea/duelo), y… a los segundos nos empezamos a reír y saludar con Rubén, solo estábamos actuando, fingiendo, Mónica nos miraba sin entender nada porque ella creyó realmente que estábamos a punto de pelear. 

- ¿Cómo estas amigo? (le digo mientras estrechaba su mano y chocábamos hombros) ¿seguís en la obra con tu padre? Alto brazo estas sacando (le dije apretándole su bíceps).
- dios… son unos idiotas (dijo Mónica suspirando aliviada) ¡hombres…! (rezongó). 


Yo la miré, le sonreí y me encogí de hombros como si le estuviera diciendo “paciencia, es lo que hay, es lo que somos, muy básicos”. 

- si estoy a full laburando con mi viejo, le doy una mano y de paso hago un poco de plata (dice Rubén rápidamente sin darle mucha importancia al comentario de Mónica) Che Santi… ¿cuándo te reincorporas al equipo? (me pregunta él). 
- aun no lo sé, supongo que pronto.
- Esperemos… porque tu amigo parece que te extraña (decía Rubén sarcásticamente refiriéndose a Ariel) está jugando cada vez peor, hoy no pudo concretar ni un solo pase y el entrenador lo sacó y lo mando a las duchas en el segundo tiempo.
- ¡no! ¿En serio lo sacó? ¿Al capitán? (le pregunto sorprendido y pensativo, nuevamente pensé que Ariel estaba así por mi culpa, “debo irme” concluí en mi mente).
- ¡si…! (dice Rubén y luego continua reflexivo) No debe de estar pasando un buen momento familiar, ¿has escuchado lo que dicen las malas lenguas acerca de su padre? debe ser terrible tener…
- ¡espera! (lo freno) no digas más, no hay que andar repitiendo esas cosas, nosotros menos que menos, somos su amigo, nos necesita, necesita todo nue… nuestro apoyo (le digo un poco dubitativo en la ultima parte).
- tienes razón (me dice Rubén tocándome el brazo) uh… estoy hecho un asco (prosigue él sacudiendo un poco su remera, su hedor, sudor y transpiración eran más que evidentes) me voy a las duchas, vamos (me dice Rubén) vamos al vestuario seguro los muchachos también querrán verte, hace semanas que no venís por estos lares/lugares. 


Estaba dudando, lo más probable es que también me encuentre con Ariel en el vestuario, no quería causar más inconvenientes, aumentarle el disgusto. Rubén le daba indicaciones a Mónica para que le espere en “x” lugar. Entonces Mónica se despide de mi extendiendo su mano un poco inhibida por la presencia de su hermano, fue una despedida algo extraña y forzada ya ninguno de los dos queríamos separarnos. 


Rápidamente llegamos al vestuario, no quería forzar un encuentro cara a cara con Ariel, sin embargo lo primero que hice al entrar fue mirar hacia su casillero, mi corazón latía muy rápido, lo veo, estaba allí, sentado sobre la banca únicamente con una bermuda de jean, poniéndose las medias. E inmediatamente ocurrió lo que me temía, al mirarlo Ariel también me miró, de nuevo hicimos contacto visual, entonces él hizo un leve ruido similar a un suspiro a la vez que negaba con la cabeza y volvió a mirar nuevamente a sus pies terminando de calzarse. 

Ese gesto, esa reacción lo dijo todo, no hizo falta nada más, quería desaparecer, salir corriendo una vez más, pero varios de mis compañeros de equipo vinieron a saludarme y hablarme haciendo una ronda alrededor mío mientras Ariel, quien se mostraba frio, distante e indiferente guardaba sus pertenencias en un bolso. Yo traté de no sucumbir ante Ariel o ante mis compañeros y sostuve mi “alegría falsa”. Entonces escucho a Rubén decir: 

- ¡eh amigo, cambia esa cara! No murió nadie, fue solo un juego, no te calentes, el próximo ganaremos (le decía Rubén a Ariel lanzándole sus medias sucias). 
- sí, tranquilo, un mal día lo puede tener cualquiera (dijo uno de los defensores).
- sí, no te calentes (gritó otro de los compañeros). 

- gracias compañeros (dijo Ariel mientras secaba sus ojos humedecidos) para el próximo no los decepcionaré, lo prometo (continuó a la vez que agarraba su mochila y se dirigía hacia la salida). 


La primer tanda de compañeros ya había salido de las duchas, por lo cual, los que me estaban rodeando se encaminaron hacia el cuarto de baños, entonces intenté salir rápidamente antes de que otros compañeros vengan a saludarme y al dar un paso hacia atrás y al dar la vuelta velozmente, terminé inevitablemente chocando de frente con Ariel, quien justo pasaba detrás mío intentando marcharse. Al chocar con Ariel éste por un segundo cierra los ojos, presiona sus diente y labios como si se estuviera lamentando y/o conteniendo. Él me mira fastidioso, yo no supe que hacer o decir, estábamos enfrentados, cara a cara, frente a frente, cualquier cosa podría ocurrir.


Continuará…
(Capítulo 7 – Lucha)

(Índice de capítulos)

martes, 3 de julio de 2018

(02) Eva y Levi

( Continuación de (01) Adam y Eva

Yo tenía alrededor de 20 años cuando le confesé a Eva (mi actual esposa) que me gustaban los hombres y que ya había experimentado el sexo con uno (Adam) producto de mi sospecha (que ella sentía amor hacia mi) entonces decidí contarle mi secreto para que así se “des-enamore” de mí y para que no me vea como un posible candidato a novio/pareja/marido. Naturalmente ella se alejó de mí, por un tiempo. 

Corría el año 2009 (yo tenía 19 años) y hacía pocos meses había egresado de la escuela secundaria. Siempre fui muy cerrado, apático, introvertido, poco sociable, poco conversador, para nada demostrativo, siempre con una actitud seria en el rostro y muy conservador en todo lo referido hacia mí. Lógicamente no tenía muchos amigos, y los que tenían eran amigos de paso, de transición (compañeros de clases y vecinos) era un chico muy solitario, vivía en una burbuja.

Ese año comencé a estudiar una carrera corta
(3 años) por la tarde/noche y es entonces que conozco a Félix (él es 3 años mayor, heterosexual) teníamos algunas materias en común y además daba la casualidad que vivíamos a una cuadra de distancia. Empezamos a tener cierto vinculo, siempre que coincidíamos emprendíamos el regreso a casa juntos, conversando de cualquier cosa, riéndonos, y así, poco a poco fue convirtiéndose en mi amigo (fue él quien tiempo después me introdujo en su grupo de amigos, entre los cuales estaban Eva y Leví) y más tarde en mi confidente. 


