martes, 31 de julio de 2018

Mi amante Pablo... y... ¿mi amor platónico Leví?


La última vez que vi a Leví fue durante el mes de mayo, en el cual tuvimos una pequeña charla, y creo que ese pequeño intercambio de palabras pudo y puede contribuir a afianzar, o destruir, nuestra "relación de amistad".

He estado pensado en él últimamente, recordando ciertos momentos, tanto sexuales como no sexuales. 


Una vez, hace muchos años, Leví tomó un pequeño trabajo de construcción, para lo cual me preguntó si quería ser su ayudante, teníamos que tirar una pared y remover el revoque de otra (la cual estaba mal y con humedad) y hacerla de nuevo. para ese entonces recuerdo que ya me gustaba, me atraía mucho, pero no podía hacer ni decir nada al respecto. Mientras descansábamos le pregunté que pensaba de los gays (ya que justo tocamos el tema de los gays, creo que se había aprobado recientemente el matrimonio igualitario, entre personas del mismo sexo por lo que aproveché) "que pensaba de ellos y si tenía algún conocido o amigo que fuera homosexual", su respuesta me sorprendió, me dijo algo así: "LOS ABORRESCO, UNA VEZ UN AMIGO ME DIJO QUE ERA PUTO Y ENTONCES LE ESCUPÍ EN LA CARA, CASI LE DI UNA PIÑA, PERO ME FUI, NUNCA MÁS LO VOLVÍ A VER". Sus palabras me dejaron atónito, recuerdo que también le pregunté por qué reaccionó así y me dijo algo así como que "SE LO MERECÍA POR PUTO".  

La semana pasada estaba pensando en él y como a las 2 horas me escribe al celular hablamos un poco, pero yo estaba ocupado en el trabajo entonces la conversación quedó en nada. El último viernes, en la noche me escribió de nuevo (¿y eso? ¿Por qué precisamente me escribe luego de que yo pensara en él? ¿Lo llamé con el pensamiento?), yo estaba en casa, me había duchado para acostarme, estaba a punto de dormir cuando me llega su mensaje. Lo leí en mi cabeza y pensé en responderle "HOLA NEGRO COMO VA?" (Digo NEGRO de cariño/afecto únicamente a aquellos amigos por lo cual siento una gran amistad y/o cariño), sin embargo decidí no responder, no quería seguir la conversación con Eva estando al lado mío, por más que no nos decimos nada raro en los mensajes no quería llamar la atención de Eva, entonces dejé el celular a un lado y me dormí minutos después.


A la mañana siguiente, Eva me pregunta que había soñado, yo le dije que nada, pues en verdad no había soñado nada, o al menos no lo recordaba. Entonces ella me dijo que hablé dormido (o mierda, pensé, que habré dicho) entonces ella me dice que repetí un par de veces "NEGRO ARRIBA, ARRIBA NEGRO..." algo así. 

Le dije la verdad, que no, que no recordaba nada, y, tratando de salir bien librado de la situación y con una sonrisa le digo "SEGURO ESTABA SOÑANDO CON MI AMANTE PABLO" ella me mira e inmediatamente me da un golpe con su brazo en mi estómago "HACETE EL VIVO VOS" me dijo ella y la cosa quedó ahí, pues todo fue dicho sarcásticamente ¿o no?


Seguramente estaba soñando con Leví, pues me quedé pensando en él al momento de conciliar el sueño y por esto lo habré llevado a mi inconsciente permitiendo así que Leví penetre en mis sueños. Me preguntó ¿qué clase de sueño habrá sido? ¿alguno erótico? no se me ocurren muchas posibilidades para el "NEGRO ARRIBA". 



Otro de mis miedos es que mi inconscientemente sabe que Leví me gusta, me encanta, y por más que yo y mi cabeza diga que no es así, mi inconsciente y corazón saben lo que realmente siento por él.


Pablo ¿quién es Pablo? él es mi gran mejor amigo, desde mi adolescencia (aproximadamente desde mis 13 años), un gran amigo, siempre presente, de hecho somos como hermanos, y además es mi compadre, es el padrino de mi primer hijo. Pablo es obviamente heterosexual, o eso creo jaja, pero yo siempre lo vi como un hermano. Si bien ha tenido novias, hace ya algunos años que está sólo, y nuestra relación de amistad es muy cercana, siempre estamos pendientes el uno del otro, sobre todo él hacia mí. en cierto modo Eva siente y sintió celos de él, varias veces me recriminó que Pablo sabía más de mí y de mi día a día que ella, aparte de que está sólo, varias veces me ha dicho que él es raro, que seguro me quería entrar (seducir románticamente e incluso llevarme a la cama sexualmente), siempre negué esto, "ES SÓLO UN AMIGO, LO VEO SÓLO COMO AMIGO, ETC." a lo que ella responde "AHÍ ESTÁ, VOS SI ¿PERO ÉL?” se cuestiona ella, aunque sabe que son meras especulaciones, no le da tanta importancia como parece. además, él es al único amigo al que le digo "NEGRO" y viceversa. 

Durante el último tiempo, Pablo empezó a hacer dieta e ir al gym (gimnasio) con lo cual perdió más de 20kgs. Siempre fue un poco gordito, por lo cual ahora está flaco y se ve bien. Tras esto bromee varias veces con Eva de que ahora Pablo estaba re fuerte (guapo/sexy), que ahora si podría darle bola (interés romántico) a él, obviamente todo es en broma y por más bueno que se ponga, lo sigo y seguiré viendo como un hermano. 



Es por esto que luego de haber soñado con Leví y hablar entre sueños le dije a Eva que seguramente estaba soñando con Pablo, con lo cual no hubo más reproches ni consecuencias ya que siempre bromeamos acerca de nuestra estrecha amistad con Pablo, ella sabe que él es sólo mi gran amigo, mi hermano de corazón, nada más.


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PD. 
¿Qué contempla el amor platónico (de Platón)?
"…el amor platónico alude a la tarea de buscar y encontrar (como un impulso que nos lleva a querer ir más allá de lo material en nuestra experimentación de algo) la parte del alma que nos falta, en una persona, sí, pero en una persona que representa para nosotros todo lo bueno, todo lo bello, todo lo verdadero, todo lo justo (esta belleza pertenece a un plano espiritual que intuimos pero que no podemos llegar a hacer nuestro)…"
"… Se puede generar y fecundar más que el cuerpo, es poder enamorarse de las ideas, del alma de ese otro ser y ello no implica necesariamente la exclusión de lo corporal, lo sexual. Implica una inclusión, pero a su vez trascender a la misma…"
Fuente:

lunes, 23 de julio de 2018

Capítulo 7 – Lucha: Confrontación, parte 1

**Los hechos y o personajes aquí relatados son de ficción, cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia**

En ese instante un escalofrió recorrió mi cuerpo, los pelos se erizaron, el tiempo parecía correr lentamente, veía como tras el choque con Ariel, éste fruncía el ceño y a la vez, su bolso caía lentamente al suelo. Él no hizo nada para evitarlo, simplemente posaba fijamente sus ojos en mí, y con cada microsegundo (milésima de segundo) que pasaba lo notaba más fastidioso, mas enojado. Por vergüenza terminé bajando la cabeza ya que no podía sostener el contacto visual, y al mirar a su mano derecha pude ver los cortes y cicatrices que éste tenía. Por más que mi madre ya me había comentado sobre su “accidente” con un espejo, no creí que hubiese dejado tales marcas (secuelas), la culpa afloraba en mí. Entonces percibo que Ariel se agacha levemente para recoger su bolso del suelo y al levantarlo dice: 
 

- esto no está funcionando Santiago (dice él irritado)

Acto seguido, Ariel da un paso al costado para continuar con su camino y en el proceso de salida choca (empuja) parte de mi cuerpo con su hombro y brazo abriéndose camino, desapareciendo tras el umbral. Lo único que pude hacer fue quedarme mirando hacia la puerta, hacia el pasillo, entonces Rubén me abraza por el hombro con una de sus manos y con la otra me da 2 o 3 palmadas en el pecho mientras se encogía de hombros.