En ese tiempo tenia las hormonas exaltadas (propio de la edad), el sexo me daba mucha curiosidad, quería experimentarlo, vivirlo, consumía mucha pornografía a través de internet (videos de sexo tanto hetero como homo, pasado un tiempo ya solo veía el porno gay) y por consiguiente me mataba (excesivamente) a pajas (masturbación) con un record de 8 o 9 acabadas (eyaculaciones) en un par de horas, era un vicioso, un enfermo, esos videos me volvían loco (aun lo hacen jeje). Seguía siendo virgen, entonces empecé a buscar información referida al sexo gay, comencé a entrar a páginas/salas de chats gay, así estuve varios meses hasta que di con Adam y empezamos a interactuar vía internet, me refugiaba y ocultaba a través de internet, pues aún no estaba seguro de mis preferencias sexuales y tampoco me animaba a dar ese gran paso, aun no me sentía listo, ni preparado para enfrentarme a un gay cara a cara (no conocía a nadie que fuera homosexual, jamás había tenido ningún contacto u conversación con ninguna persona de ese habiente, o por lo menos eso creía yo).

Conocí primeramente a Leví (
junto a otros amigos de Félix) antes que a Eva (con pocas semanas de diferencia), él en un principio no me caía para nada bien, no me daba buena espina (confianza) su personalidad contrataba mucho con la mía, era el típico pibe (muchacho) extrovertido, alegre, creído, machito, de barrio, etc. (o eso creía yo) aun así Leví tenía algo que me atraía inconscientemente, algo hacia que cada tanto posara la vista sobre él. Poco a poco comencé a tratarlo más, a conocerlo, a verlo con otros ojos (al mismo tiempo que iba conociendo y tratando a Eva). Comprendí que Levi era así (fuerte emocionalmente, rudo, no tenía reparos en ensuciarse las manos o irse a las piñas/golpes/peleas por algo o alguien) por el tipo de vida que tuvo que llevar y soportar anteriormente, incluso me contó (tiempo después) que llegó a vivir en la calle un tiempo, su padre no sé si está vivo o muerte, nunca me lo mencionó, por otra parte su madre parece que no se hizo cargo de él (o quizá no supo cómo lidiar con un hijo problemático, no lo sé, solo me contó parte de su historia, su versión de los hechos)

Luego de algún tiempo, ya en 2010 (después de haber tenido mi primera vez -sexo- con Adam y con otros hombres) me di cuenta que Leví me gustaba física y sentimentalmente, que no había algo en específico que me atraía de él, sino que todo de él me gustaba, me fascinaba… pero era imposible, impensable, así que me resigné a verlo simplemente como amigo aunque por dentro me moría de ganas por tocarlo, abrazarlo, besarlo.

Varios meses después de no vernos
(5 o 6 meses) Eva me escribe diciendo si podíamos vernos, cosa que acepte. Conversamos cara a cara de todo un poco, de la familia, estudio, trabajo, cosas de la vida, etc. Me contó que en su trabajo ingreso un nuevo muchacho, pese a que está en otro turno le cayó muy bien, que era muy lindo, simpático, dulce, atento y que están empezando a verse con él fuera del trabajo (antes compartían un momento solo en el cambio de turno) entonces Eva me dice que siente cosas por este muchacho y además ella me dice que supone se está enamorando de él y que en su última salida (cine y cena) se estuvieron besando. 


Yo, que no hacia otra cosa más que escucharla hablar sobre ese muchacho, me sentía algo extraño, es raro que Eva me esté hablando de este joven así como si nada (no le di mayor importancia a esto), por otra parte, me sentía un poco feliz y aliviado, feliz por ella pues todo parece indicar que encontró a alguien a quien amar, y aliviado porque ya no estaría (o no debería estarlo) interesada sentimental y románticamente en mí, me quitaba un gran peso de encima, por fin se fijaba en alguien que aparentemente podría corresponderla, pues yo jamás podría corresponder a su amor, pensaba… Entonces la alenté a seguir adelante, a que si de verdad ese chico le gustaba que siguiera adelante, que busque su felicidad… Eva sin dejar de observarme (¿buscando mi aprobación?) dice que si, que seguirá y verá hasta donde llegan con este muchacho, pues le gustaba mucho.

Algunos meses después, entrando al último trimestre del año 2010 volvemos a encontrarnos con Eva y entonces ella me dice:

- ¡Tuve sexo con él!
(cuenta Eva con un poco de pudor y a la vez súper contenta) ¡fue increíble!


Continuará en - (03) Sin título aun -

miércoles, 27 de junio de 2018

Capítulo 5 - Amigo: La sombra del pasado, parte 2

Capítulo 5 - Amigo: La sombra del pasado, parte 2

**Los hechos y o personajes aquí relatados son de ficción, cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia**


Hace casi un mes que Ariel venía a nuestra casa para realizar el trabajo practico (maqueta del sistema solar más un informe de esta) el cual debía ser presentado la próxima semana. Ariel pese a ser popular dentro del colegio y destacar en deportes también es muy aplicado en el estudio. En ocasiones la madre de Ariel (ella es enfermera y desempeña su función en un hospital público de la zona) venía con él y se quedaba con mi madre en la cocina interactuando, conversando, a la vez que tomaban algún café, té o mates (infusión a base de yerba mate, consumida tradicionalmente en varios países de América del sur) mientras nosotros hacíamos nuestro proyecto en la sala de estudio.

Veía la humedad que había dejado su lagrima en su mejilla… estábamos solos allí… de pie… inmóviles… el tiempo parecía haberse detenido… la nostalgia se reflejaba en tus ojos… mis ojos no pudieron contener las lágrimas, sentía que todo me daba vueltas… mi cuerpo no dejaba de temblar, temblaba de emoción y a la vez miedo… vos en cambio, estabas radiante, se te veía feliz, en paz… tu rostro dibujaba una perfecta y entrañable sonrisa…


- ¡NOOO…! (grito enérgico y me llevo las manos a la cara, tapándome los ojos y continuo) ¡no eres real…!
- Santiago… (Dice él).

Entonces siento posar sobre mis hombros tus cálidas manos, en ese instante el temblor de mi cuerpo desaparece repentinamente, el mundo dejo de dar vueltas alrededor mío, algo en mi interior cambió, la paz inundó mi ser. Él con sus manos despeja mi rostro con ternura y acaba tomándome ambas manos, entonces lentamente abro los ojos contemplándolo plenamente.

Lo tenía justo en frente, él me miraba con una tenue sonrisa, Matías, mi hermano, era él, su apariencia, su voz, su aura, su esencia, pero… ¿era él realmente? ¿O una vez más mi mente me estaba jugando un truco? Podía sentir la calidez de sus manos a través de las mías, sentía su olor, su respiración, mi alegría era tanta que no dude en abrazarlo, al fin podía abrazarlo nuevamente, sin dejar de abrazarlo baje mi cabeza a la altura de su pecho esperando sentir algo, pude oír y sentir el palpitar de su corazón, entonces lloré desconsolado. Luego de un rato y tras calmarme un poco Matías me dice.

- ¿Ya estas más calmado? Hermano (decía Matías sin dejar de abrazarme).
- Hermanito, no sabes lo mucho que te extrañé, cuantas veces te soñé, cuanto deseé volver a verte, abrazarte y nunca más dejarte ir (le decía mientras lo abrazaba muy fuerte).
- Santi… (Decía él mientras acariciaba suavemente mi cabello) lo sé, se perfectamente lo que sientes, lo que sufres por esas heridas en tu interior, la culpa te está consumiendo (me agarra de los antebrazos y me separa con agilidad y suavidad puesto que no quería soltarlo, me mira y me sonríe como muchas veces lo había hecho en vida) debes superar mi partida, cambiar de actitud y sé feliz.
- No, no quiero, no puedo, no puedo vivir sin vos, me haces mucha falta (le digo y le vuelvo a abrazar lo más fuerte que puedo).
- Santi (decía Matías mientras se liberaba de mi abrazo con relativa facilidad) ¡escúchame hermano! (poniéndose serio) no puedes seguir así, castigándote, tenes que seguir adelante, aferrarte a los vivos, debes dejarme ir y… (Extiende su mano derecha y la coloca sobre mi pecho, sobre mi corazón) debes perdonarte, volver a llenar ese vacío que dejé en tu corazón.
- ¡NO!, no puedo, no me lo perdonaré nunca, yo te maté, por mi culpa estas muerto, no debí llamarte marica ni incitarte a subir al árbol por la pelota… lo siento ¡perdóname! (le digo dejándome caer al piso de rodillas y rompiendo a llorar, entonces continuo) ¡debí haber subido yo, el que debía de haber…!
- Detente (me interrumpe Matías poniéndose de arrodilla conmigo y tapando mi boca con una de sus manos) ¿aún no lo entiendes? Sos y serás siempre mi hermano, no importa lo que pase o que tan lejos estemos, siempre te llevo aquí (agarra mi mano y lo lleva a su pecho con determinación y firmeza) en mi corazón, además el perdón es amor, vos te mereces amar y ser amado, libérate del dolor, sos una gran persona, un buen hijo, buen amigo, y sobre todo un buen hermano, mereces ser feliz… yo no tengo nada que perdonarte Santi, te amo muchísimo hermano, si tuviera que volver a dar la vida por vos lo volvería a hacer con gusto.
- pero no es justo ¿por qué tuvo que ser así? ¿Por qué vos? (pregunte obstinado).
- son los designios de la vida, no es culpa tuya, un día estamos y al otro no, por eso debes ser feliz hoy, haz las paces contigo mismo, apóyate en las personas que te rodean para seguir adelante, recuerda que el perdón es amor, eres digno de él, mereces ese perdón, la libertad que anhela tu corazón está en el perdón y la aceptación.

Yo simplemente contemplaba a Matías, no entendía por completo mucho de lo que este me decía, sin embargo era feliz de nuevo vibraba de emoción, fuese o no real, yo estaba realmente feliz, feliz de verlo, de sentirlo, de abrazarlo, estar con él como cuando éramos más niños, le sonreí, se sentía tan bien hacerlo.

Matías ahora también me contemplaba en silencio, me acaricia la mejilla un instante, luego me aprieta esta zona con su dedo pulgar e índice, así como generalmente se lo hacía yo a él, empezamos a reírnos de la nada uno atrás del otro, seguimos con ese jueguito unas veces más, nos volvemos a abrazar por unos instantes y entonces interrumpe diciendo.

- ¿sabes que te quiero mucho, verdad? Agradezco haber tenido un hermano extraordinario como vos, vivimos grandes momentos juntos, tuve una vida magnifica… (Decía Matías mientras yo dejaba de abrazarlo y lo miraba algo triste, pues intuía algo) entonces… esta es nuestra despedida Santi, aquella que en vida no pudimos tener.
- ¿Qué? No, no me dejes, no otra vez… por favor, te lo ruego… no lo soportaré una segunda vez.
- No estás solo, estoy siempre presente, en una flor, en el aire que respiras, en todas partes, también entre tus familiares y amigos, en cada una de las personas que te quieren, ahí estaré yo (me decía Matías mientras me agarraba de la cabeza y me da un beso en la frente y continua) te quiero hermano… adiós Santiago, ya no volveré.
- ¡NOO HERMANO ESPE...!

Grité desconsolado, sin embargo me detuve, empecé a notar como Matías comenzaba a desintegrarse desde el lado izquierdo en forma de vapor con un leve tono blanquecino y al cabo de unos sendos se había desvanecido por completo en mis brazos, una lagrima cayo de mi mejilla al piso, justo en ese instante vuelvo a la realidad en un pestañeo. Ahí estaba Ariel de pie guardando un cuaderno en la mochila, entonces dice.

- Adiós Santiago… (Dice Ariel resignado cerrando el cierre de su mochila) ya no volveré.

Al oír eso de parte de Ariel me levanto rápidamente de la silla sorprendido, esa fueron las últimas palabras de Matías, exactamente esas, entonces recuerdo algo que me había dicho antes Ariel “siento que te quiero, que te conozco de antes y no sé por qué…” y seguidamente viene a mi mente las palabras de Matías “…entre tus familiares y amigos, en cada una de las personas que te quieren, ahí estaré yo…” confundido lo único que hago es gritar con todas mis fuerzas.

- ¡AHHHHHH…! (mientras me agarro de los cabellos) ¡NOOOOO…! (grito nuevamente y luego doy un golpe de puño a la mesa)

Me quedo apoyando y sosteniendo mi cuerpo con mis puños sobre la mesa mientras se normaliza mi respiración. Ariel quedo atónito, con la mano en el picaporte y la puerta semi-abierta, entonces yo levanto la cabeza, lo miro y le digo.

- no te vaya… por favor… ayúdame… no me dejes (mi cuerpo empieza a temblar y a llorar, las lágrimas caen sobre las hojas de mi cuaderno manchándolas) por favor… (le supliqué).



En ese momento Ariel se deshace rápidamente de la mochila que tenia en su espalda dejándola caer al suelo, rápidamente se acerca hacia mí y me abraza fuerte. En esos momentos ingresaron mi madre y la madre de Ariel a la sala de estudios, mis gritos las hicieron venir a ver rápidamente y al ver la situación y oír parte de mis suplicas, la madre de Ariel detiene a mi madre del brazo antes de que ella pueda llegar a mí, la hace retroceder mientras con la cabeza le hace un ademán (gesto) de “no” y luego en voz baja le dice “espera, observa” (posiblemente, ella por su trabajo está acostumbrada a lidiar y tratar con los traumas y/o perdidas de sus pacientes y familiares) mi madre hace caso tapándose la boca con ambas manos llorando en silencio viendo la situación.

Mi madre le había contado a Ariel y su madre que estaba deprimido por la muerte de Matías, y que el trabajo práctico en conjunto (la maqueta y el informe) debían hacerse únicamente en nuestra casa por ese motivo. También le dijo a Ariel que me tenga un poco de paciencia, puesto que lidiar conmigo podría no ser sencillo. Ellos entendieron y aceptaron, hasta ofrecieron su ayuda para lo que necesitáramos.