- quizá necesita tiempo, y espacio (me dice Rubén mientras yo lo miraba).
- quizá… (Respondo pensativo).
- ¡animo! (exclama él) bueno, me voy a la ducha… ¡no te pierdas! Pasá más seguido (decía Rubén mientras lo perdía de vista) ¡nos vemos amigo!

Algunos más vinieron a saludarme (los que acababan de salir de las duchas). A los pocos minutos salí del vestuario y encaré la salida del fondo, me sentía algo triste, no quería cruzarme con nadie, menos con Mónica, no en este estado. Entonces recordé parte de lo que le había dicho a Ariel 5 años atrás “¡no quiero seguir así! quiero ser fuerte, no quiero seguir cargando con este dolor en el pecho, ya no quiero llorar” por lo que levante la frente en alto, respiré profundo y seguí caminando como si nada, recordando lo que me había planteado la otra noche “nunca más”, nunca más deprimirme ni entristecerme por nada ni por nadie… nunca más.

- no puedo cambiar el pasado, debo resignarme y seguir adelante (digo en voz alta mientras sonrío y continuo caminando).

Estaba caminando distraído navegando en Facebook desde el celular cuando a dos cuadras del club me intercepta Vanesa (novia de Ariel).


- ¡Santiago…! (exclama ella contenta posicionándose delante de mi impidiendo mi avance) ¿cómo estás? Hace rato no te veía (prosiguió Vanesa).
- hola Vanesa, bien, acá andando ¿vos? ¿Qué haces por acá?
- yo bien también, quedamos con Ariel en encontrarnos en esta esquina.
- ah estupendo… bueno me marcho entonces, no desearía estropear tu cita (le digo a Vanesa con recelo soltando una pequeña risa).
- no para nada Santi ¿cómo se te ocurre? (dice ella soltando una carcajada) los amigos de Ari también son mis amigos (continuó ella) oye Santi… he notado a Ariel algo extraño ¿sabes si le está pasando algo?
- ¿cómo extraño? (le pregunto queriendo saber más).
- si, como más frio, distante, está pero no está ¿me entiendes lo que te digo? (pregunta Vanesa) pensaba que al ser su amigo quizás sabrías algo.
- no lo sé Vanesa (le respondo mirando al piso) igualmente yo no podría decirte nada por más que…
- yo sé que eres su amigo, que tienen sus códigos, que jamás lo delatarías, pero... (me interrumpe Vanesa) él nunca me dice nada, yo realmente lo amo muchísimo y temo que él no sienta lo mismo.
- y eso deberías decírselo a él, pero… te puedo decir que vos no tenes nada que ver con su cambio repentino de actitud.
- muchas gracias (me dice ella abrasándome) gracias me sacaste la duda… ¡Ariel! (dice ella exaltada soltándome rápidamente). 


Ninguno de los dos se percató que Ariel venia acercándose lentamente a mis espaldas hasta que ya estaba muy cerca, y justo nos vio abrazados, justo él que es tan celoso ¿Por qué las cosas se estaban dando de esa manera? ¿Por qué siempre terminaba en el momento y lugar equivocados? 

Entonces Vanesa rápidamente corre unos tres pasos hasta los brazos de Ariel, ella lo abraza un poco expectante, con dudas, pero él la abraza también dando la señal de que todo está bien, aun si, él no me quitaba la vista de encima ni por un segundo. 

- te estaba esperando y justo me encontré con Santiago de casualidad y me contaba algo muy lindo por eso lo estaba… (Decía Vanesa justificándose con Ariel pero éste no la dejo terminar de hablar).
- ¡shhh…! No digas nada (le dijo Ariel a Vanesa pero él seguía mirándome fijamente mientras apartaba a Vanesa poniéndola a un lado) ¿Qué te pasa guacho? ¿Me estas siguiendo? Déjame en paz… (Ahora me lo decía a mí levantando la vos).

Sus dichos empezaron a molestarme y empecé a mirarlo con bronca, sin embargo decidí no responder para no aumentar la cólera del momento ni caer en su provocación. Vanesa solo miraba sin entender nada, entonces Ariel da un paso hacia mí y continúa.

- ¡HABLA CAGON…! (me grita Ariel) decime que te pasa ¿qué queres? ¿QUÉ…? ¡NO…! no me digas que ahora también te la queres levantar a ella…
- ¡Ariel basta! (salta Vanesa interviniendo) no digas estupideces, como vas a pensar eso de tu amigo… y aún menos de mí, nunca te di motivos.
- vos cállate que no es contigo (le dice Ariel a Vanesa).


Me empezó a dar mucho coraje, rabia, tenía los puños cerrados de bronca, apenas podía controlarme, deseaba partirle la cara de un puñetazo (golpe), sin embargo sabía que el que estaba en falta era yo, que yo era culpable, que prácticamente lo había violado unos días atrás, aun así, no aguantaría mucho más su mal humor y altanería.

- eres un idiota (le digo a Ariel y en mi cabeza pensaba "no, el idiota soy yo..." entonces resignado doy media vuelta dándole la espalda y comienzo a alejarme de él).
- ¡A MI NO ME DES LA ESPALDA HIJO DE PUTA! (grita Ariel acercándose rápidamente a mi)

En ese instante se me acerca, me toma del hombro con su mano izquierda haciéndome girar e inmediatamente con su mano derecha me encaja un puñetazo en la cara el cual me avienta al piso violentamente. Su golpe me había tomado por sorpresa, tanto que por un segundo no me di cuenta que es lo que había pasado, sin embargo, por inercia lleve mi mano a donde había recibido el golpe, entonces al verlo a Ariel ahí, con su puño cerrado y su brazo extendido lo comprendí, el mundo es cruel, solo los más fuertes sobreviven, aquellos que luchan, aquellos se enfrentan sus problemas son los que ganan, son ellos los que escriben sus historias, sus hazañas; cuando las palabras no sirven, los puños son los que terminan definiendo el rumbo de la historia, a veces es necesario dejar las batallas de mente y ensuciarse las manos, dejar nuestra humanidad atrás e imponerse sobre el resto.
 

Sentía impotencia por la situación que estaba viviendo, por no poder solucionar este "inconveniente" con mi amigo, por ser tan débil, un cobarde, alguien que siempre necesitaba la ayuda de otros, no me había dado cuenta pero Ariel siempre estaba ahí, una y otra vez, siempre había sido así. Estaba tirado en el piso, entonces me di cuenta que siempre fui débil, que desde el principio Ariel me ayudo a superar mi trauma, a quererme y cuidarme, a estar en buena forma, a tener nuevos amigos, me enseñó a nadar y a jugar al futbol, incluso me había ayudado a debutar (a tener mi primera relación sexual), y sobre todo, me enseñó el valor de la amistad… entonces la ira inundó mi ser, un irrefrenable deseo de luchar surgía en mí, el deseo de ganar algo por mi cuenta me nublaba el juicio, no quería ser más aquel hombre débil, inseguro, mis puños se cerraron con fuerza en el suelo, mis sentidos se centraron únicamente en Ariel, mi cuerpo recibió una descarga de adrenalina, mi corazón latía sumamente rápido, entonces, de un salto me incorporo con el brazo extendido y los puños cerrados arremeto contra un desprevenido Ariel, logrando así devolviéndole el golpe que éste me había dado en la mejilla unos instantes atrás.

- ¡maldito infeliz! (le decía mientras me lanzaba por él golpeándolo en la cara).