- tranquilo, aquí estoy (me decía Ariel mientras me acariciaba en la espalda y la cabeza).
- ¡no quiero seguir así…! (le decía a Ariel sin dejar de llorar ni temblar) Ariel… (Le digo mientras lo miro a la cara) quiero ser fuerte, no quiero seguir cargando con este dolor en el pecho, ya no quiero llorar… ayúdame… ¿quieres ser mi amigo?
- Claro que si Santi, siempre te vi como un amigo (me dice Ariel y pone su frente con la mía) incluso podrías convertirte en un hermano para mí.
- no estás solo hijo, yo siempre estaremos para vos, pase lo que pase (acotó mi madre). 


Yo les sonrío, cierro mis ojos sobre los hombros de Ariel y suspiro aliviado, un gran peso se liberaba de mi espalda, finalmente aceptaba las cosas como eran, liberándome de las cadenas que me ataban al pasado, mi cuerpo no dejaba de temblar, entonces siento otro abrazo, era mi madre, estaba abrazándonos (a Ariel y a mi) con lágrimas en los ojos a la vez que me besaba por toda la cara.

- ya ma… (Le decía a mi madre en un estado de relajación pura, ya casi no temblaba, sin embargo la cabeza empezaba a darme vueltas) estoy bien, deja de darme tantos besos.

No sé cómo ni cuándo Ariel se liberó de los abrazos, pero yo me sentía cada vez más exhausto, con sueño, el cambio me había provocado una gran fatiga.

- te amo tanto hijo (decía ella emocionada)
- Me siento cansado (dije) tengo… mucho… sueño… (Apenas logre terminar la frase, mis parpados me pesaban, me estaba quedando dormido).
- Santi… Santi… (decía mi madre mientras yo perdía el conocimiento).

Dos horas después despierto en mi cama, me incorporo, estoy algo confundido, tenía un leve dolor de cabeza, me cuestiono si todo fue real, entonces entra Karina (mi hermanita) corriendo torpe y lentamente a mi habitación, ella corrió a mis brazos, yo la abrace y levante a mi cama, mi actitud había cambiado, no sentía la necesidad de ser frio o distante. Desde la puerta escucho a mi madre preguntar

- ¿Cómo te sientes hijo?
- bien, creo… ¿Qué pasó? (pregunté)
- te desmayaste, tu cuerpo no aguantó el estrés y la carga emocional que liberaste hoy, pero no te preocupes, la madre de Ariel dijo que eso era normal.



Yo simplemente le sonrió, en eso escuchamos que llegaba mi padre del nuevo trabajo, mi madre fue a recibirlo y Karina se quedó conmigo, jugando con algunos de mis peluches. Al mirar hacia la mesita de luz (mesa de noche) veo sobre ella un papel, comienzo a leerlo y se forma una sonrisa en mi rostro, luego lo doblo al medio, me levanto, voy hacia mi pequeña biblioteca (librero) saco el libro favorito de Matías (“El principito”, autor: Antoine de Saint-Exupéry) y entre medio de sus páginas guardo esa nota, coloco el libro nuevamente en su lugar y vuelvo a la cama para jugar con mi pequeña hermana.

Mis piernas me pesaban, avanzaba muy lentamente, los mosquitos me sobrevolaban, zumbaban en mis oídos, no podía más, estaba agitado, me costaba respirar con normalidad, me detengo, me agacho sosteniéndome de mis rodillas tratando de recuperar el aliento. Era una noche tranquila, despejada, entonces comenzó a oírse algunos estruendos, bombas, petardos, el cielo estrellado se iluminaba con los fuegos artificiales a la vez que se oían los festejos de grandes y chicos provenientes de sus hogares, el súper clásico (partido de futbol) había terminado ¿quién habrá sido el ganador? Cierro mis ojos tratando de no pensar en nada, mi mente rápidamente comienza a quedar en blanco, todos esos ensordecedores sonidos se van apagando y en la blancura de mi mente se va formando algo, una figura, humana, Matías, después de varios años volvía a aparecer su figura, estaba sonriéndome. Entonces abro los ojos de golpe, inhalo y exhalo profundamente un par de veces tratando de normalizar mi respiración, doy unos golpes a mis piernas por encima de las rodillas a ver si éstas reaccionan, me coloco en posición como si fuera a empezar una carrera... miro el horizonte con una actitud desafiante, respiro profundo una vez más.

- nunca más... (Quedándome en esa posición por unos instantes, expectante, listo para correr)

Se oye un gran estallido, aquello era la señal, entonces salí a toda prisa, comencé a correr, lo hacía lento, mis piernas seguían entumecidas, mi cuerpo se sentía pesado, entonces tropiezo y caigo de lleno al suelo resbalándome unos metros sobre la calle de tierra raspándome algunas partes del cuerpo.

- ¡MIERDA…! (grito desde el suelo) no volveré a caer… (Decía mientras me levantaba del suelo).

Vuelvo a colocarme en posición, tenía restos de arena pegados al cuerpo, los mosquitos volvían a alimentarse de mí, de nuevo me puse en marcha y con un gran grito de “¡AHHHH...!” comienzo a ganar velocidad, cada vez iba más rápido. La presión y velocidad hacia que tanto los mosquitos como la arena que traía en el torso desnudo hicieron que se quedaran atrás, En ese momento lo único que quería era correr, no me importaba nada, ni siquiera la negativa del médico para realizar aquella práctica, mi rodilla parecía responder favorablemente, corrí y corrí hasta perderme en el horizonte, me sentía libre...



Continuará…

(Capítulo 6 – Cruzando miradas)
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lunes, 18 de junio de 2018

En público


Ayer, mientras volvía a mi hogar vi una “situación” que llamo mi atención en el colectivo al cual había subido segundos antes.

Al fondo se encontraban sentados dos muchachos (el más alto de 22 años y el otro de 20 aproximadamente), aparentemente amigos.

Lo que me extrañó e hizo que volteé a mirarlos fue porque ambos estaban dormidos, el pibe (muchacho/joven) de 20 años tenía su cabeza apoyada en el hombro del amigo de 22, y éste a su vez, apoyaba su cabeza contra la cabeza de su amigo de 20 años (ver imagen 1 a modo de ilustración).

Esa escena sacudió mi ser, me dejó en offside (fuera de juego), despistado, con un leve shock. Pero ¿por qué me afectó? Si es cada vez más común encontrarte con este tipo de demostración de afecto de las personas homosexuales (gays y lesbianas) desde abrazos, tomarse de las manos o incluso besándose en los espacios públicos y privados (calles, transportes, bares, etc.) todo en mayor medida desde que hace un par de años (2010) se aprobara y legislara el matrimonio igualitario en Argentina (para personas del mismo sexo).

No podía dejar de verlos… los miraba casi sin disimulo, por momentos la bronca me invadía (quería acercarme al joven de 20, agarrarlo del cuello o de la remera, levantarlo del asiento y darle un buen golpe en la mejilla tirándolo al piso, por puto, por puto recibía ese puñetazo… pero yo no soy así, yo soy un pacifista, aun así ese pensamiento y sentimiento pasó por mi cabeza en ese momento) y en otros momentos la ternura, melancolía y deseo.

Razones, razón por la cual me invadió la bronca, ira, fue principalmente porque yo no podré estar nunca más en su situación/posición, por lo menos no abierta ni públicamente, lo cual me enfurecía, deseaba volver a experimentar eso, abrazar y que me abrace otro hombre, caminar tomados de las manos en cualquier momento y lugar, besarnos libremente sin ocultarnos, entre otras situaciones, no solamente para sexo, algo más, algo mas allá, afecto, cariño, comprensión, amor.

Luego, rápidamente me irrumpió la ternura y la melancolía, tal escena me parecía sublime, bella de observar, el muchacho de 20 parecía estar contento por realizar aquella hazaña (suposición mía, pues este muchacho tenía algo que me hacía verlo como gay, mientras que el otro joven no parecía para nada gay, por lo cual, lograr dormirse en su hombro lo considero una hazaña… también soy consciente de que las apariencias pueden engañar)
En esos momentos recordé una situación similar que viví con Caín (primer y único novio, el cual tiene algunas entradas en su honor en este blog) viajamos a Rosario, Santa Fe (unas cuantas horas en ómnibus) solos por unos días, en los cuales convivimos el uno con el otro, compartiendo todo, solos nosotros, una experiencia muy buena, hasta parecía que esa experiencia había hecho que me “enamore” más de él (por lo menos en ese entonces creía eso), llegando al punto que en el viaje de regreso, en el ómnibus estuvimos besándonos, acariciándonos, tomándonos de las manos, apoyando mi cabeza en su hombro y durmiendo sobre ella en alguna parte del camino (raro en mí, ya que en ese entonces no me gustaba hacer ninguna demostración de afecto en público, menos si es a alguien de mi mismo sexo, hoy en día tampoco, por obvias razones, la vida que elegí vivir me “prohíbe” hacer cosas homosexuales)
Hoy en día y con los encuentros clandestinos que tengo, la verdad, no me es suficiente; Me siento pleno, excelente en ese momento (mientras dura el sexo), pero luego… necesito más, algo más. Por eso continuamente y cada vez que puedo organizo algún encuentro sexual con alguien, pero es solo eso, sexo.

Pronto comencé a sentir deseo, incluso envidia, deseaba estar en el lugar del muchacho de 20, por un momento me vi reflejado en él, recostando mi cabeza sobre el hombro del joven de 22, sentir su calor, su olor, su piel, poder tocarle y acariciarle con mis manos las mejillas, sus labios, incluso besándolo tiernamente. Éste joven me parecía muy lindo, alto, atractivo, varonil, sin rasgos ni actitudes femeninas, cualidades que adoro de un hombre (sin importar el rol que desempeñen en la cama, tienen que ser, parecer, actuar y verse como hombre, ese sería mi ideal de hombre ¿pido demasiado?)

Eventualmente estos jóvenes despertaron un rato antes de que me tocara bajar del colectivo y se incorporaron correctamente en sus asientos, parecían dos jóvenes normales, amigos, de a momentos conversaban, en otros momentos no, miraban sus celulares o miraban por la ventana (la interacción y/o conversación de dos hombres no es la misma que la de dos mujeres)
Llegó el momento de bajar, por lo cual me fui a la puerta trasera (de descenso del pasaje) quedando frente a ellos, el joven de 22, el que más me atraía, ni me registró (casi ni se percató de mi presencia) sin embargo el de 20 (el que me pareció gay desde un principio) me hizo un escaneo completo de “rayos X” (me miro de pies a cabezas) poniendo mayor énfasis (atención) en mi zona genital (mi bulto/paquete) y mi rostro… lo cual me confirmó que efectivamente por lo menos él era homosexual (dentro o fuera del closet, reprimido o no) hasta incluso podría ser bisexual. Yo bajé y ellos siguieron viaje.

¿Es tanta mi necesidad de afecto? 
¿Estará relacionado con mi niñez y con la falta de afecto paterno?
¿Está tanta mi homosexualidad latente que una pequeña “situación” me hace tambalear? 

lunes, 11 de junio de 2018

Capítulo 4 - Trauma: La sombra del pasado, parte 1

Capítulo 4 - Trauma: La sombra del pasado, parte 1 


**Los hechos y o personajes aquí relatados son de ficción, cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia** 


Estaba en una especie de trance, caminando lentamente (deseaba escapar lo más lejos posible, corriendo, pero no podía, sentía que las piernas me pesaban, temblaban, apenas conseguía caminar) por las cálidas y casi desiertas calles del barrio, algunos niños jugaban en algunas cuadras, posiblemente todos estarían viendo el súper clásico que aún no llegaba a su fin. Estaba anocheciendo, los mosquitos estaban apareciendo y "picando" a todo ser vivo que no esté resguardado o con algún tipo de protección, yo era presa fácil, mi torso superior, así como mis brazos y piernas estaban descubiertas, por ende estos insectos hacían de mi cuerpo un festín, no tenía reacción, no sentía nada, ninguna molestia, ningún picazón, ningún dolor físico, sin embargo, por dentro, el dolor quebraba mi alma, todo mi ser sufría en silencio, quería gritar, pero tampoco podía, hacía años que no me había sentía así, no desde que Matías me dejó, era imposible no recordarlo, las sensaciones que provocó su partida eran similares a las que sentía en este momento. 
Sentía que hice añicos (destrozar) varios años de amistad y compañerismo, era un completo idiota, ni siquiera podía comprender lo que había pasado, lo que había hecho, eso… ¿por qué? ¿Hay algo mal en mí?, pensé.

Fueron las 7 cuadras más agónicas (aflicción extrema) de mi vida, recordando todos esos años junto a mi amigo Ariel, las circunstancias que llevaron a conocernos, nuestros inicios, nuestros grandes momentos, nuestros juegos, las travesuras, nuestras pasiones, todo lo que habíamos vivido juntos, todo, mientras mis ojos no podían contener las lágrimas de tristeza.

  Matías y yo nos llevábamos con dos años de diferencia, éramos hermanos, inseparables, como uña y mugre, siempre pegados, juntos, nos llevábamos muy bien, solo éramos él y yo, jugábamos todo el tiempo, nos entendíamos tan bien que no hacían falta palabras, un gesto, una mirada y ya sabíamos lo que el otro quería. Yo, al ser el mayor siempre estaba pendiente de él, cuidándolo, viendo que nada le falte. Al despertar cada mañana, lo primero que hacía era mirar hacia la cama contigua, veía en silencio como dormía mi hermanito, me encantaba verlo así, parecía un ángel, y adoraba sus posturas al dormir, era muy estriónico, y tras algunos minutos ya no podía resistir más, entonces rápidamente iba y me tiraba en su cama, arriba suyo, despertándolo por sorpresa, y poco a poco Matías se iba despertando, iniciando nuestros juegos ya desde temprano… A veces, cuando Matías se despertaba de madrugada, él pasaba a mi cama, conmigo, yo al darme cuenta de su presencia lo abrazaba, me fascinaba que se metiera en mi cama a mitad de la noche, era tan cálido, y así seguíamos durmiendo, completando las horas de sueño que faltaban. 