Le acababa de dar un certero puñetazo (golpe) en la mejilla impulsando la fuerza de mi cuerpo contra el rostro de Ariel, esta maniobra casi lo hace caer al suelo, tuvo que dar tres o cuatros pasos veloces para atrás con la parte superior del cuerpo un poco inclinada tratando de mantener el equilibrio sin caer al suelo. Esto despertó una sensación de bienestar en mí, satisfacción, me sentía capaz de lograr cualquier cosa que me propusiera. Ariel se reincorpora irguiéndose nuevamente mientras limpiaba con su dedo pulgar la poca sangre que le salía de la comisura de sus labios.

- al menos sabes dar un buen golpe (decía Ariel mientras veía los restos de sangre de su dedo) ¡marica! (prosiguió sarcásticamente mientras adoptaba una postura de combate, en “guardia” con un marcado entusiasmo en el rostro). 


Todas las veces que habíamos jugado con Ariel a algún deporte de fuerza, de contacto o de lucha (juegos de dominación, típicos juegos de adolescentes) siempre ganaba él. Aparte de ser un año mayor, él poseía más fuerza, velocidad y destreza, siempre me ponía contra las cuerdas y me obligaba a rendirme. Tras mi rendición, siempre concluíamos haciéndonos cosquillas mutuamente hasta llorar de risa, literalmente hasta no poder más. Sin embargo, la situación actual era distinta, podía ver en sus ojos llamas, euforia, una particular sensación de satisfacción, ya no se trata de un simple juego de niños, esta vez es en serio, la lucha definitiva, esto podría cambiarlo todo.

- ¡cerrá el orto infeliz! (dije con ímpetu a la vez que también me ponía en “guardia
”) esto solo se resolverá de una manera. 
- ¡oh… si… si así lo quieres! (respondió él con una leve sonrisa).
- ¡DETENGANSE POR FAVOR…! (grita Vanesa desesperada).

Ninguno hizo caso a las supl
icas de Vanesa, entonces Ariel se acercó velozmente y lanzó algunos golpes al aire, yo me hacía para atrás moviéndome de un lado al otro, esquivando sus puñetazos, yo lance otros, los cuales él también esquivaba o bloqueaba con sus brazos. Ariel se acercaba, atacaba y luego retrocedía un paso, bloqueé uno de sus golpes, estaba extasiado, podía resistir y ver a través de sus movimientos, entonces, inmediatamente después de bloquea su puñetazo derecho, Ariel me golpea del otro lado con su puño izquierdo, no fue un golpe muy potente pero me hizo cuestionar de la solidez de mi defensa y la estrategia que estaba utilizando mi amigo.

En efecto, Ariel estaba probándome, analizando mis reacciones, viendo el alcance de sus golpes y mis reflejos. Entonces, en un momento dado él levanta su pierna derecha y me da una patada a la altura de mi cintura, el cual logré bloquear y retener, sin embargo esto era solo una distracción, y a continuación me ensarta un fuerte golpe en el rostro el cual apenas logré ver y me dejaría sangrando las encías. No obstante, en el último segundo logré aferrarme a su pierna, el cual había bloqueado un instante atrás y con esto pude desequilibrarlo tirándolo al piso, yo también caí. 

Él se incorporó rápidamente, yo tardé un poco más, su golpe me había dejado un poco mareado, sin embargo Ariel esperó a que me pusiera
de pie mientras abría y cerraba la mano con el cual me había golpeado.

- eres un tonto si crees que podrás vencerme (decía Ariel burlándose de mi mientras yo terminaba de erguirme) nunca lo has hecho... y nunca lo harás.
- aun no cantaría victoria (le digo mientras trato de centrarme, pienso que "si deseo ganar debo pasar al ataque, atacar en el momento justo, debo demostrarle que ya no soy aquel chico indefenso", entonces vuelvo a ponerme en posición de combate).
- ja… ¿crees que podrás conmigo? (dice Ariel, a la vez que también se pone en “guardia”, entonces prosigue) dime Santiago... hay algo que me he cuestionado ya hace algún tiempo, tenía mis dudas pero... ahora es evidente que a vos también te gustan…
- ¡CIERRA LA BOCA HIJO DE PUTA! (le grito interrumpiéndolo y lanzándome contra él). 



Me abalancé contra él con furia, con bronca, golpeándolo en la cara, fue un puñetazo limpio, directo y efectivo pese a que había actuado precipitadamente, sin pensarlo, dejándome llevar por las palabras de Ariel, por sus provocaciones e insinuaciones, en mi cabeza pensaba “¿Por qué dice esas cosas? Yo no soy gay, no puedo serlo, fue solo un hecho aislado, la mayoría de los heterosexuales en algún momento de sus vidas experimentan algo similar con algún amigo, no por eso tengo que ser gay” pensaba tratando de justificarme. No obstante, Ariel había previsto que si jugaba bien sus cartas y que si lograba que me precipitase en atacar descuidaría mi defensa y esto le daría cierta ventaja sobre mí. Él siempre había sido el más táctico del grupo, se le daba bien leer a las personas, sus acciones y reacciones. Al atacarlo movido por la desesperación, por el calor del momento, sin darme cuenta terminé descuidando mi defensa, entonces Ariel, quien se había dejado golpear a propósito (adrede) y, aún con mi puño en su cara, resistiendo, aguantando, éste se las ingenió logrando contraatacar eficazmente con un contundente y certero puñetazo en mi barbilla. 

Su último golpe había sido más que efectivo, logró su cometido, noquearme. Mi cuerpo se desplomó contra el suelo, había caído de costado, perdí el conocimiento unos pocos segundos. Al despertar no tenía el control de mi cuerpo, mis músculos se distendieron, relajaron, no tenía control sobre ellos, ni siquiera tuve noción del golpe, no sabía lo que estaba pasando, simplemente estaba tirado en el piso mirando al cielo con los brazos extendidos, recuperando la conciencia lentamente, en eso siento y veo que Ariel se sube encima mío, se coloca en cuclillas sobre mi abdomen, éste decía algo pero no podía oírlo, entenderlo, mi cabeza me daba vueltas, entonces, Ariel me da un cachetazo reactivando con esto mis memorias recientes y algunos recuerdos pasados aleatorios, entonces otro cachetazo me trae de nuevo a la realidad, recuperando completamente la conciencia y escuchando parte de lo que Ariel decía.

- … reacciona de una vez maldita seas… por qué... (decía Ariel con lágrimas en los ojos mientras se tomaba de la cabeza).


Continuará…
(Capítulo 8 – Vínculos: Confrontación, parte 2
(Índice de capítulos)

martes, 10 de julio de 2018

Capítulo 6 - Cruzando miradas

**Los hechos y o personajes aquí relatados son de ficción, cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia**


Al entrar a casa voy directa y rápidamente al baño, mi madre estaba preparando la cena con la ayuda de Karina (mi hermanita de 6 años), quien al escuchar y verme pasar salió rápidamente a mi encuentro pero yo me metí rápido al cuarto de baño y puse traba (cerré con llave) a la puerta antes que ella pudiera alcanzarme. Karina se quejó que no me pudo ver y abrazar, enseguida llegó mi madre y golpeando la puerta 2 veces dijo.


- Santi hijo ¿Está todo bien?
- sí, sólo quería tomar una ducha antes de ir a la cama (le dije desde adentro mientras dejaba correr el agua de la ducha).
- ¿tan temprano? ¿No piensas cenar? (pregunta ella sorprendida) hice berenjenas al horno con queso ¿seguro estas bien?
- ¡no, gracias ma! solo estoy algo cansado y no veo la hora de meterme a la cama (expuse yo).


Finalmente mi madre no dijo nada más y se llevó a Karina con ella, quizá sospechaba que algo no andaba bien, por eso vino a verificar la situación, ella sabe que a veces es mejor dejarme solo, necesito tiempo y espacio. El agua de la ducha aparte de limpiar mis heridas producto de la caída hacían además que éstas me ardan un poco al contacto. 

Ya en mi habitación, me pongo una remera suelta que uso de pijamas y un bóxer y me meto a la cama. La ducha hizo que me relajara un poco, mi cuerpo estaba distendido, podía sentir una especie de leve palpitar en mi rodilla lastimada, no dolía ni molestaba, simplemente era una sensación, como si estuviera latiendo. Cierro los ojos y recuerdo la situación vivida con Ariel, de cómo lo agarraba y lo atraía hacia mí, de cómo muertas frentes estaban unidas, de cómo nuestro labios estaban tan cerca y aun así no se pudieron fundir, mientras deslizaba mi mano por debajo de mi remera tocando mi zona abdominal. Entonces al percatarme de ello dejo de acariciarme, abro los ojos y en voz alta murmuro.


- ¿pero qué estás haciendo Santiago? (me digo a mi mismo agarrándome la cabeza).

Estuve en silencio mirando el techo con las manos debajo de mi cabeza, rememorando, pensando, cuestionándome si era gay, si lo que había hecho me convertía en homosexual. No hallaba respuestas a ninguna de mis interrogantes, era inútil seguir pensando en ellas y sin darme cuenta poco a poco me fui quedando dormido.

Algunos días después asisto a un partido de nuestro club (Club de los Andes) pero voy como un espectador más (en las gradas), estaba interesado en ver cómo le iba a mi equipo, pero lo que en verdad quería era ver a Ariel, por lo menos desde lejos, quería saber cómo estaba ya que desde aquel día no he vuelto a saber de él. Mi madre me había comentado hace dos días que Ariel se había cortado las manos pero que no era nada grave, que estaba bien. También me preguntó si estaba al corriente de eso y si pasaba algo entre nosotros, que no dudara en contarle cualquier cosa, ella siempre me apoyará sin importar nada, que cuando necesite ella siempre estará ahí, se lo agradecí mucho pero no le dije nada, seguramente ella percibía que algo me preocupaba. 

El sonido del silbato daba inicio al juego, el Club de los Andes versus (contra) el Club Merlo, era un partido amistoso, sin embargo ninguno de los dos clubes quería perder, era un duelo de barrios. Todos parecían tener un buen desempeño futbolístico, mis compañeros de equipo se desenvolvían como de costumbre, era un encuentro agradable de ver. En un momento Rubén (un compañero del club y a la vez amigo de Ariel y mío) quien se desenvolvía de defensor me ve en las gradas y levanta su mano (puño cerrado y pulgar arriba) saludándome, yo le devuelvo el saludo y en ese momento me di cuenta que Ariel también me había visto, él me miraba fijamente, yo le devolví la mirada y por más que aquello duró tan solo un segundo, pude notar en ellos ira, resentimiento, desprecio.
Entonces Ariel dejó de mirarme y siguió corriendo, buscando la pelota, sin embargo, algo en él cambió, toda su destreza, dominio y habilidad con la pelota había desaparecido, su título e insignia de capitán del equipo parecía quedarle sumamente grande, estaba disperso, a la vez que irritado y molesto por desempeñarse tan mal, probablemente verme allí le afectó, lo descolocó tanto física como mentalmente. 

No me había percatado de la presencia de Mónica (hermana de Rubén) en uno de los extremos de las gradas, posiblemente ella me estaba observando desde hace rato y yo no me percaté de ello. Sentía que no podía seguir allí, observando la frustración y desesperación de Ariel, de alguna forma su malestar también llegaba hasta mí, concluí que el haber asistido al juego había sido un error, no debí haberlo visto y mucho menos él a mí, entonces me levante de las gradas y al dirigirme hacia la salida me intercepta Mónica agarrándome del brazo a lo que me doy vuelta para ver quién es. 

- Sa… Santiago… ¿ya te vas? (pregunta ella tímidamente sacando su mano de mi brazo). 
- ¡Mónica! (respondo sorprendido) ¿Cómo estás? hace mucho que no te veía.
- bien gracias (responde ella mirando a otras direcciones evitando mirarme la cara) te vi y… te vi y quise preguntarte como estabas de tu rodilla (soltó ella velozmente luego de haber tomado una bocanada de aire).
- ah estoy bien, pronto podré volver al equipo (le respondo sonriendo, al parecer Mónica sentía vergüenza, entonces continué) discúlpame Moni pero me estaba yendo.
- Ah bueno (dijo poniéndose algo triste) em... me preguntaba si... (decía ella a la vez que con su dedo jugaba con un mechón de su cabello) ¿querrías ir a tomar algo conmigo a algún lugar?... es que tengo la garganta un poco seca ¿quieres? (preguntó ella ruborizándose y agachando la cabeza). 


En ese momento recordé las palabras de Ariel “creo que Mónica, la hermana de Rubén está muerta con vos, tenes que avanzar ahí” entonces, instintivamente la agarro suavemente de su delicado mentón y le hago levantar la cabeza haciendo que me mire con sus cálidos, acuosos y profundos ojos azules (no me había percatado de ello hasta ahora) contrastando perfectamente bien con su tono de piel blanquecina. 

- ¡claro!, me encantaría acompañarte (dije naturalmente con una voz seductora)… ¿vamos? (le pregunté mientras le soltaba del mentón y le tendía mi mano). 

Mi actuar fue de lo más natural, instintivamente, no lo planeé. Ella se sonrojó aún más y luego de un segundo agarra mi mano tierna y suavemente. Entonces fuimos con Mónica tomados de la mano hasta un puesto de venta ambulante, al llegar allí ella me suelta la mano pudorosamente, quizá le dio vergüenza que nos vean así. Compramos dos jugos de naranja exprimidos, los cuales obviamente pagué yo y nos sentamos a conversar tendida y plácidamente como dos viejos amigos en un banco (asiento) libre al costado de la cancha sin prestar demasiada atención al juego o a los típicos sonidos producidos por este lugar.


Realmente disfruté mucho de su compañía, fue muy agradable conversar con ella, no paraba de reír con ella, de su simpatía, de su espontaneidad y de sus elocuencias. Ciertamente en todo ese rato con Mónica logre olvidar por completo a Ariel, incluso dejé de percibir el mundo que nos rodeaba, ella ocupaba toda mi atención, con su luz hizo que la culpa, la tristeza y el malestar que Ariel había producido en mi corazón desaparecieran. 

Ninguno de los dos se había percatado que la disputa (el juego) ya había terminado, aun con un gran caudal de personas que pasaban alrededor nuestro, no nos dimos cuenta, hasta que siento como una mano presiona mi hombro. 

- ¿Qué hacen ustedes dos acá? (dice Rubén muy serio y enojado). 

Entonces veo como la cara de Mónica se vuelve blanco del susto y la vergüenza, entonces yo me levanto seriamente me pongo frente a él y le digo. 

- solo conversábamos ¿acaso está prohibido hablar con tu hermana?
- cuidado con el tono que estas usando (dice Rubén advirtiéndome). 


Nos miramos fijamente levantando nuestras cabeza y sacando pecho como si fuéramos gallos (ave domestica) a punto de empezar una riña (pelea/duelo), y… a los segundos nos empezamos a reír y saludar con Rubén, solo estábamos actuando, fingiendo, Mónica nos miraba sin entender nada porque ella creyó realmente que estábamos a punto de pelear. 

- ¿Cómo estas amigo? (le digo mientras estrechaba su mano y chocábamos hombros) ¿seguís en la obra con tu padre? Alto brazo estas sacando (le dije apretándole su bíceps).
- dios… son unos idiotas (dijo Mónica suspirando aliviada) ¡hombres…! (rezongó). 


Yo la miré, le sonreí y me encogí de hombros como si le estuviera diciendo “paciencia, es lo que hay, es lo que somos, muy básicos”. 