En julio del 2004 (hace 6 años) cuando yo tan solo tenía 12 años, Matías fallece en un trágico accidente, sumiéndome en una profunda crisis con ciclos de internaciones médicas producto del trauma vivido. Casi un año después de este suceso, ya casi no tenía ningún episodio crítico, sin embargo, aún seguía inmerso en una depresión de la cual no podía salir, no podía superar, ni aceptar que mi hermanito ya no se encontraba entre nosotros, me sentía culpable, culpa que me atormentaba día y noche.



La psicóloga, tras varios meses de terapia familiar recomendó mudarnos, cambiar de aires, esto ayudaría y aceleraría mi proceso de aceptación y recuperación de la tragedia, y además, la posterior sanación del trauma. Como opción, esta parecía la mejor, era una decisión difícil, mis padres ya no tenían alternativas, puesto que ninguna de las terapias ni medicamentos mejoraban mi situación, incluso parecía que lo empeoraban, y como efecto secundario apareció la ansiedad, el cual canalizaba comiendo. Al tiempo tenía más de 25 kilogramos por encima de mi peso normal/ideal (41 kg) aumentando semana tras semana.
Soñaba con Matías casi todas las noche, me despertaba gritando y llorando angustiado. Durante el día también veía a mi hermano en todas partes, ya no sabía que era real y que no, me estaba volviendo loco, cada día era más retraído y reservado (introvertido), me aislaba de todos, mi único refugio era Manchas, un perro (cruza/mezcla con raza Beagle) que le había regalado su madrina a Matías en su niñez y él lo nombró Manchas. Dado mi sobrepeso, mi reciente carácter introvertido y mi constante inexpresividad, comencé a sufrir bullying en mi escuela (acoso físico y/o psicológico), la vida me parecía cruel e injusta, ya solo llenaba mis días con comida. 

A raíz de experimentar la muerte en primera persona, desarrollé una obsesión, fobia hacia la muerte o estados relacionados, no podía ver sangre, gente inconsciente, desvanecida o muerta porque me angustiaba de sobre manera, me paralizaba y/o entraba en un estado de paranoia irracional aislándome de todos, evitando cualquier contacto humano.

Finalmente y como consecuencia directa del abrupto fallecimiento de Matías nos mudamos en Abril del 2005 a El Trébol, Santa Fe, Argentina, instalándonos en esa nueva provincia (estado/departamento) sin saber que nos depararía el futuro. Mis padres hacían malabares sorteando las dificultades, sobre todo las primordiales: a) mi estado psicológico, físico y la adaptación a mi nuevo hogar (barrio, escuela, amigos), b) situación económicos (mi padre no tenía trabajo, tenían algunos ahorros más lo que le quedó de la venta de nuestra anterior vivienda y la compra de esta nueva casa, pero sin un trabajo fijo y estable no duraríamos mucho), entre otras.

En ese entonces mi hermana Karina tenía 1 año de edad, por lo que mi madre estaba más abocada (pendiente) a ella y en la mudanza, o así lo vivía yo, lo experimentaba de esa forma. Esto me hacía sentir marginado, no deseado, no querido, culpable por no haber podido cuidar bien de Matías. Mis padres, en especial mi madre había hablado conmigo de todas las maneras posibles, apoyándome, dándome ánimos, cariños, pero todo era en vano, para mí todo era una farsa, como podrían perdonarme luego de haber matado… Ya no me importaba nada, había perdido a mi único amigo, no tenía interés en hacer otros, mientras menos interacción social tuviera mejor, comenzaba a llevar una vida monótona y aburrida. A los días de mudarnos comencé la escuela secundaria.

Ese primer día de escuela, mientras la maestra de turno junto con la directora del establecimiento me presentaban ante los alumnos del salón diciéndoles que me dieran una cálida bienvenida, yo todo el tiempo estuve con la cabeza mirando al piso, y cuando levante la vista no pude evitar fijarme en uno de los chicos del salón, cruzamos miradas, un escalofrío recorrió mi cuerpo, sentía como mi pulso se incrementaba, mi corazón bombeaba intensamente, parecía salirse de mi pecho. Este compañero tenía algo que me hacía recuerdo a mi difunto hermano, el parecido físico no era tanto, era algo más allá de eso, algo trascendental, al mirarlo a los ojos y ver su mirada penetrante y a la vez cálida me recordó a Matías, vi en él su esencia, su luz, el mismo corazón y alma libre y puro. Su nombre era Ariel, 14 años, carismático, alegre, amigable, súper extrovertido, amante del deporte, con una gran y cálida sonrisa y un aura especial, todos querían ser su amigo, irradiaba y contagiaba felicidad a todo el que lo rodeaba. Yo un poco confundido por esta situación me aislé en el fondo del salón evitando cualquier acercamiento o interacción con mis nuevos compañeros, en especial con Ariel, ya que este por alguna razón me intimidaba, hasta me provocaba temor.

Con el correr de los días era inevitable, y a su vez más frecuente el hecho de levantar la cabeza y mirar a Ariel, incluso en muchas oportunidades éste se daba vuelta hacia atrás en el momento indicado para poder verme, cruzando miradas, como si supiera el momento preciso en el cual lo estoy observando, incluso me ha regalado varias veces una sonrisa mientras conectábamos visualmente, pero yo todas las veces bajaba la cabeza ignorándolo. Inconscientemente comencé a prestarle más atención, a su personalidad, como se desenvolvía con los demás, su carisma, por primera vez luego de mucho tiempo quería sociabilizar con alguien, con él, hablarle, sin embargo guardé distancia y callé.

Días más tarde, por cosas del azar o del destino, como si una fuerza tratara de unirnos, me toco hacer grupo de estudio con Ariel. Para dicha tarea era necesario que nos juntáramos después de las horas de clases, por lo que Ariel comenzó a ir a mi casa y con ello poco a poco se fue adentrando en mi vida, mi familia, conociendo un poco más de mí y de mi pasado.
Sentía cierta afinidad hacia Ariel, sin embargo aún no podía abrirme a éste, me resguardaba en mi coraza, interactuando con él lo menos posible, incluso de a momentos me costaba mirarlo, tenerlo cerca, había culpa en mi corazón. Ariel me tenía paciencia, mucha, parecía querer ayudarme (sobre todo luego de adentrarse un poco más en mi historia), hasta que un día, ya no supo más que hacer o como tratarme… 

- ¡No puedo más! (soltó Ariel con un suspiro de resignación) por más que lo intente nunca podré…

Ariel suspira nuevamente cortando su discurso mientras intenta conectar su mirada con la mía, pero es inútil, entonces da un golpe de puño sobre la mesa haciendo saltar levemente los libros y cuadernos, y a su vez me hace vibrar e inmediatamente me contraigo de hombros y bajo la mirada, mientras Ariel levantando la voz dice.

- ¡MÍRAME! (me grita Ariel, luego continua con su tono normal de voz) por favor…

En ese instante Ariel pone su mano sobre la mía, la cual se encontraba sobre la mesa y la aprieta levemente. Yo en vez de verlo a la cara miro nuestras manos.