- si estoy a full laburando con mi viejo, le doy una mano y de paso hago un poco de plata (dice Rubén rápidamente sin darle mucha importancia al comentario de Mónica) Che Santi… ¿cuándo te reincorporas al equipo? (me pregunta él). 
- aun no lo sé, supongo que pronto.
- Esperemos… porque tu amigo parece que te extraña (decía Rubén sarcásticamente refiriéndose a Ariel) está jugando cada vez peor, hoy no pudo concretar ni un solo pase y el entrenador lo sacó y lo mando a las duchas en el segundo tiempo.
- ¡no! ¿En serio lo sacó? ¿Al capitán? (le pregunto sorprendido y pensativo, nuevamente pensé que Ariel estaba así por mi culpa, “debo irme” concluí en mi mente).
- ¡si…! (dice Rubén y luego continua reflexivo) No debe de estar pasando un buen momento familiar, ¿has escuchado lo que dicen las malas lenguas acerca de su padre? debe ser terrible tener…
- ¡espera! (lo freno) no digas más, no hay que andar repitiendo esas cosas, nosotros menos que menos, somos su amigo, nos necesita, necesita todo nue… nuestro apoyo (le digo un poco dubitativo en la ultima parte).
- tienes razón (me dice Rubén tocándome el brazo) uh… estoy hecho un asco (prosigue él sacudiendo un poco su remera, su hedor, sudor y transpiración eran más que evidentes) me voy a las duchas, vamos (me dice Rubén) vamos al vestuario seguro los muchachos también querrán verte, hace semanas que no venís por estos lares/lugares. 


Estaba dudando, lo más probable es que también me encuentre con Ariel en el vestuario, no quería causar más inconvenientes, aumentarle el disgusto. Rubén le daba indicaciones a Mónica para que le espere en “x” lugar. Entonces Mónica se despide de mi extendiendo su mano un poco inhibida por la presencia de su hermano, fue una despedida algo extraña y forzada ya ninguno de los dos queríamos separarnos. 


Rápidamente llegamos al vestuario, no quería forzar un encuentro cara a cara con Ariel, sin embargo lo primero que hice al entrar fue mirar hacia su casillero, mi corazón latía muy rápido, lo veo, estaba allí, sentado sobre la banca únicamente con una bermuda de jean, poniéndose las medias. E inmediatamente ocurrió lo que me temía, al mirarlo Ariel también me miró, de nuevo hicimos contacto visual, entonces él hizo un leve ruido similar a un suspiro a la vez que negaba con la cabeza y volvió a mirar nuevamente a sus pies terminando de calzarse. 

Ese gesto, esa reacción lo dijo todo, no hizo falta nada más, quería desaparecer, salir corriendo una vez más, pero varios de mis compañeros de equipo vinieron a saludarme y hablarme haciendo una ronda alrededor mío mientras Ariel, quien se mostraba frio, distante e indiferente guardaba sus pertenencias en un bolso. Yo traté de no sucumbir ante Ariel o ante mis compañeros y sostuve mi “alegría falsa”. Entonces escucho a Rubén decir: 

- ¡eh amigo, cambia esa cara! No murió nadie, fue solo un juego, no te calentes, el próximo ganaremos (le decía Rubén a Ariel lanzándole sus medias sucias). 
- sí, tranquilo, un mal día lo puede tener cualquiera (dijo uno de los defensores).
- sí, no te calentes (gritó otro de los compañeros). 

- gracias compañeros (dijo Ariel mientras secaba sus ojos humedecidos) para el próximo no los decepcionaré, lo prometo (continuó a la vez que agarraba su mochila y se dirigía hacia la salida). 


La primer tanda de compañeros ya había salido de las duchas, por lo cual, los que me estaban rodeando se encaminaron hacia el cuarto de baños, entonces intenté salir rápidamente antes de que otros compañeros vengan a saludarme y al dar un paso hacia atrás y al dar la vuelta velozmente, terminé inevitablemente chocando de frente con Ariel, quien justo pasaba detrás mío intentando marcharse. Al chocar con Ariel éste por un segundo cierra los ojos, presiona sus diente y labios como si se estuviera lamentando y/o conteniendo. Él me mira fastidioso, yo no supe que hacer o decir, estábamos enfrentados, cara a cara, frente a frente, cualquier cosa podría ocurrir.


Continuará…
(Capítulo 7 – Lucha)

(Índice de capítulos)

martes, 3 de julio de 2018

(02) Eva y Levi

( Continuación de (01) Adam y Eva

Yo tenía alrededor de 20 años cuando le confesé a Eva (mi actual esposa) que me gustaban los hombres y que ya había experimentado el sexo con uno (Adam) producto de mi sospecha (que ella sentía amor hacia mi) entonces decidí contarle mi secreto para que así se “des-enamore” de mí y para que no me vea como un posible candidato a novio/pareja/marido. Naturalmente ella se alejó de mí, por un tiempo. 

Corría el año 2009 (yo tenía 19 años) y hacía pocos meses había egresado de la escuela secundaria. Siempre fui muy cerrado, apático, introvertido, poco sociable, poco conversador, para nada demostrativo, siempre con una actitud seria en el rostro y muy conservador en todo lo referido hacia mí. Lógicamente no tenía muchos amigos, y los que tenían eran amigos de paso, de transición (compañeros de clases y vecinos) era un chico muy solitario, vivía en una burbuja.

Ese año comencé a estudiar una carrera corta
(3 años) por la tarde/noche y es entonces que conozco a Félix (él es 3 años mayor, heterosexual) teníamos algunas materias en común y además daba la casualidad que vivíamos a una cuadra de distancia. Empezamos a tener cierto vinculo, siempre que coincidíamos emprendíamos el regreso a casa juntos, conversando de cualquier cosa, riéndonos, y así, poco a poco fue convirtiéndose en mi amigo (fue él quien tiempo después me introdujo en su grupo de amigos, entre los cuales estaban Eva y Leví) y más tarde en mi confidente. 


En ese tiempo tenia las hormonas exaltadas (propio de la edad), el sexo me daba mucha curiosidad, quería experimentarlo, vivirlo, consumía mucha pornografía a través de internet (videos de sexo tanto hetero como homo, pasado un tiempo ya solo veía el porno gay) y por consiguiente me mataba (excesivamente) a pajas (masturbación) con un record de 8 o 9 acabadas (eyaculaciones) en un par de horas, era un vicioso, un enfermo, esos videos me volvían loco (aun lo hacen jeje). Seguía siendo virgen, entonces empecé a buscar información referida al sexo gay, comencé a entrar a páginas/salas de chats gay, así estuve varios meses hasta que di con Adam y empezamos a interactuar vía internet, me refugiaba y ocultaba a través de internet, pues aún no estaba seguro de mis preferencias sexuales y tampoco me animaba a dar ese gran paso, aun no me sentía listo, ni preparado para enfrentarme a un gay cara a cara (no conocía a nadie que fuera homosexual, jamás había tenido ningún contacto u conversación con ninguna persona de ese habiente, o por lo menos eso creía yo).

Conocí primeramente a Leví (
junto a otros amigos de Félix) antes que a Eva (con pocas semanas de diferencia), él en un principio no me caía para nada bien, no me daba buena espina (confianza) su personalidad contrataba mucho con la mía, era el típico pibe (muchacho) extrovertido, alegre, creído, machito, de barrio, etc. (o eso creía yo) aun así Leví tenía algo que me atraía inconscientemente, algo hacia que cada tanto posara la vista sobre él. Poco a poco comencé a tratarlo más, a conocerlo, a verlo con otros ojos (al mismo tiempo que iba conociendo y tratando a Eva). Comprendí que Levi era así (fuerte emocionalmente, rudo, no tenía reparos en ensuciarse las manos o irse a las piñas/golpes/peleas por algo o alguien) por el tipo de vida que tuvo que llevar y soportar anteriormente, incluso me contó (tiempo después) que llegó a vivir en la calle un tiempo, su padre no sé si está vivo o muerte, nunca me lo mencionó, por otra parte su madre parece que no se hizo cargo de él (o quizá no supo cómo lidiar con un hijo problemático, no lo sé, solo me contó parte de su historia, su versión de los hechos)

Luego de algún tiempo, ya en 2010 (después de haber tenido mi primera vez -sexo- con Adam y con otros hombres) me di cuenta que Leví me gustaba física y sentimentalmente, que no había algo en específico que me atraía de él, sino que todo de él me gustaba, me fascinaba… pero era imposible, impensable, así que me resigné a verlo simplemente como amigo aunque por dentro me moría de ganas por tocarlo, abrazarlo, besarlo.

Varios meses después de no vernos
(5 o 6 meses) Eva me escribe diciendo si podíamos vernos, cosa que acepte. Conversamos cara a cara de todo un poco, de la familia, estudio, trabajo, cosas de la vida, etc. Me contó que en su trabajo ingreso un nuevo muchacho, pese a que está en otro turno le cayó muy bien, que era muy lindo, simpático, dulce, atento y que están empezando a verse con él fuera del trabajo (antes compartían un momento solo en el cambio de turno) entonces Eva me dice que siente cosas por este muchacho y además ella me dice que supone se está enamorando de él y que en su última salida (cine y cena) se estuvieron besando. 


Yo, que no hacia otra cosa más que escucharla hablar sobre ese muchacho, me sentía algo extraño, es raro que Eva me esté hablando de este joven así como si nada (no le di mayor importancia a esto), por otra parte, me sentía un poco feliz y aliviado, feliz por ella pues todo parece indicar que encontró a alguien a quien amar, y aliviado porque ya no estaría (o no debería estarlo) interesada sentimental y románticamente en mí, me quitaba un gran peso de encima, por fin se fijaba en alguien que aparentemente podría corresponderla, pues yo jamás podría corresponder a su amor, pensaba… Entonces la alenté a seguir adelante, a que si de verdad ese chico le gustaba que siguiera adelante, que busque su felicidad… Eva sin dejar de observarme (¿buscando mi aprobación?) dice que si, que seguirá y verá hasta donde llegan con este muchacho, pues le gustaba mucho.

Algunos meses después, entrando al último trimestre del año 2010 volvemos a encontrarnos con Eva y entonces ella me dice:

- ¡Tuve sexo con él!
(cuenta Eva con un poco de pudor y a la vez súper contenta) ¡fue increíble!


Continuará en - (03) Sin título aun -

miércoles, 27 de junio de 2018

Capítulo 5 - Amigo: La sombra del pasado, parte 2

Capítulo 5 - Amigo: La sombra del pasado, parte 2

**Los hechos y o personajes aquí relatados son de ficción, cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia**


Hace casi un mes que Ariel venía a nuestra casa para realizar el trabajo practico (maqueta del sistema solar más un informe de esta) el cual debía ser presentado la próxima semana. Ariel pese a ser popular dentro del colegio y destacar en deportes también es muy aplicado en el estudio. En ocasiones la madre de Ariel (ella es enfermera y desempeña su función en un hospital público de la zona) venía con él y se quedaba con mi madre en la cocina interactuando, conversando, a la vez que tomaban algún café, té o mates (infusión a base de yerba mate, consumida tradicionalmente en varios países de América del sur) mientras nosotros hacíamos nuestro proyecto en la sala de estudio.

Veía la humedad que había dejado su lagrima en su mejilla… estábamos solos allí… de pie… inmóviles… el tiempo parecía haberse detenido… la nostalgia se reflejaba en tus ojos… mis ojos no pudieron contener las lágrimas, sentía que todo me daba vueltas… mi cuerpo no dejaba de temblar, temblaba de emoción y a la vez miedo… vos en cambio, estabas radiante, se te veía feliz, en paz… tu rostro dibujaba una perfecta y entrañable sonrisa…


- ¡NOOO…! (grito enérgico y me llevo las manos a la cara, tapándome los ojos y continuo) ¡no eres real…!
- Santiago… (Dice él).

Entonces siento posar sobre mis hombros tus cálidas manos, en ese instante el temblor de mi cuerpo desaparece repentinamente, el mundo dejo de dar vueltas alrededor mío, algo en mi interior cambió, la paz inundó mi ser. Él con sus manos despeja mi rostro con ternura y acaba tomándome ambas manos, entonces lentamente abro los ojos contemplándolo plenamente.

Lo tenía justo en frente, él me miraba con una tenue sonrisa, Matías, mi hermano, era él, su apariencia, su voz, su aura, su esencia, pero… ¿era él realmente? ¿O una vez más mi mente me estaba jugando un truco? Podía sentir la calidez de sus manos a través de las mías, sentía su olor, su respiración, mi alegría era tanta que no dude en abrazarlo, al fin podía abrazarlo nuevamente, sin dejar de abrazarlo baje mi cabeza a la altura de su pecho esperando sentir algo, pude oír y sentir el palpitar de su corazón, entonces lloré desconsolado. Luego de un rato y tras calmarme un poco Matías me dice.

- ¿Ya estas más calmado? Hermano (decía Matías sin dejar de abrazarme).
- Hermanito, no sabes lo mucho que te extrañé, cuantas veces te soñé, cuanto deseé volver a verte, abrazarte y nunca más dejarte ir (le decía mientras lo abrazaba muy fuerte).
- Santi… (Decía él mientras acariciaba suavemente mi cabello) lo sé, se perfectamente lo que sientes, lo que sufres por esas heridas en tu interior, la culpa te está consumiendo (me agarra de los antebrazos y me separa con agilidad y suavidad puesto que no quería soltarlo, me mira y me sonríe como muchas veces lo había hecho en vida) debes superar mi partida, cambiar de actitud y sé feliz.
- No, no quiero, no puedo, no puedo vivir sin vos, me haces mucha falta (le digo y le vuelvo a abrazar lo más fuerte que puedo).
- Santi (decía Matías mientras se liberaba de mi abrazo con relativa facilidad) ¡escúchame hermano! (poniéndose serio) no puedes seguir así, castigándote, tenes que seguir adelante, aferrarte a los vivos, debes dejarme ir y… (Extiende su mano derecha y la coloca sobre mi pecho, sobre mi corazón) debes perdonarte, volver a llenar ese vacío que dejé en tu corazón.
- ¡NO!, no puedo, no me lo perdonaré nunca, yo te maté, por mi culpa estas muerto, no debí llamarte marica ni incitarte a subir al árbol por la pelota… lo siento ¡perdóname! (le digo dejándome caer al piso de rodillas y rompiendo a llorar, entonces continuo) ¡debí haber subido yo, el que debía de haber…!
- Detente (me interrumpe Matías poniéndose de arrodilla conmigo y tapando mi boca con una de sus manos) ¿aún no lo entiendes? Sos y serás siempre mi hermano, no importa lo que pase o que tan lejos estemos, siempre te llevo aquí (agarra mi mano y lo lleva a su pecho con determinación y firmeza) en mi corazón, además el perdón es amor, vos te mereces amar y ser amado, libérate del dolor, sos una gran persona, un buen hijo, buen amigo, y sobre todo un buen hermano, mereces ser feliz… yo no tengo nada que perdonarte Santi, te amo muchísimo hermano, si tuviera que volver a dar la vida por vos lo volvería a hacer con gusto.
- pero no es justo ¿por qué tuvo que ser así? ¿Por qué vos? (pregunte obstinado).
- son los designios de la vida, no es culpa tuya, un día estamos y al otro no, por eso debes ser feliz hoy, haz las paces contigo mismo, apóyate en las personas que te rodean para seguir adelante, recuerda que el perdón es amor, eres digno de él, mereces ese perdón, la libertad que anhela tu corazón está en el perdón y la aceptación.