- Sabes Santi, por alguna razón desde que te vi me caíste bien, había algo especial en vos, algo que ahora se está apagando, quería ser tu amigo pero no me dejas serlo… siento que te quiero, que te conozco de antes y no sé por qué, incluso creo que te soñé antes de conocerte… verte mal, me hace mal…

Enconches suelta mi mano y se levanta de la mesa guardando con sus cosas en la mochila sin muchas ganas y con tristeza mientras me observaba tratando de encontrar una reacción en mí, sin embargo yo seguía inmóvil.

- Me gusta estar contigo, pero me gustaría que estemos bien (decía Ariel mientras guardaba su ultimo cuaderno) pero si no luchas, si no pones un poco de esfuerzo y voluntad nunca podrás superar nada, ya no sé qué hacer, dime como ayudarte (mientras por sus mejillas rodaban unas gotas).

Hubo unos segundos de silencio, éste era tal que se podía oír claramente el movimiento de las manecillas (agujas) del reloj que estaba a unos metros sobre la pared, entonces Ariel prosiguió.

- Adiós Santiago… (Dice Ariel resignado cerrando el cierre de su mochila) ya no volveré.

Me sentía extraño, mi cuerpo comenzó a temblar, como si este estuviera tratando de decirme algo, cerré fuerte los puños y los ojos tratando de contener así los temblores, pero era inútil, estos no dejaban de sucumbir todo mi ser, entonces aflojo los puños y los ojos abriéndolos lentamente mientras levantaba la cabeza viendo primero mis manos, luego la mesa, la mochila y la parte inferior del cuerpo de Ariel subiendo lentamente hasta llegar a su rostro… me levanto del asiento bruscamente mirándolo atónito, no podía entender lo que mis ojos veían, de repente mis ojos expulsaron lagrimas ¿lágrimas de tristeza? o … 


- ¡Matías!... (exclamo desconcertado).


Continuará…
(Capítulo 5 - Amigo: La sombra del pasado, parte 2)

lunes, 21 de mayo de 2018

Capítulo 3 – Instintos carnales: Aquel día, parte 3

Capítulo 3 – Instintos carnales: Aquel día, parte 3

**Los hechos y o personajes aquí relatados son de ficción, cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia**


- ¡Santi!... ¿estás bien? (escucho que me pregunta Ariel)

Asentí con la cabeza algo desorientado.
- Te decía que ya comenzó el partido, ¿estás bien?, ¿me escuchaste? (me decía mi amigo algo preocupado).
- Sentí un tirón en la rodilla (dije rápidamente) no quería levantarme de golpe pero ya estoy bien (le inventé con una sonrisa en la cara mientras me levantaba y le extendía mi mano para ayudarlo a levantarse)

Ariel me agarró de la muñeca y se levantó directo al sofá, mirando el televisor agarró dos latas de cerveza de la mesa y me alcanza una de las latas diciéndome.

- Toma (poniéndola en mi mano) guarda el resto en el congelador (dice sin despegar los ojos del televisor).

Fui a guardar las cuatros cervezas restantes, me saque la remera porque Ariel con su traspiración me la había mojado, la colgué en el respaldo de una silla y luego me senté en el sofá a su lado, él estaba inmerso en la pantalla, apenas me miró cuando pase entre medio de él y el televisor. Comencé a mirar el partido, pero en realidad no estaba viendo nada, pensaba "que me está pasando, otra vez este sentimiento" miré nuevamente a Ariel "que significa esto" pensé, de pronto siento algo en la pierna, él me agarraba y apretaba la pierna conforme la jugada se desarrollaba.

- vamos si si, dale que estas sólo (decía Ariel eufórico al televisor).

En eso creo sentir una descarga eléctrica dentro de mí, en mi centro y se extiende cubriéndome todo el cuerpo, él me tenía agarrado con firmeza, parecía no sentir lo mismo que yo sentía, mi cabeza nuevamente empieza a dar vueltas, sentía que todo a mi alrededor giraba fuera de control, mi respiración se aceleraba a cada instante, mi pulso subía salvajemente, de nuevo ese calor que me impide razonar con claridad. De pronto escucho un "gol" de parte de Ariel, me suelta la pierna y se levanta para festejar, me mira como diciéndome “dale levantate, festejemos”, inconscientemente me levante, nos abrazamos y comenzamos a saltar de euforia.


En medio de nuestro festejo (saltos) lo tomé por la cabeza (de la nuca) e hice chocar entre si nuestras frentes mientras seguíamos saltando y gritando desaforadamente "GOOOOOOLLL", mi otra mano lo tenía en su espalda baja, agarrándolo, aprisionándolo contra mí, Ariel me rodeaba con sus brazos y con sus manos me sujetaban por la espalda, entonces también con una de sus manos me agarra de la cabeza. No se cómo ni por qué, esa situación reavivo mi deseo, sin pensarlo y en un movimiento rápido retiro mi mano de su cintura y me aferro (le agarro) a su miembro por sobre su pantalón, mi amigo automáticamente da un pequeño salto para atrás deteniendo los saltos de festejo, libera sus manos de mí, desesperado me agarra de la muñeca con fuerza tratando de separar mi mano de su miembro con firmeza y suavidad. Con su otra mano trata de separarnos empujándome del pecho, pero es inútil, lo tenía bien agarrado de la cabeza y del miembro.


Al tenerlo agarrado de la cabeza, lo tenía cara a cara, viéndolo a los ojos (ojos que denotaban confusión). Sus labios estaban tan cerca de los míos, en un impulso, aplicando un poco más de fuerza en su cabeza, lo besé. Apenas pude apoyar mis labios contra los suyos porque al instante Ariel con su mano me agarra de la barbilla (mentón) y cachetes empujando y logrando separar nuestros labios. Aun así, lo tenía muy cerca, no lo soltaba ni de la cabeza ni de su miembro, estaba realmente fuera de mí.


Lo estaba "atacando" por ambos frentes (pene y boca), su rostro y mirada ahora reflejaban enojo, temor, pero eso no me importó, yo seguía intentando besarle mientras él se resistía; Lo que oía realmente me impedía pensar con claridad, oía los quejidos y gemidos de mi amigo producto de la fuerza que estaba haciendo evitando que lo bese, también podía sentir su respiración agitada. Note que mi mano con la cual le agarraba el miembro estaba libre, aproveché y metí mano dentro de su short agarrándole su miembro, por primera vez tocaba un pene, estaba flácido, sin embargo eso se sentía muy bien. Rápidamente Ariel vuelve a agarrarme de la muñeca intentando liberar su pene de mi mano; Volvimos a chocar frente con frente, lo tenía agarrado de su nuca aún, pero ya no le ejercía mucha fuerza ahí, más bien ahora mi atención estaba en la otra mano, en la que tenía el pene de mi amigo, empecé a comprimir y aflojar mi puño, con esta maniobra parecía que su pene comenzaba a cobrar vida, con cada movimiento crecía y crecía más, sentía con mis manos su calor, su dureza, sus venas marcando todo ese pedazo de carne, la sensación era indescriptible, mi amigo aun intentaba liberarse de mí.