Yo simplemente contemplaba a Matías, no entendía por completo mucho de lo que este me decía, sin embargo era feliz de nuevo vibraba de emoción, fuese o no real, yo estaba realmente feliz, feliz de verlo, de sentirlo, de abrazarlo, estar con él como cuando éramos más niños, le sonreí, se sentía tan bien hacerlo.

Matías ahora también me contemplaba en silencio, me acaricia la mejilla un instante, luego me aprieta esta zona con su dedo pulgar e índice, así como generalmente se lo hacía yo a él, empezamos a reírnos de la nada uno atrás del otro, seguimos con ese jueguito unas veces más, nos volvemos a abrazar por unos instantes y entonces interrumpe diciendo.

- ¿sabes que te quiero mucho, verdad? Agradezco haber tenido un hermano extraordinario como vos, vivimos grandes momentos juntos, tuve una vida magnifica… (Decía Matías mientras yo dejaba de abrazarlo y lo miraba algo triste, pues intuía algo) entonces… esta es nuestra despedida Santi, aquella que en vida no pudimos tener.
- ¿Qué? No, no me dejes, no otra vez… por favor, te lo ruego… no lo soportaré una segunda vez.
- No estás solo, estoy siempre presente, en una flor, en el aire que respiras, en todas partes, también entre tus familiares y amigos, en cada una de las personas que te quieren, ahí estaré yo (me decía Matías mientras me agarraba de la cabeza y me da un beso en la frente y continua) te quiero hermano… adiós Santiago, ya no volveré.
- ¡NOO HERMANO ESPE...!

Grité desconsolado, sin embargo me detuve, empecé a notar como Matías comenzaba a desintegrarse desde el lado izquierdo en forma de vapor con un leve tono blanquecino y al cabo de unos sendos se había desvanecido por completo en mis brazos, una lagrima cayo de mi mejilla al piso, justo en ese instante vuelvo a la realidad en un pestañeo. Ahí estaba Ariel de pie guardando un cuaderno en la mochila, entonces dice.

- Adiós Santiago… (Dice Ariel resignado cerrando el cierre de su mochila) ya no volveré.

Al oír eso de parte de Ariel me levanto rápidamente de la silla sorprendido, esa fueron las últimas palabras de Matías, exactamente esas, entonces recuerdo algo que me había dicho antes Ariel “siento que te quiero, que te conozco de antes y no sé por qué…” y seguidamente viene a mi mente las palabras de Matías “…entre tus familiares y amigos, en cada una de las personas que te quieren, ahí estaré yo…” confundido lo único que hago es gritar con todas mis fuerzas.

- ¡AHHHHHH…! (mientras me agarro de los cabellos) ¡NOOOOO…! (grito nuevamente y luego doy un golpe de puño a la mesa)

Me quedo apoyando y sosteniendo mi cuerpo con mis puños sobre la mesa mientras se normaliza mi respiración. Ariel quedo atónito, con la mano en el picaporte y la puerta semi-abierta, entonces yo levanto la cabeza, lo miro y le digo.

- no te vaya… por favor… ayúdame… no me dejes (mi cuerpo empieza a temblar y a llorar, las lágrimas caen sobre las hojas de mi cuaderno manchándolas) por favor… (le supliqué).



En ese momento Ariel se deshace rápidamente de la mochila que tenia en su espalda dejándola caer al suelo, rápidamente se acerca hacia mí y me abraza fuerte. En esos momentos ingresaron mi madre y la madre de Ariel a la sala de estudios, mis gritos las hicieron venir a ver rápidamente y al ver la situación y oír parte de mis suplicas, la madre de Ariel detiene a mi madre del brazo antes de que ella pueda llegar a mí, la hace retroceder mientras con la cabeza le hace un ademán (gesto) de “no” y luego en voz baja le dice “espera, observa” (posiblemente, ella por su trabajo está acostumbrada a lidiar y tratar con los traumas y/o perdidas de sus pacientes y familiares) mi madre hace caso tapándose la boca con ambas manos llorando en silencio viendo la situación.

Mi madre le había contado a Ariel y su madre que estaba deprimido por la muerte de Matías, y que el trabajo práctico en conjunto (la maqueta y el informe) debían hacerse únicamente en nuestra casa por ese motivo. También le dijo a Ariel que me tenga un poco de paciencia, puesto que lidiar conmigo podría no ser sencillo. Ellos entendieron y aceptaron, hasta ofrecieron su ayuda para lo que necesitáramos.

- tranquilo, aquí estoy (me decía Ariel mientras me acariciaba en la espalda y la cabeza).
- ¡no quiero seguir así…! (le decía a Ariel sin dejar de llorar ni temblar) Ariel… (Le digo mientras lo miro a la cara) quiero ser fuerte, no quiero seguir cargando con este dolor en el pecho, ya no quiero llorar… ayúdame… ¿quieres ser mi amigo?
- Claro que si Santi, siempre te vi como un amigo (me dice Ariel y pone su frente con la mía) incluso podrías convertirte en un hermano para mí.
- no estás solo hijo, yo siempre estaremos para vos, pase lo que pase (acotó mi madre). 


Yo les sonrío, cierro mis ojos sobre los hombros de Ariel y suspiro aliviado, un gran peso se liberaba de mi espalda, finalmente aceptaba las cosas como eran, liberándome de las cadenas que me ataban al pasado, mi cuerpo no dejaba de temblar, entonces siento otro abrazo, era mi madre, estaba abrazándonos (a Ariel y a mi) con lágrimas en los ojos a la vez que me besaba por toda la cara.

- ya ma… (Le decía a mi madre en un estado de relajación pura, ya casi no temblaba, sin embargo la cabeza empezaba a darme vueltas) estoy bien, deja de darme tantos besos.

No sé cómo ni cuándo Ariel se liberó de los abrazos, pero yo me sentía cada vez más exhausto, con sueño, el cambio me había provocado una gran fatiga.

- te amo tanto hijo (decía ella emocionada)
- Me siento cansado (dije) tengo… mucho… sueño… (Apenas logre terminar la frase, mis parpados me pesaban, me estaba quedando dormido).
- Santi… Santi… (decía mi madre mientras yo perdía el conocimiento).

Dos horas después despierto en mi cama, me incorporo, estoy algo confundido, tenía un leve dolor de cabeza, me cuestiono si todo fue real, entonces entra Karina (mi hermanita) corriendo torpe y lentamente a mi habitación, ella corrió a mis brazos, yo la abrace y levante a mi cama, mi actitud había cambiado, no sentía la necesidad de ser frio o distante. Desde la puerta escucho a mi madre preguntar

- ¿Cómo te sientes hijo?
- bien, creo… ¿Qué pasó? (pregunté)
- te desmayaste, tu cuerpo no aguantó el estrés y la carga emocional que liberaste hoy, pero no te preocupes, la madre de Ariel dijo que eso era normal.



Yo simplemente le sonrió, en eso escuchamos que llegaba mi padre del nuevo trabajo, mi madre fue a recibirlo y Karina se quedó conmigo, jugando con algunos de mis peluches. Al mirar hacia la mesita de luz (mesa de noche) veo sobre ella un papel, comienzo a leerlo y se forma una sonrisa en mi rostro, luego lo doblo al medio, me levanto, voy hacia mi pequeña biblioteca (librero) saco el libro favorito de Matías (“El principito”, autor: Antoine de Saint-Exupéry) y entre medio de sus páginas guardo esa nota, coloco el libro nuevamente en su lugar y vuelvo a la cama para jugar con mi pequeña hermana.

Mis piernas me pesaban, avanzaba muy lentamente, los mosquitos me sobrevolaban, zumbaban en mis oídos, no podía más, estaba agitado, me costaba respirar con normalidad, me detengo, me agacho sosteniéndome de mis rodillas tratando de recuperar el aliento. Era una noche tranquila, despejada, entonces comenzó a oírse algunos estruendos, bombas, petardos, el cielo estrellado se iluminaba con los fuegos artificiales a la vez que se oían los festejos de grandes y chicos provenientes de sus hogares, el súper clásico (partido de futbol) había terminado ¿quién habrá sido el ganador? Cierro mis ojos tratando de no pensar en nada, mi mente rápidamente comienza a quedar en blanco, todos esos ensordecedores sonidos se van apagando y en la blancura de mi mente se va formando algo, una figura, humana, Matías, después de varios años volvía a aparecer su figura, estaba sonriéndome. Entonces abro los ojos de golpe, inhalo y exhalo profundamente un par de veces tratando de normalizar mi respiración, doy unos golpes a mis piernas por encima de las rodillas a ver si éstas reaccionan, me coloco en posición como si fuera a empezar una carrera... miro el horizonte con una actitud desafiante, respiro profundo una vez más.

- nunca más... (Quedándome en esa posición por unos instantes, expectante, listo para correr)

Se oye un gran estallido, aquello era la señal, entonces salí a toda prisa, comencé a correr, lo hacía lento, mis piernas seguían entumecidas, mi cuerpo se sentía pesado, entonces tropiezo y caigo de lleno al suelo resbalándome unos metros sobre la calle de tierra raspándome algunas partes del cuerpo.

- ¡MIERDA…! (grito desde el suelo) no volveré a caer… (Decía mientras me levantaba del suelo).

Vuelvo a colocarme en posición, tenía restos de arena pegados al cuerpo, los mosquitos volvían a alimentarse de mí, de nuevo me puse en marcha y con un gran grito de “¡AHHHH...!” comienzo a ganar velocidad, cada vez iba más rápido. La presión y velocidad hacia que tanto los mosquitos como la arena que traía en el torso desnudo hicieron que se quedaran atrás, En ese momento lo único que quería era correr, no me importaba nada, ni siquiera la negativa del médico para realizar aquella práctica, mi rodilla parecía responder favorablemente, corrí y corrí hasta perderme en el horizonte, me sentía libre...



Continuará…

(Capítulo 6 – Cruzando miradas)
(Índice de capítulos)

lunes, 18 de junio de 2018

En público


Ayer, mientras volvía a mi hogar vi una “situación” que llamo mi atención en el colectivo al cual había subido segundos antes.

Al fondo se encontraban sentados dos muchachos (el más alto de 22 años y el otro de 20 aproximadamente), aparentemente amigos.

Lo que me extrañó e hizo que volteé a mirarlos fue porque ambos estaban dormidos, el pibe (muchacho/joven) de 20 años tenía su cabeza apoyada en el hombro del amigo de 22, y éste a su vez, apoyaba su cabeza contra la cabeza de su amigo de 20 años (ver imagen 1 a modo de ilustración).

Esa escena sacudió mi ser, me dejó en offside (fuera de juego), despistado, con un leve shock. Pero ¿por qué me afectó? Si es cada vez más común encontrarte con este tipo de demostración de afecto de las personas homosexuales (gays y lesbianas) desde abrazos, tomarse de las manos o incluso besándose en los espacios públicos y privados (calles, transportes, bares, etc.) todo en mayor medida desde que hace un par de años (2010) se aprobara y legislara el matrimonio igualitario en Argentina (para personas del mismo sexo).

No podía dejar de verlos… los miraba casi sin disimulo, por momentos la bronca me invadía (quería acercarme al joven de 20, agarrarlo del cuello o de la remera, levantarlo del asiento y darle un buen golpe en la mejilla tirándolo al piso, por puto, por puto recibía ese puñetazo… pero yo no soy así, yo soy un pacifista, aun así ese pensamiento y sentimiento pasó por mi cabeza en ese momento) y en otros momentos la ternura, melancolía y deseo.

Razones, razón por la cual me invadió la bronca, ira, fue principalmente porque yo no podré estar nunca más en su situación/posición, por lo menos no abierta ni públicamente, lo cual me enfurecía, deseaba volver a experimentar eso, abrazar y que me abrace otro hombre, caminar tomados de las manos en cualquier momento y lugar, besarnos libremente sin ocultarnos, entre otras situaciones, no solamente para sexo, algo más, algo mas allá, afecto, cariño, comprensión, amor.

Luego, rápidamente me irrumpió la ternura y la melancolía, tal escena me parecía sublime, bella de observar, el muchacho de 20 parecía estar contento por realizar aquella hazaña (suposición mía, pues este muchacho tenía algo que me hacía verlo como gay, mientras que el otro joven no parecía para nada gay, por lo cual, lograr dormirse en su hombro lo considero una hazaña… también soy consciente de que las apariencias pueden engañar)
En esos momentos recordé una situación similar que viví con Caín (primer y único novio, el cual tiene algunas entradas en su honor en este blog) viajamos a Rosario, Santa Fe (unas cuantas horas en ómnibus) solos por unos días, en los cuales convivimos el uno con el otro, compartiendo todo, solos nosotros, una experiencia muy buena, hasta parecía que esa experiencia había hecho que me “enamore” más de él (por lo menos en ese entonces creía eso), llegando al punto que en el viaje de regreso, en el ómnibus estuvimos besándonos, acariciándonos, tomándonos de las manos, apoyando mi cabeza en su hombro y durmiendo sobre ella en alguna parte del camino (raro en mí, ya que en ese entonces no me gustaba hacer ninguna demostración de afecto en público, menos si es a alguien de mi mismo sexo, hoy en día tampoco, por obvias razones, la vida que elegí vivir me “prohíbe” hacer cosas homosexuales)
Hoy en día y con los encuentros clandestinos que tengo, la verdad, no me es suficiente; Me siento pleno, excelente en ese momento (mientras dura el sexo), pero luego… necesito más, algo más. Por eso continuamente y cada vez que puedo organizo algún encuentro sexual con alguien, pero es solo eso, sexo.

Pronto comencé a sentir deseo, incluso envidia, deseaba estar en el lugar del muchacho de 20, por un momento me vi reflejado en él, recostando mi cabeza sobre el hombro del joven de 22, sentir su calor, su olor, su piel, poder tocarle y acariciarle con mis manos las mejillas, sus labios, incluso besándolo tiernamente. Éste joven me parecía muy lindo, alto, atractivo, varonil, sin rasgos ni actitudes femeninas, cualidades que adoro de un hombre (sin importar el rol que desempeñen en la cama, tienen que ser, parecer, actuar y verse como hombre, ese sería mi ideal de hombre ¿pido demasiado?)

Eventualmente estos jóvenes despertaron un rato antes de que me tocara bajar del colectivo y se incorporaron correctamente en sus asientos, parecían dos jóvenes normales, amigos, de a momentos conversaban, en otros momentos no, miraban sus celulares o miraban por la ventana (la interacción y/o conversación de dos hombres no es la misma que la de dos mujeres)
Llegó el momento de bajar, por lo cual me fui a la puerta trasera (de descenso del pasaje) quedando frente a ellos, el joven de 22, el que más me atraía, ni me registró (casi ni se percató de mi presencia) sin embargo el de 20 (el que me pareció gay desde un principio) me hizo un escaneo completo de “rayos X” (me miro de pies a cabezas) poniendo mayor énfasis (atención) en mi zona genital (mi bulto/paquete) y mi rostro… lo cual me confirmó que efectivamente por lo menos él era homosexual (dentro o fuera del closet, reprimido o no) hasta incluso podría ser bisexual. Yo bajé y ellos siguieron viaje.

¿Es tanta mi necesidad de afecto? 
¿Estará relacionado con mi niñez y con la falta de afecto paterno?
¿Está tanta mi homosexualidad latente que una pequeña “situación” me hace tambalear?