Ariel no se rendía, quería liberarse, su miembro ya estaba completamente duro en mi mano y sin soltar su pene comencé a subir y bajar mi mano (movimientos de masturbación) con un poco de dificultad, enseguida noto que deja de hacer presión en mi mano, lo cual indicaba que o bien se rindió (dejará de resistirse y terminar con esto lo antes posible) o bien se entregó al placer (placer que está recibiendo por mi mano). No importaba cual era la razón, yo aproveché y empecé a masturbar libremente a mi amigo, podía sentir como su agitación y respiración se aceleraban aún más, pude oír los primeros gemidos de placer, me estaba excitando mucho con toda esta situación, deseaba masturbarme y besarlo apasionadamente. Estaba claro que Ariel ya no podría resistirse a nada, entonces con la mano que aún lo tenía sujeto de la cabeza lo guíe hacia mí, hacia mi boca, todo mientras seguía masturbándolo intensamente; Sin embargo, Ariel desvió la trayectoria de sus labios, no quiso besarme, terminó apoyando su cabeza en mi hombro, lo dejé ahí, total tenía otra cosa entre manos.


Lo masturbaba cada vez más fuerte y rápido, mientras que con la otra mano le acariciaba y masajeaba su nuca, cabeza y cabello, también le lamía y mordía la oreja, él no dejaba de gemir y tener espasmos en todo el cuerpo. Con la mano que segundos antes impedía que lo masturbe se agarra de mi antebrazo, ya que el placer era tanto que le costaba mantenerse en pie. Yo seguí cascándole (masturbar) el pene de mi amigo, sentía que su orgasmo estaba cada vez más cerca, a cada segundo me abrazaba con más intensidad, sus espasmos y contracciones musculares eran cada vez más intensas, al igual que sus gemidos. Entonces Ariel deja escapar un poderoso gemido el cual ahoga en mi hombro mientras me aprieta con fuerza el brazo donde se sostenía, siento como empieza a palpitar su pene y rápidamente una gran cantidad de semen sale de su miembro, en ese preciso momento me muerde el hombro con el fin de acallar su orgasmo, su placer, su poderoso gemido, gruñido.


Toda esa combinación de estímulos, sus espasmos, su agitación y respiración por mi cuello, sus fuertes abrazos, su gran gemido de placer, el semen caliente que se escurría entre mis dedos, la mordida que me dio en el hombro, todas esas cosas hicieron que al mismo tiempo que él tenía su orgasmo yo también tuviera uno dentro de mi pantalón, en el bóxer, sin siquiera tocarme o estimularme, fue un orgasmo con eyaculación espontanea, un placer indescriptible, único, nunca antes sentido, el cual hizo vibrar todo mi cuerpo llenándome de felicidad, un momento único, como si el tiempo y el espacio se hubieran detenido por un momento.

Lentamente fui bajando el ritmo de mis movimientos de muñeca sobre su miembro hasta detenerme por completo, estábamos extasiados. Ariel permaneció en mi hombro unos instantes, mientras recuperaba el aliento y calmaba su agitación producto del orgasmo. Me suelta del brazo, guarda su miembro (ya había bajado su erección) dentro del short quitando mi mano de ella y se incorpora levantando su cabeza.


Por un segundo no supe dónde estaba ni que había pasado, la cabeza me daba vueltas, estaba perdido, como si estuviera saliendo de un trance, todo era confuso… Finalmente logre enfocar... Miré el rostro de Ariel, tenía una expresión que jamás la había visto, tenía los ojos llorosos, su mirada reflejaba una mezcla de tristeza y decepción, estaba un poco agitado, sentía mi mano húmedo y pegajoso “que es esto” pensé mientras movía los dedos sin dejar de mirar el perturbado rostro de mi amigo “¿por qué estas así?” pensé para mis adentros nuevamente, lo último que recordaba era que estaba en el baño y luego fui a esperarlo al sofá.

- ¿Qué te…? (me detuve de pronto abriendo muy grande los ojos)

Sentí como si me hubiera caído a un rio helado y el mundo se me venía encima, caí en la realidad, en lo que había pasado, lo que había hecho, no sabía cómo ni por qué había hecho eso... miré a Ariel con vergüenza, con miedo, mientras de mis ojos escurría una lagrima, no sabía qué hacer ni que decir, estaba bloqueado, la situación me había superado. Ariel parecía confundido y un poco alterado, da unos pasos hacia atrás mirándome fijamente, se da vuelta y camina lentamente hasta la puerta de su habitación, se detiene apoyando una mano en el marco, yo intentaba decir algo, pero no podía modular palabra alguna, aun no podía creer lo ocurrido, entonces levanté mi mano y veo que efectivamente esta mojada, aún tenía restos del semen de mi amigo, me asusté... Ariel siempre fue el típico macho alfa, fuerte, de carácter imponente, querido y respetado por todos, las mujeres lo amaban, los hombres lo admiraban, el estereotipo de macho perfecto. De pronto escucho.

- vete... (Dijo Ariel casi sin voz ni fuerzas)

- Ariel por favor… (Tras unos segundos de silencio y un poco alterado dije) no sé lo que...
- que te vayas, que no entiendes maldita seas (me interrumpe levantando la voz y golpeando con su puño el marco de la puerta, se da la vuelta mirándome a los ojos con bronca).

Se me escapó otra lágrima, agaché la cabeza, no podía mirarlo a los ojos, me inundó la tristeza, no me salía palabra alguna, estuve así mirando el piso apenas unos segundos, pero se sintieron eternos.

- ¡yaaaa! (grita Ariel desesperado) ¡fuera!, ¡lárgate de mi casa antes de que te rompa la cara! (vuelve a gritar muy irritado)

Ni siquiera terminó de decirme eso que ya lo veía venir a golpearme, pero no, me tomó del brazo y me llevó bruscamente a la puerta de entrada/salida, la abrió de golpe y con fuerza me arrojó afuera. Fue tanta la bronca con la que me lanzó que por poco caigo sobre las plantas de su madre, entonces escuché cerrarse la puerta bruscamente detrás de mí. Me acerqué a la puerta, puse mi mano derecha sobre ella, luego la cabeza (la frente) y con lágrimas cayendo de mis ojos dije en voz baja "lo siento mucho".


Permanecí allí unos momentos hasta que escuché un grito enfurecido de Ariel en conjunto con cristales rompiéndose (quebrándose), quise golpear la puerta y preguntar si todo andaba bien, pero no me animé, era claro que nada estaba bien, sentía que más allá de lo material que pudo haber roto Ariel, yo había roto algo mucho más importante, su amistad, su confianza, todo... todo por culpa mía, ¿Por un momento de calentura? una vez más, acababa de asesinar a otro hermano, me sentía fatal.


Tras varios minutos de permanecer allí, llorando en silencio y sin nada más que poder hacer, emprendí el regreso a casa, triste, sin remera y con una marca en mi hombro que no desaparecería nunca.



Continuará...


(Capítulo 4 – La sombra del pasado)